A los diez años empecé a tener ataques epilépticos. Mis padres sufrían al verme acomplejada, también adormecida, a causa de los medicamentos que no surtían efecto, y estaba cada vez peor. Fue entonces cuando me llevaron a casa de un tal Hermano Félix, un hombre que curaba; en realidad se trataba de un médium espírita.Yo no sabía ni adónde iba pero, escuchándole, mi alma jovencita se llenaba de regocijo, decía dentro de mí, esto es lo que yo buscaba, y allí comenzaron mis pasos dentro de la Doctrina Espirita.

Mejoré, pero los ataques no cesaron, y en algunas sesiones mediúmnicas, empecé a mostrar mis, digamos, herramientas mediúmnicas. Siempre se mostraba un espíritu que decía que yo le pertenecía, que ambos habíamos vivido juntos y que yo era suya.

Hice todo lo que me aconsejaron, tuve que luchar contra mí misma, porque eran muchas mis imperfecciones, y traía un oscuro pasado que no me dejaba caminar. Un día, en una sesión mediúmnica, ese espíritu, fue esclarecido, le dijeron que yo no le pertenecía, y que debía dejarme tranquila para poder caminar libremente, él se retorcía y decía que no, que no me iba a dejar en paz.

El tiempo pasó y fui madre, tuve tres hijas, y muchos problemas, porque ese espíritu, hacía de mí una persona insegura, asustadiza, acomplejada, susceptible, a veces celosa y rabiosa; yo estaba desesperada. Pero seguía insistiendo en mi Doctrina, que me aseguraba una vida mejor si yo me hacia fuerte.

Me dio el que sería el último ataque hasta el día de hoy, fue uno de los más fuertes por lo que me cuentan, pues yo perdía hasta el sentido de lo que ocurría, me retorcía como un bicho y me dejaba agotada durante varios días. En una de las sesiones, posterior a ese ataque, me informaron que el espíritu que me influenciaba iba a ser mi hijo, para conseguir amarnos los dos. Mi hijo nació bien, y efectivamente ya no hubo más ataques, comenzó para mí una vida nueva.

Y él está educado con mis enseñanzas espíritas, es un espíritu un poco infantil, terco a veces como un niño malcriado, pero me ama y me abraza a todas horas, él siente por mí algo muy grande, en ocasiones me ha dicho, “mamá me gustaría que mi mujer un día fuera como tú”.

Yo le comprendo, y qué bueno es haber encontrado esta fuente de energía para poder encontrar explicación a todas las cosas que han pasado en mi vida. El Espiritismo es el manuscrito querido de mi alma, en él aprendí a salir de las sombras hacia la luz.

Desde la Mancha

Estimada amiga:

Nos alegra mucho que hayas comprendido y aceptado las pruebas y dificultades de la vida presente, de las que somos responsables nosotros mismos por nuestras acciones, en ésta o en existencias anteriores. La Doctrina Espírita nos enseña también que estamos sujetos a influencias espirituales, más de lo que desearíamos, por afinidad vibratoria y por débitos del pasado.

La liberación de una influencia espiritual enfermiza sólo puede lograrse a través de la reforma moral de  la persona asediada, que debe inclinarse hacia el bien y especialmente a través de la terapia del Perdón y del Amor, que es la lección a la que todos estamos invitados, tal como nos enseñó Jesús de Nazaret.

Nos congratulamos porque has entendido que la perturbación que sentías desde niña fue tratada por personas que practicaban el bien, con mucho respeto y cariño a los dos espíritus enfermos: el encarnado (tú misma) y el desencarnado, ligado a ti por formas pensamiento deletéreas como consecuencia de un pasado de errores. Por la terapia del perdón, en una nueva encarnación, en una nueva oportunidad, esta ligazón enfermiza puede ser sanada y reequilibrada.

Te agradecemos muy sinceramente el relato de tu vida presente porque nos confirma, una vez más, que la reencarnación de un enemigo del pasado en un ser muy próximo, como un hijo o un cónyuge, es una magnífica oportunidad de progreso espiritual, que no debemos desaprovechar. Los conflictos familiares muchas veces revelan oportunidades desperdiciadas para aprender la lección que hemos venido a aprender en esta Tierra y que resume todas las demás: la ley del amor, esto es, tratar a los demás como desearíamos ser tratados.

 

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.