Los denominados fenómenos de efectos físicos siempre han existido desde los tiempos más remotos de la historia del hombre. En casi todas las civilizaciones de la antigüedad se registraron relatos, leyendas y tradiciones alusivos a las manifestaciones de los espíritus mediante efectos materiales y objetivos, tales como ruidos, golpes, movimientos y traslación de objetos, levitación de objetos y personas, mesas giratorias y parlantes, materializaciones y muchos otros semejantes. Estos fenómenos o manifestaciones se caracterizan por la no intervención de un agente físico visible o conocido, ya sea de origen humano o instrumental, siendo atribuidos, por lo tanto, a fuerzas invisibles, ocultas o desconocidas como fantasmas, duendes, dioses, demonios, espíritus, poderes psíquicos, energías, etc., según la religión, doctrina o ideología imperante en el medio o la época en que se produjeron.

Durante mucho tiempo estos fenómenos permanecieron dentro del dominio de lo mágico, lo misterioso, lo sobrenatural o lo milagroso. Fue aproximadamente a partir del siglo XVII cuando fueron objeto del interés y el estudio de algunos hombres de ciencia que, en forma racional e imparcial, se dieron a la tarea de observarlos, estudiarlos y analizarlos objetivamente, al principio en forma incipiente y empírica. Ya a partir del siglo XIX fueron estudiados en forma metódica y organizada dentro de todo un proceso de investigación específica en la búsqueda de sus causas, efectos y consecuencias. Correspondió al pedagogo francés Hipollyte León Denizard Rivail -más conocido como Allan Kardec- dedicarse de lleno a la investigación científica de la fenomenología mediúmnica a partir de 1854, empezando por la observación y estudio del fenómeno de las denomina-das mesas giratorias, parlantes y danzantes, y posteriormente a las manifestaciones mediúmnicas de tipo inteligente como son las comunicaciones de los espíritus mediante la psicografía y la psicofonía, a través de los sensitivos denominados médiums o mediadores entre los espíritus y los hombres.

El 18 de abril de 1857 Allan Kardec publicó en la ciudad de París El Libro de los Espíritus como piedra angular y obra fundamental del Espiritismo, conteniendo “los principios de la Doctrina Espírita sobre la inmortalidad del alma, la naturaleza de los espíritus y sus relaciones con los hombres, las leyes morales, la vida presente, la vida futura y el provenir de la humanidad, según la enseñanza dada por los espíritus superiores, con la ayuda de diferentes médiums, recopilada y puesta en orden por Allan Kardec”.

En enero de 1861 Allan Kardec publicó su segunda obra: “El Libro de los Médiums, guía de los médiums y de los evocado-res, conteniendo la enseñanza especial de los espíritus sobre la teoría de todos los géneros de manifestaciones, los medios de comunicarse con el mundo invisible, el desarrollo de la mediumnidad, las dificultades y los escollos que se pueden encontrar en la práctica del Espiritismo, continuación de El Libro de Los Espíritus”. Este libro constituye todo un compendio profundo y completo sobre la gran diversidad de facultades mediúmnicas y su clasificación, los distintos tipos de médiums y las diversas formas de manifestación de los espíritus, incluyendo la variedad de los fenómenos de efectos físicos:

Movimientos y suspensión de objetos -Mesas giratorias y danzantes

Trasporte y lanzamiento de objetos, ruidos y golpes - Poltergeist

Mesas parlantes – Mensajes por código de golpes Levitaciones

Aportes - Aparición de objetos en recintos cerrados

Materializaciones de espíritus - Ectoplamías

Escritura directa - Pneumatografía

Voz directa - Pneumatofonía

Las explicaciones de los Espíritus Superiores dadas a Allan Kardec, así como sus propias investigaciones sobre estos fenómenos, condujeron a establecer la existencia de un determinado fluido o energía vital contenida en el organismo del ser humano, especialmente en los médiums de efectos físicos, cuyas características de sustancia energética, plasmática y moldeable le permitían ser el elemento intermediario para la producción de este tipo de fenómenos. Posteriormente esta sustancia recibiría el nombre de “ectoplasma” por el investigador francés Charles Richet (1890 -1950), término que después se generalizó. Para que los fenómenos de efectos físicos se produzcan se requiere una serie de condiciones indispensables: a) espíritus con la intención y disposición para manifestarse; b) médium de efectos físicos en condiciones adecuadas; c) cantidad apropiada y suficiente de ectoplasma; d) determinadas condiciones ambientales requeridas para la producción de los fenómenos.

Los fenómenos de efectos físicos fueron utilizados por los Espíritus Superiores para llamar la atención de los hombres hacia las realidades espirituales, la vida en el mundo espiritual y la posibilidad de comunicación entre los dos planos de vida; una vez captada la atención de los investigadores y de los observadores, los Espíritus Superiores procedieron a revelar al hombre las verdades de orden espiritual.

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