A la luz de la Doctrina Espírita hoy sabemos que así como existen las enfermedades físicas u orgánicas, igual- mente existen las enfermedades del alma o del espíritu, que a su vez repercuten en nuestra estructura celular, afectándola seriamente y provocándole diversas alteraciones anatómicas y fisiológicas de imprevisibles y dolorosas consecuencias. Esto es debido a la profunda y directa interconexión e interacción entre el espíritu y el cuerpo físico, a través de la estructura energética intermediaria denominada periespíritu por Allan Kardec.

Hoy en día y cada vez con mayor énfasis la Medicina y la Psicología reconocen y afirman la innegable acción de la mente y de las emociones sobre las células, los tejidos y los órganos de nuestra estructura material, imprimiéndoles armonía o desarmonía, salud o enfermedad.

La constitución del hombre

La Doctrina Espírita nos enseña que el hombre está constituido por tres elementos: espíritu, periespíritu y cuerpo físico, los cuales durante la encarnación, actúan inseparablemente en armonía de conjunto e interacción energética.

El espíritu es el principio inteligente e inmortal, es la centella de origen Divino que actúa en el cuerpo a través del periespíritu, como la electricidad actúa en la lámpara a través del hilo conductor. El denominado periespíritu es el duplo fluídico que rodea al espíritu, forma- do de energía semicondensada, que actúa como molde del cuerpo físico y es intermediario entre el espíritu y  el cuerpo. El cuerpo físico es la materia condensada estructurada como organismo, que sirve de instrumento y de ambiente vital para el espíritu durante su vida como ser encarnado, para el cumplimiento de sus finalidades evolutivas en la Tierra. Respecto a la interacción de estos tres componentes, la mentora espiritual Juana de Ángelis, en su libro afirma que «La acción del pensamiento sobre el cuerpo es poderosa, considerando que éste último es el resultado de aquél, por medio de tramas intrincadas y delicadas del periespíritu –su modelador biológico- , que lo elabora por medio de la acción espiritual, en la reencarnación.» – En la misma obra afirma que «Esa energía inteligente, en su expresión original, como espíritu, pasa por una condensación de moléculas, constituyendo así el cuerpo intermediario (periespíritu), quien se encarga de concentrar y congelar las partículas que se manifiestan como cuerpo somático.»

Interacción mente - cuerpo

En cuanto a la interacción de estos tres elementos y su profunda repercusión en nuestra salud, Juana de Ángelis esclarece: «El ser humano es un conjunto armónico de energías, constituido de espíritu y materia, mente y periespíritu, emoción y cuerpo físico, que interactúan en un continuo flujo unos sobre los otros. Cualquier suceso en uno de ellos se refleja en su correspondiente, generando, cuando fuere una acción perturbadora, disturbios que se transforman en enfermedades y que, para ser rectifica- dos, exigen renovación y reequilibrio del punto donde se originaron.»

Esto significa que si un pensamiento o una emoción saludables, benéficos o positivos emanan de nuestro espíritu (o si se quiere, de nuestra mente), ello se constituye en una energía igualmente saludable que fluye por la corriente sanguínea, o en forma directa, revigorizando nuestras células y proporcionándoles la armonía y el equilibro necesarios para su normal desenvolvimiento. Lo opuesto también ocurre, por la misma vía, llevándoles debilitamiento, desarmonía y desequilibrio, conduciéndolas posteriormente a las enfermedades en sus muy diversas y complejas expresiones, guardando una directa relación en cuanto a la naturaleza, intensidad y duración de esas emisiones mentales y emocionales.

Por esto, Juana de Ángelis afirma que «Cada enfermedad física trae un componente psíquico, emocional o espiritual correspondiente. En razón de la desarmonía entre el espíritu y la materia, la mente y el periespíritu, la emoción (los sentimientos) y el cuerpo, se desajustan los núcleos de energía, facilitando los procesos orgánicos degenerativos provocados por virus y bacterias, que en ellos se instalan.»

Tomando como base el contenido de la mencionada obra Autodescubrimiento dictada por la noble mentora espiritual Juana de Ángelis, a través del médium Divaldo P. Franco, hemos elaborado el siguiente cuadro que muestra las relaciones de causa-efecto entre el espíritu y el cuerpo físico:

ESTADOS PSIQUICOS Y EMOCIONALES

CONSECUENCIAS Y REPERCUSIONES

Impulsos de violencia, bajo rudo control, en tensión continua, endurece músculos antagónicos

Varias expresiones artríticas, especialmente las de naturaleza reumatoide

Los núcleos vitales (CNF) debajo del diafragma que no tienen las energías transformadas hacia la región superior a fin de sublimarlas

Producen enfermedades del aparato urinario o genésico con agravantes en las relaciones sexuales

Pensamientos desaliñados, emociones sin gobierno, por la mente pesimista e inquieta

Causan muchos efectos perniciosos en el cuerpo

 

Emociones fuertes como miedo, cólera, celos y agresividad

Provocan una alta descarga de adrenalina en la corriente sanguínea, aumento de azúcar, más fuerte contracción muscular, voluminosa irrigación de sangre y coagulación más rápida, que provocan diabetes, artritis e hipertensión

Cuando la mente elabora conflictos, resentimientos, odios que se prolongan

Dislocan las células de sus automatismos, que se degeneran, dando origen a tumores de variado tipo, especialmente cancerígenos, en razón de la carga mortífera que los agrede

 

Anhelos insatisfechos de los sentimientos

Convergen como fuerzas destructoras, destrozando la organización celular y la respectiva mitosis, facilitando el sur- gimiento de focos infecciosos resistentes a toda terapéutica

Venganzas disimuladas se vuelven contra el organismo físico y mental de aquel que las abriga

Producen úlceras crueles y distonías emocionales perniciosas

Ideas no asimiladas

resurgen en procesos enfermizos como mecanismos autopurificadores

 

Angustias cultivadas

Causan distonías nerviosas, jaquecas, desfallecimientos, escondiendo la necesidad de valorización y fuga del interés del perdón

Abrigo del odio, de la envidia, de la competencia malsana

–generadora de ansiedad-, del miedo, contenidos mórbidos que agraden el sistema digestivo, alterando su funcionamiento

 

Dispepsias, indigestiones, hepatitis

Desamor personal, complejos de inferioridad, amarguras sustentadas por la autopiedad, contrariedades que resultan de temperamentos fuertes

Cánceres de mamas, de la próstata, taquicardias, disfunciones coronarias, disfunciones cardíacas, infartos brutales

Impetuosidad, violencia, quejas sistemáticas, deseos insaciables

Derrames cerebrales, estados neuróticos, psicosis de persecución

 

Impulsos primitivos del cuerpo, no disciplinados

Provocan estados ansiosos o depresivos, sensación de in- utilidad, recelos e inquietudes que se manifiestan cíclicamente y que a largo plazo se transforman en neurosis, psicosis, perturbaciones mentales

La sola observación y análisis del anterior cuadro de causas y consecuencias en nuestra salud, nos debe llevar a la meditación consciente y profunda respecto a la necesidad y utilidad de cultivar y emitir desde ya los mejo- res pensamientos, sentimientos y emociones, evitando los  negativos, en la justa búsqueda del equilibrio, la armonía y la salud física, a partir de la salud espiritual, que sólo lograremos mediante un esfuerzo auténtico, objetivo y perseverante en la senda del amor y del bien.

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