Encontrar reflejadas en estas páginas las palabras y comentarios de Santiaga Noguero, fundadora y presidenta de la Asociación Espírita de Valencia “Hogar Fraterno”, nos alegra enormemente el corazón, puesto que ella ha sido fundamental para el impulso del Movimiento Espírita Español tras la Democracia y también porque Santiaga no acostumbra a significarse en los medios de comunicación espíritas, puesto que siempre ha preferido permanecer alejada de ellos, a pesar de su importante influencia, delegando en otros compañeros.

Deseamos  comenzar  esta  entrevista,   después de agradecerle muy sinceramente esta oportunidad, preguntándole:

¿Cómo fue su primer contacto con el Espiritismo?

Conozco el Espiritismo desde que tengo uso de razón. Mi madre era espírita en el pueblo donde nací, Bienservida (Albacete). Allí había un grupito que lo dirigía un matrimonio de un pueblo cercano, que venía un par de veces por mes. Ella era francesa, de donde trajo su conocimiento sobre el Espiritismo, era una buena médium de videncia y premonición. Nos traían libros, que los vendían a las personas ávidas en conocer esta doctrina maravillosa, entre ellas, las abuelas de personas de nuestro Centro. Mi madre compró el libro Después de la Muerte, de Léon Denis; Memorias del Padre Germán y Te Perdono, de Amalia Domingo Soler; La Guía Práctica del Espiritista, de Miguel Vives y las Oraciones Espiritistas de Allan Kardec. Claro, todo esto sucedió antes de la Guerra Civil, pero cuando ésta terminó, como mi pueblo había sido zona republicana y el Espiritismo pasó a ser prohibido, sufrimos una terrible persecución, de graves consecuencias familiares. Mis padres enterraron los libros en una casita que teníamos en el campo, donde se guardaban las herramientas de labranza, libros que ahora están en nuestra Asociación. Como consecuencia de las amarguras que tuvimos que sufrir, tanta tragedia, mis padres emigraron a Valencia, bendita la hora por muchas razones…

¿Cuál fue el motivo que la impulsó a fundar este Centro Espírita en Valencia?

En 1946 vinimos a Valencia con la intención de huir de tanta persecución y amargura, intentando abrirnos camino para sobrevivir. Poco a poco íbamos superando todo, en 1965 mi padre pasó al mundo espiritual, pero no teníamos contacto con nadie que conociera el Espiritismo. Pasaron los años, hasta 1978 más o menos, no recuerdo, pero en nuestra casa de hablaba de Espiritismo a toda hora. Mi marido aunque no era afín, ni contrario, era lo principal que debemos ser, tolerante y respetar las creencias de los demás. Una noche mientras yo dormía, él que tenía siempre puesta la radio por su problema asmático, escuchó a Rafael González Molina hablando de Espiritismo, que dio un número de apartado de correos, explicando que se iba a comenzar a editar una revista con objeto de realizar un encuentro con los espiritistas españoles. Mi marido tomó nota de todo esto, cuando yo desperté me lo contó y al día siguiente en mi nombre escribió a Rafael y nos suscribirnos a la revista, y a partir de todo esto se empezó a pensar en el Congreso de 1981 en Madrid. Acudimos mi hermana, su marido y nosotros dos. El Congreso fue maravilloso, allí estaba media humanidad, había catalanes, andaluces, en fin, muchos congresistas. Claro, tanto mi marido como yo, creíamos que éramos muy pocos los que quedábamos después de la larga dictadura y estábamos tan contentos y sorprendidos..., que nunca habíamos estado en ningún acontecimiento tan bien organizado, al que el Grupo de Villena contribuyó mucho en todo. Al volver, mi marido se sintió otro, empezó a leer libros y revistas y allí donde había cualquier encuentro, estábamos nosotros. En Villena conocimos a Gasparetto, con sus pinturas mediúmnicas, a Divaldo Franco. Tuvimos una buenísima relación siempre con Rafael González Molina y Manolita, su mujer, en fin, éramos muy felices, pero a los dos años del Congreso de Madrid mi marido murió de un infarto.

Cuando desencarnó mi marido en 1983 para mí  fue muy duro, pero los hermanos que ya nos conocían me animaron a seguir, y yo lo necesitaba, de modo que allí donde había un encuentro acudía. En uno de estos encuentros me presentaron a un sacerdote católico, pero espírita, hablamos mucho y me dijo que en Valencia conocía a algunos espíritas, que si yo quería los traería a mi casa para tomar contacto. Y así fue como en mi casa empezamos a reunirnos cinco o seis personas y después llegaron otros hasta que mi casa ya no era suficiente…

 ¿Cuáles fueron las dificultades, entonces, con las que se encontró?

Entonces dediqué un piso sólo para el grupo en la calle Visitación, que siguió creciendo. Más tarde puse la planta baja en la que estamos ahora, pero yo no pensé en formar ningún grupo. El grupo se formó así, lo que quiero decir es que no es mérito mío, el grupo es de los que fueron acudiendo. Si algún mérito tengo es el de haber albergado a los que han formado parte de él y entre estos están Pepe Lanzuela y su mujer Mari Paz. Ellos siempre me han ayudado muchísimo, no sólo con relación al grupo, sino en mi vida personal. Pepe se encargó de los estatutos y de todo el papeleo que conlleva legalizar una asociación en aquellos tiempos. Después llegó Pilar, otra persona muy trabajadora y muy valiosa. Para mí son tantos, que muchos ya pasaron al mundo espiritual. Son tantos a quienes debo atenciones como Rafael González Molina, a Manolita, no puedo dar sus nombres porque no tendría bastante papel y tinta. Creo que tendré que reencarnar muchas veces para agradecer todo lo que me han dado. Mi patrimonio afectivo es inmenso. Después llegó Loli, otra trabajadora incansable, y Mari Ángeles, siempre tan afectuosa, en fin, que Dios les pague a todos lo que no puedo pagarles yo.

Sabemos que usted ha asistido hace muchos años a Congresos Internacionales fuera de España. Los actuales Congresos Nacionales ¿están a la altura de aquellos que conoció entonces?

Con respecto a los Congresos, para mí son y han sido muy gratos, empezando por el Nacional de 1981 en Madrid y terminando por el Internacional de 2010 en Valencia. En este último no pude estar más que unas horas por mis problemas de salud. Pero en los que he estado, tanto en España como en otros países, en Brasil, Francia, Portugal, Bélgica… que han sido muchos, todos me han parecido, desde mi humilde entendimiento, de gran valor doctrinario, de armonía entre todos los congresistas y de organización, yo diría magistral. Del encuentro que guardo un gratísimo recuerdo es el Congreso Espírita Mundial de 1989 en Brasilia. Rafael González organizó el viaje para un grupo de 10 personas y tras el congreso visitamos varios centros acompañados por Divaldo. Estuvimos en Río de Janeiro, San Pablo, Belo Horizonte, etc.También en la casa de Francisco Cándido Xavier en Minas Gerais y en la Mansión del Camino, fundada por Divaldo en Salvador. Fueron 19 días de grandes sorpresas y gratísimas sensaciones.

¿Es difícil dirigir un “Centro Espírita”?

Para mí no lo ha sido, porque yo no he dirigido a nadie, puede que algunos de los que se han incorporado al centro me hayan dirigido a mí. Yo tenía poco que enseñar, porque poco sé, pero cuando alguien ha venido con propuestas que no tenían relación con la Codificación de Kardec, he dicho: no.

¿Cómo se ha ido desarrollando la Institución a lo largo de este tiempo?

La verdad que bien, siempre con mi lema de puertas abiertas para entrar y para salir. Los que no estaban de acuerdo con la Codificación se iban y después han vuelto, pero la verdad que todo lo he tenido fácil.

¿Qué importancia tiene para usted el aspecto mediúmnico de la Doctrina que normalmente suscita el interés de las personas que nos visitan?

Creo que la mediumnidad si se tiene, pues bien,   es para cultivarla para el servicio a los demás y no para creerse que es motivo de orgullo, sino motivo para servir más y mejor.

¿Debido a sus experiencias en innumerables reuniones mediúmnicas, ¿ha tenido la oportunidad de contemplar alguna materialización?

No he tenido esa suerte, pero tampoco es un tema que me haya preocupado, porque me han hecho feliz otras cosas.

¿Se frivoliza con la mediumnidad?

Creo que sí, en algunos casos, pero también creo que es más por ignorancia.

A lo largo del tiempo, como ocurre en todos los grupos, ha conocido muchísimas personas  que  se  apartaron de la Asociación por diferentes causas y motivos. Su observación en todos estos años la sugieren que debería haber actuado entonces de manera distinta, en relación con aquellos que ya no están.

En tantos años de todo ha habido, pero nada de mucha importancia. Es fácil. Puedo decir que en ningún caso se han roto los lazos de amistad y respeto.

Evocando los primeros años de El Espiritismo en España de la mano de su gran amigo Rafael González Molina, a quien debemos agradecer los espiritistas su esfuerzo y sacrificio por su legalización, y la época actual ¿Cómo ve actualmente el Movimiento Espírita Español?

Creo que la labor de Rafael fue buena y dio su fruto y veo que crece y florece el Espiritismo en España mucho y muy bien.Yo me siento muy feliz por esta causa.

¿Qué opinión le merece el ambiente mercantil que envuelve a todos aquellos que viven aprovechándose de la necesidad que tenemos las personas por saber de la situación de nuestros seres queridos desencarnados? ¿Usted cree que los espíritus se prestan a colaborar con estas profesionales de la videncia?

Creo que nadie que conozca el Espiritismo se preste a esos juegos. Sólo pueden prestarse a hacerlos los no espíritas por negocio o ignorancia.

Su experiencia en la organización y dirección de uno  de los primeros “Grupos Espíritas” en España tras la Democracia podría ser el aliciente para la creación de otros dentro del territorio nacional.¿Podría aconsejarnos en este aspecto?

Yo lo siento, yo sirvo para que me aconsejen a mí, pues para mí todo ha sido fácil. No es mérito mío, es mérito de los que se acercaron y se sintieron a gusto en el pequeño Hogar Fraterno, pues me dieron tantas alegrías y pude aprender de todo ellos, si algo sé.

Por último ¿Cuál sería el sueño que quisiera realizar antes de partir para el “Mundo Espiritual”?

Mi sueño es que el Hogar Fraterno perdure y que los que militan ahora, como los que vengan después en esta tarea, se sientan tan felices como me ha hecho el Espiritismo y me sigue haciendo a mí.

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