Cuando somos pequeños, nuestros familiares (padres, abuelos, tíos, etc.) nos enseñan que cuando nacemos Dios nos asigna un Ángel de la Guarda, que nos protegerá a lo largo de nuestra vida. Aprendemos desde muy niños a rezarles por las noches para que velen durante nuestro descanso y a solicitarles su ayuda. Es muy conocido en las diferentes culturas populares que ante un acontecimiento desafortunado o accidente que les ocurra a los niños, éstos salgan ilesos sin rasguño alguno, diciendo que fue obra del Ángel de la guarda.

Por lo general, y muy lamentablemente, a medida que crecemos y contraemos obligaciones y apegos, nos olvidamos de esos incansables amigos que fueron puestos allí por Dios para acompañarnos en la vida y ayudarnos a progresar.Y ya ni les rezamos y ni les pedimos.

Debo decirles, como experiencia personal, que nací en una familia católica no practicante de muy humildes condiciones, donde me inculcaron una moral Cristiana, dejándome decidir por una religión. Fue así que desde muy joven fui un investigador relacionándome con lectura muy espiritual y de diferentes religiones. Y entre las preguntas que me hacía, una de ellas no podía encontrar respuesta,

¿Cómo es posible que siendo Dios tan justo pueda permitir que personas pasen por diferentes situaciones penosas aquí en la Tierra y Ángeles que vivan a su lado en un estado de felicidad constante?

Llevo mucho tiempo, y no por casualidad, y bendita la hora que conocí la Doctrina Espírita Kardecista, la Doctrina de los Espíritus, que esclareció mis dudas. Es por ello y sin más rodeos que transmitiré las enseñanzas de nuestros hermanos mayores.

Primero, decir la diferencia entre Ángeles y Ángeles Guardianes o Espíritus Protectores: Los Ángeles son las almas de los hombres que han alcanzado el grado de perfección concedido a la criatura y gozan de la plenitud de la felicidad prometida. Para ello deberán pasar, desde su creación, como espíritus sencillos e ignorantes, sin conocimiento y sin conciencia del bien y del mal, por las diferentes etapas de la evolución como espíritus a través de diferentes encarnaciones.Trabajando en su perfeccionamiento, llegarán más o menos pronto en virtud de su libre albedrío y en razón a sus esfuerzos a adquirir ese grado de elevación moral.

Es importante destacar que, si bien han alcanzado la felicidad prometida, esto no les confiere vivir en un estado de ociosidad; sino en las funciones que Dios tiene a bien confiarles y que se tienen por dichosos en cumplir, porque sus ocupaciones son un modo de progreso.

Ángel Guardián o Espíritu Protector son asignados por Dios para que nos acompañen desde nuestro nacimiento hasta la muerte y tienen por misión ayudarnos a progresar. Ellos son siempre de naturaleza superior, tal como nos indica la pregunta 490 de El libro de los Espíritus: «¿Qué debe entenderse por ángel guardián? El espíritu protector de un orden elevado.» Y también en El Evangelio según el Espiritismo, cap. 28, donde se recalca que el ángel de la guarda es siempre un espíritu superior.

Es la relación de un padre para con su hijo; la de guiarnos en la senda del bien, ayudarnos con consejos, consolarnos en las aflicciones levantando el ánimo en las pruebas de la vida. Suelen muchas veces acompañarnos en la vida espiritual después de la muerte y a través de diferentes existencias corpóreas.

Los Espíritus Protectores pueden en determinadas circunstancias alejarse de nosotros cuando ven que sus consejos son inútiles y nos sometemos a influencias de espíritus inferiores. Pero no por ello nos abandonan por completo y siempre se hacen oír. Ellos siempre vuelven cuando los llamamos.

Los Espíritus Familiares son, en jerarquía, inferiores a los Espíritus Protectores y son en todo caso buenos. Se ligan a nosotros por lazos más o menos perdurables con el fin de sernos útiles. Dentro de sus límites de poder, por lo general muy restringido, se ocupan buenamente de las cuestiones de nuestra vida íntima y sólo actúan por orden y con el permiso de los Espíritus Protectores.

Los Espíritus Simpáticos son aquellos que se sienten atraídos por nosotros con motivo de afectos particulares y de cierta semejanza de gustos, vicios y sentimientos, ya sea en el bien o en el mal. La duración de esta relación casi siempre se encuentra subordinada a las circunstancias.

Y para terminar quisiera decirles que todo este proceso que he comentado, desde cuando Dios nos ha creado y ha creado desde la eternidad y crea sin cesar y antes que la Tierra existiera, hubo en otros mundos espíritus encarnados que recorrieron las mismas etapas que nosotros -espíritus de formación más reciente que recorremos en este momento- y que llegaron al fin antes que nosotros hubiésemos salido de las manos del Creador.

(Información extraída de las obras de Allan Kardec. Obras Póstumas, El Evangelio según el Espiritismo y El Libro de los Espíritus)

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