Sucesos del fallecido tras la tumba y las colonias espirituales

Llegada la hora de la tarde, se acercaban al lugar de encuentro los familiares y conocidos, algunos con verdaderos afectos de dolor, la mayoría por compromiso. La puerta del edificio nos recibe con su majestuoso TANARIO, tan gélido para el ánimo y duro para el sentimiento. Nada más entrar las primeras caras conocidas: “le acompaño en el sentimiento”, “le doy el pésame”. Cuando en realidad lo triste de la situación desconcierta al visitante.

Al llegar a la sala mortuoria, el dolor se acrecienta, y la solemnidad del momento se refleja en las caras desencajadas de los que verdaderamente amaron al fallecido.

Delante del cristal que muestra el féretro se divisa al difunto en su caja, que más parece una crisálida que vaya a volar. En derredor, se comentan las últimas horas de la agonía, en los círculos más próximos, y se ve a lo lejos al difunto en espíritu vagando de un lado para otro de la sala sin terminar de comprender qué hace ahí. Se siente feliz en los grupillos donde hablan bien de él, y se indigna de las afrentas que le dedican las personas que no le fueron tan afines.

El médium vidente, si es espírita, sabe lo que está ocurriendo, más como el espiritismo es una doctrina de estudio, y la mediumnidad una facultad natural, los hay que ven el suceso y creen estar soñando, ya que su desconocimiento del tema les causa sorpresa. ¿Cómo es que está ahí el difunto? ¿No está difunto pues?

La mirada se posa en el espectro, y éste de súbito sintiendo nuestra mirada, nos ve. Temblor en quien desconoce el espiritismo, horror y superchería en su imaginación que huye de ese encuentro, en el espiritista instruido, amor y compasión hacia el que acaba de abandonar nuestro plano, y una oración desde lo hondo del corazón es dirigida hacia su persona, porque el impulso mental que de la oración emana es como onda energética que balsamiza y reconforta al confundido difunto, que ignora qué le sucede.

Varios espíritus amigos, familiares, protectores que velaban por él desde el plano espiritual mientras estaba en su cuerpo orgánico, se le pueden hacer visibles en ese momento de oración sincera, y es este el trabajo fundamental que realizamos en los centros espiritistas, la orientación y esclarecimiento a las personas que dejaron este plano inconscientes y perturbados ante la grandeza que la vida inmortal nos ofrece. Un estremecimiento se apodera entonces de su ser, y en un arrobamiento en su conciencia, se les muestra patente la magnitud del asunto, en la cara, en el gesto, de ese espíritu familiar y amigo, que le conduce hacia la morada espiritual, donde habitan el resto de amigos y familiares que dejaron la Tierra antes que él. Ahí el estudio, ahí el verdadero examen de los aciertos y desaciertos, ahí la recapitulación de lo aprendido, el amor y la nueva oportunidad para el devenir infinito. La vida no acaba ahí, ¡la vida continúa tras el sepulcro!

“Hay muchas moradas en la casa de mi Padre; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14: 2)

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