Un 31 de marzo, hace 142 años, Allan Kardec regresa a la patria espiritual habiendo cumplido su misión. El sentido común encarnado, como lo nombrase el gran astrónomo Camille Flammarion en un discurso frente a su tumba., ya tenía preparado el número de la revista espírita del mes siguiente, la del mes abril de 1869. Allí está su última frase impresa y en ella informaba de una nueva revista espírita en España, del mismo modo que en el número anterior había publicado una carta recibida también desde España, desde Ciudad Real. Eran ya numerosos los grupos espíritas, las publicaciones espíritas en España y Allan Kardec seguía muy de cerca su evolución desde el Auto de Fe de Barcelona que tanto contribuyó a la divulgación del Espiritismo. Y es a él, a Allan Kardec, a quien dedicamos esta nueva revista esperando que la pueda inspirar desde los planos superiores.

En ella pretendemos sacar la candela de debajo del celemín, poner más en evidencia lo evidente y dar nuestra contribución para desgarrar los últimos velos del materialismo que impiden ver la realidad espiritual.

No queríamos hacer otra revista para espíritas y sí una revista que pueda servir a cualquier persona para, por ejemplo, encontrar un punto de inflexión en su concepción de la realidad espiritual. El espírita podrá encontrar material de estudio, el no espírita material de análisis y ambos un enriquecimiento de esta cultura espírita que da un paso más dónde la ciencia se detiene, pero que la acompaña en todo lo que confirma. Pues el espiritismo es en realidad una ciencia de observación y que por mostrar leyes y hechos dentro de la propia naturaleza uno y otra son expresiones de una misma realidad, la Creación, el Creador y sus leyes. Todo efecto tiene una causa. Todo efecto inteligente tiene una causa inteligente. El poder de la causa inteligente está en razón de la grandeza del efecto.

Los espíritus anunciaban y anuncian, desde todas partes, que estamos en un momento de transición, en un momento de cambios sociales y morales. Una transición que puede durar muchas generaciones pero que ya ha comenzado y cada vez será más patente bajo la influencia de todos aquellos que están encarnando con esa misión. Las viejas ideas caducas darán paso a un futuro de progreso moral inserto en las propias leyes del universo. Cualquier transformación no se opera sin conflictos, pero los mayores no serán calamitosos, sino que van a estar dentro de aquellos que continúen imbuidos en el pasado materialista, sumergidos en la ambición o anegados en las pasiones. Sin embargo, poco a poco ellos pasarán y el mundo quedará con las nuevas ideas que van a florecer como simientes en un campo fértil, brotando a la hora justa, por doquier.

¡Somos espíritus inmortales! ...no lo creáis, ¡sabedlo!

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