¿Qué pasa cuando uno muere? ¿Cómo será su vida en el más allá? ¿Irá a un cielo o a un infierno?  Las respuestas a esas, y a otras preguntas semejantes, están sujetas a las convicciones de las personas. Un materialista dirá que, cuando uno muere, no va a sitio alguno, pues todo se acaba en la tumba. Un espiritualista dirá que los buenos van al cielo y los malos al infierno. Otros aún afirmarán que el destino final del ser, que actualizó todas sus potencialidades, es el Nirvana. Y así sucesivamente. ¿Cómo saber quienes tienen la razón?

Antes de seguir en el análisis del asunto, vale destacar que no tenemos la intención de convencer a nadie. No nos dirigimos a quien esté convencido de sus opiniones sobre el tema. Nos dirigimos a aquellos que, al admitir la existencia y supervivencia del alma después de la muerte del cuerpo físico, están interesados en cogitar sobre su destino. Para esos, hay la convicción de que el Espíritu irá a algún sitio aunque no tengan convicción de hacia dónde ni cómo es ese lugar.

Vamos a utilizar un ejemplo simple: cuando queremos saber cómo es un país, lo más razonable

¿no sería preguntar a algunos  de  sus  habitantes  que describiesen el sitio en donde viven? ¿El mismo razonamiento no podría ser aplicado en relación a aquellos que ya ultrapasaron las fronteras de la muerte? El hecho es que ya se hizo esa pregunta a muchos de los que han pasado al otro lado de la vida. Pero las respuestas no son siempre iguales, pues los Espíritus responden conforme a sus experiencias, y ya se ha identificado que hay Espíritus burlones, a quienes les gusta engañar a los que creen ciegamente en sus “revelaciones”. Además, los médiums videntes o de desdoblamiento (que entran en éxtasis en ciertas circunstancias y visitan el plano espiritual) están sujetos a influencias de sus propias convicciones y pueden intervenir en la información que reciben del más allá. Pero, aunque sea importante reconocer esas dificultades –superables con el apoyo de mucho estudio, perseverancia y disciplina–, a lo largo del tiempo fue posible seleccionar informaciones que guardan coherencia y permiten formarnos una idea relativamente objetiva de como es la vida de los llamados muertos, que, de hecho, de muertos nada tienen, pues siguen viviendo de forma muy semejante a la que tuvieron mientras estaban “vivos” entre nosotros.

Allan Kardec, en diversas obras como El libro de los espíritus, El cielo y el infierno, La revista espírita, entre otras, evidenció, con mucha maestría, que el asunto es muy antiguo y se puede ubicar referencias a él en las enseñanzas de los más antiguos sabios. Pero, en los tiempos modernos, uno de los primeros reveladores de la condición de los Espíritus en el mundo espiritual, haciendo referencia incluso a las colonias espirituales, fue Emmanuel Swedenborg, un sueco de conocimientos muy amplios en diversas ramas y muy considerado en la sociedad de su época. Pero Swedenborg se dejó influenciar por sus propias convicciones e hizo algunas afirmaciones incoherentes y fuera de  lógica  para  ser aceptadas integralmente. Pero eso no invalida la importancia de su obra para quienes deseen estudiar el tema.

Después de él, otros diversos médiums recibieron informaciones referentes al asunto. Entre ellos Edgar Cayce y Andrew Jackson Davis en Estados Unidos de Norte América. Este último afirmaba que Swedenbog, ya en la condición de Espíritu, era uno de sus guías espirituales.

Otro americano que trató del tema fue el Reverendo G. Vale Owen, que describe, en el libro The life beyond the veil (La vida más allá del velo), una colonia espiritual muy interesante en donde los colores son cambiantes, incluso los de las aves, de conformidad con las vibraciones que emiten los habitantes de ese sitio. Todo es muy bello y brillante, con mucha luminosidad y los Espíritus, allí, son muy felices.

En España, entre otros, una gran estudiosa de las relaciones del mundo espiritual con los encarnados fue Amalia Domingo Soler, con la publicación de considerable cantidad de obras muy esclarecedoras  y consoladoras para aquellos que han perdido seres queridos en diversos momentos de la vida.

Por intermedio de diversos médiums que apoyaron la labor de Allan Kardec, en la codificación espiritista, y, más tarde, por otros, como Yvonne Pereira, Francisco Candido Xavier, Divaldo Franco, Raúl Teixeira, citando tan solamente algunos, los Espíritus cuestionados acerca de dónde viven, afirman que pueden estar por ahí sin lugar ni destino ciertos. Otros están en sitios de dolor y sufrimiento, de conformidad con su conciencia llena de culpabilidad por los males que hicieron contra otros. Pero hay aquellos que afirman vivir en colonias espirituales, algunas semejantes a nuestras ciudades.

André Luiz, por ejemplo, por la psicografía de Chico Xavier,  describe  varias  colonias  espirituales y puestos de socorro en donde los Espíritus viven y trabajan. Ese es el caso de Nuestro Hogar, una ciudad espiritual con más de un millón de habitantes y una organización administrativa que podría ser modelo para nosotros. Pero el mismo André Luiz nos presenta una descripción detallada de regiones de mucho dolor y sufrimiento. En el libro Liberación, por ejemplo, él hace referencia a una ciudad, en las tinieblas, gobernada por Espíritus perversos que maltratan a otros que se sienten culpables después de la muerte del cuerpo. En Obreros de la Vida Eterna, ese mismo Espíritu registra la existencia de una colonia transitoria que se destina a auxiliar a Espíritus que se arrepienten de sus errores en las regiones de sufrimiento.

Cairbar Schutel, ya Espíritu, por psicografía de Abel Glaser, habla de la colonia Alborada Nueva que estaría situada en una región más elevada que Nuestro Hogar. Ella también es mencionada por André Luiz.

Hermano Jacobo, en Volví, describe parcialmente el sitio adónde le llevan después de su muerte. Es una colonia muy bien organizada con actividades y hogares para todos los habitantes.

También Manoel Philomeno de Miranda, por la psicografia de Divaldo Franco, en la obra Sexo y obsesión, describe una Ciudad Perversa, donde el culto al sexo es utilizado de manera enfermiza y desequilibrada.

Hay quienes nos preguntan si los Espíritus no han hecho jamás referencias a colonias situadas en regiones espirituales de Europa. André Luiz menciona, en Nuestro Hogar, el intercambio que existe entre los Espíritus de los diversos continentes y cómo las colonias de América han auxiliado a los Espíritus de Europa en el período de la Segunda Guerra Mundial. Él habla del clima espiritual muy denso que envolvía a Europa en aquel entonces   y que las colonias espirituales de la región no tenían condiciones de realizar todo el auxilio que era necesario ante la gran cantidad de Espíritus que llegaban allí por la desencarnación provocada por la Guerra.

Visitando diversos países de Europa, hemos tenido más de una experiencia mediúmnica que nos fortalece en la convicción de que hay muchas colonias espirituales en ese continente. Una vez, visitando Galicia, subimos por un camino para llegar hasta una iglesia que allí existe desde hace mucho tiempo. En cierto momento del camino, percibimos una vibración del ambiente diferente y muy elevada. Cuando llegamos allá arriba, no hemos percibido ninguna energía especial en la iglesia. Al volver por el mismo camino, al llegar al mismo sitio de antes, percibimos la misma energía positiva.

Decidimos salir del camino y seguir entre matorrales en la dirección hacia donde percibíamos que venía la vibración positiva. Un poco más adelante, encontramos un resto de monumento druida con algunos círculos de piedra, como si fuera un templo preparado en la naturaleza. Allí percibimos el movimiento de ir y venir de muchos Espíritus, como si aquello fuera una especie de portal para entrar y salir por un camino que conduce a regiones superiores del plano espiritual, probablemente alguna colonia espiritual en donde ellos habitan.

Es interesante que, visitando la Catedral de Toledo, en el coro, sentimos ese mismo tipo de energía y hemos podido presenciar la llegada y salida de Espíritus, posiblemente también provenientes de alguna colonia espiritual.

Para el que tenga paciencia en buscar referencias sobre las colonias espirituales en los libros psicografiados, podrá encontrar tanto lugares buenos donde viven Espíritus interesados en el bien de la colectividad, como lugares horribles, donde viven Espíritus perturbados y desequilibrados.

Hacia dónde va cada uno de nosotros, depende siempre de cómo estamos viviendo la vida hoy. El sitio de nuestro destino después de la muerte del cuerpo es definido en base a las afinidades espirituales que cultivamos. Si mantenemos sintonía con el bien, seguro que nos esperarán Espíritus buenos y agradecidos que nos conducirán a lugares agradables en donde tendremos mucha satisfacción en vivir.

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