Para comenzar a hablar de la Historia del Espiritismo no hay que viajar muchos siglos en el tiempo, ni tampoco establecer conjeturas o elucubrar teorías sobre cuándo surge el Espiritismo. La fecha de su inicio está bien clara y es algo indiscutible no sólo en el medio espírita sino en los anales de la Historia. Se trata del 18 de Abril de 1857, fecha de la publicación de El Libro de los Espíritus.

Es en esa fecha cuando aparece por primera vez el término espiritismo, neologismo creado por Allan Kardec para distinguirlo de espiritualismo; igualmente crearía otros términos como pueden ser espírita y periespíritu*. Antes de ese momento nunca podremos hablar de Espiritismo y sí por ejemplo de mediumnidad, facultad inherente al ser humano y que como tal le ha acompañado desde que está en este mundo.

Hay otros que sitúan el inicio del Espiritismo en el fenómeno de Hydesville, conocido también como el de las Hermanas Fox, al cual dedicamos un artículo en esta revista.Y si bien fue uno de los grandes fenómenos precursores del Espiritismo, y supuso un antes y un después por la gran publicidad que le rodeó, no pasa de ser un fenómeno mediúmnico, que históricamente se sitúa en la fase del denominado Nuevo Espiritualismo, ya que el Espiritismo llegaría 9 años más tarde. Estarían también equivocados todos aquellos, incluidas algunas religiones, que afirman alegremente que Moisés prohibió el Espiritismo, cuando éste en realidad ni siquiera existía.

Pero antes del primer capítulo de la Historia del Espiritismo, que se inicia con Allan Kardec, hay un interesante preámbulo, desde Swedenborg hasta Hydesville, lleno de sucesos, hechos y fenómenos que prepararon el terreno.

Poco conocido es el caso de los shakers, unos inmigrantes protestantes ingleses que se establecieron en California. Se trataba de 60 grupos en un gran campamento, quienes en 1837 fueron sorprendidos por una invasión de Espíritus. Provocaron fenómenos en todas las casas, se posesionaron de los médiums y hostigaron ruidosas manifestaciones que perduraron durante 7 años consecutivos. Se identificaban como indios pieles rojas y además de demostrarles la posibilidad de la comunicación se dedicaban a moralizarles. Hasta que un buen día anunciaron que iban a partir y se despidieron advirtiendo que volverían más tarde para realizar una invasión del mundo, y a uno de ellos, al pastor más culto, le dijeron que sería en Hydesville. Cuatro años después se producían las manifestaciones de Hydesville. Otros médiums muy distantes fueron también avisados de la importancia de aquella noche del 31 de Marzo de 1848 en la que comenzaba la «invasión».

Fue una «invasión organizada», con un claro objetivo de llamar la atención sobre la realidad de nuestra esencia espiritual. A la que seguiría otra fase en la que una pléyade de destacados Espíritus, junto al Espíritu de Verdad, inspirarían la Doctrina Espírita o Espiritismo a través de Allan Kardec con la colaboración de numerosos médiums. Entretanto se inicia una fase científico experimental que llevó a investigar a los más notables científicos de la época que corroboraron la veracidad de las manifestaciones. Fase que no ha terminado y que concluirá con la aceptación del fenómeno mediúmnico por la ciencia oficial.

Mientras, en apenas unos años, el Espiritismo alcanza todas las latitudes y los trabajos de espíritas y científicos afines son traducidos a numerosos idiomas. El gran sabio Gabriel Delanne afirmó en un libro publicado en el año 1909: «España es, incontestablemente, el país donde el número de los espíritas es proporcionalmente mayor que en cualquier otro lugar. Todas las ciudades importantes tienen periódicos espiritistas, como órganos de asociaciones bien organizadas». Pero eso es otra historia, la historia espírita de España, de la que hablaremos en la próxima revista.


*«Para designar cosas nuevas son precisos términos nuevos… así lo exige la claridad en el lenguaje» (Allan Kardec, El Libro de los Espíritus). Como gran continuador en la pedagogía de Pestalozzi, muy preocupado con la correcta acepción y aplicación de las palabras por sus alumnos, nadie como Kardec para crear esos nuevos términos. A pesar de las advertencias del codificador, los propios espíritas cometemos deslices lingüísticos algunas veces poco atentos al vocabulario y otras veces influenciados por el tradicionalismo religioso, o por libros mediúmnicos, o por las corrientes espiritualistas más modernas. Un ejemplo lo encontramos en el uso de «cuerpo espiritual» para designar al periespíritu. Si adoptamos el término cuerpo espiritual de los espiritualistas, pronto estaremos aceptando también el cuerpo astral, el cuerpo mental, el doble etéreo y una infinidad de palabras extrañas a la codificación y pureza espírita. Para seguir ese buen sentido de Allan Kardec sólo nos cabe como buenos espíritas emplear correctamente el vocabulario espírita porque «así lo exige la claridad en el lenguaje».

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