Hay hechos que constituyen hitos históricos en el devenir de las humanidades. Sin duda alguna, los sucesos acaecidos en la pequeña aldea de Hydesville (Nueva York) en el año 1848 y el fenómeno de las mesas par- lantes o giratorias se integran en esta categoría.

En el año 1848 una familia humilde y de poca cultura, los Fox, se trasladan a una casita en Hydesville. La propiedad había sido abandonada por los anteriores ocupantes, quienes habían oído ruidos, de origen des- conocido, que importunaron a la familia. Una noche, la niña de ocho años relata que siente como una mano toca su cabeza. Ruidos parecidos se habían oído en otros lugares del país, Estados Unidos, años antes y en otros lugares.

Con la ocupación de la casa por los Fox, los ruidos se hicieron persistentes llegando a incomodar a la familia y provocando temor en las dos pequeñas que vivían con el matrimonio (Margaret y Kate). La noche del 31 de marzo la señora Fox y sus hijas se acostaron en el mismo cuarto esperando que no se produjeran las manifestaciones que venían acaeciendo a medianoche. Sin embargo los golpes aparecieron de nuevo. Familiari- zadas ya con los ruidos, la joven Kate tuvo la ocurrencia de pedir al “origen” de los golpes que imitara lo que ella hiciese. La petición fue atendida y los ruidos de las niñas fueron fielmente reproducidos. Ante esto, la Señora Fox se animó a pedir que se contara hasta diez, e inmediatamente se oyeron 10 golpes, según su propia declaración. Pensó en hacer una prueba cuyos resulta- dos no pudieran ser puestos en duda solicitando que se indicara, mediante golpes y de manera sucesiva, la edad de cada uno de sus hijos. La respuesta fue acertada. En- tonces la Señora Fox preguntó si era un espíritu quien golpeaba. Ante el silencio ideó que se dieran dos golpes para un sí y uno para un no; la respuesta fue afirmativa. Por tal procedimiento logró saber que los golpes eran producidos por el espíritu de un hombre que había sido asesinado años atrás en esa propiedad. La Señora Fox preguntó si continuaría golpeando en caso de que avisara a los vecinos, al obtener respuesta confirmatoria fueron avisados algunos vecinos que, atónitos ante el fenómeno, fueron llamándose unos a otros congregando a numerosas personas.

A la noche siguiente se congregaron gran núme- ro de vecinos repitiéndose el fenómeno. El Sr. Duesler, vecino de los Fox, apeló a la utilización del alfabeto para obtener respuestas más amplias que un sí o un no, determinándose entonces la identidad del espíritu comunicante Charles Rosma, cuyo cadáver había sido enterrado en el sótano. Se iniciaron las excavaciones de comprobación, que hubieron de suspenderse al aparecer agua. Más tarde se reiniciaron y se hallaron fragmentos correspondientes a un cuerpo humano, no siendo hasta 1904 que se confirmó lo declarado en aquellos días, en un diario no espiritista.

Inmediatamente los vecinos se constituyeron en un Comité de investigación, liberados de toda clase de pre- juicios, con el único fin de registrar fielmente los hechos, intentando averiguar el origen de los golpes y dándole publicidad al informe. El comité no pudo llegar a discer- nir el origen de los golpes, nombrándose otros dos co- mités posteriores, cada vez más predispuestos a negar el fenómeno, pero en ninguno de los tres casos se pudo determinar el origen de los golpes y no se halló falsedad o manipulación en las niñas.

Ante la avalancha de curiosos, la familia se vio obli- gada a abandonar la propiedad, pero los fenómenos continuaban con las niñas, incluso se extendieron a la hermana Lea (Sra. Fish). El fenómeno parecía contagioso, ya que por todas partes surgían nuevos médiums, hasta ahora ocultos ante el miedo al ridículo. Se cumplía así la comunicación recibida por Andrew Jackson Davis en la misma noche del 31 de marzo “esta noche comienza una auténtica invasión organizada para demostrar al hombre la existencia de los espíritus”. Así sucedió sin duda, re- movida la curiosidad de las gentes y avivada por las sesio- nes públicas, que dieron las hermanas Fox, los médiums surgían por todas partes, dando representaciones en lu- gares públicos y en casas particulares.

Sin duda lo relevante, en este caso, y en los siguien- tes que proliferaron con profusión fue el enorme interés que suscitó en el público, las masas acudían a las representaciones y se interesaban por el fenómeno. Los periódicos y las publicaciones de la época se hacían eco de los eventos. Los asistentes pertenecían a todos los estamen tos sociales y culturales y entre ellos, tras el primer acercamiento debido a la curiosidad, encontramos a aquellos que fueron más allá de considerarlo como una mera di- versión e intentaron analizar la producción del fenómeno y la causa que lo provocaba para entender el sentido que tenían todos aquellos fenómenos y las consecuencias de todo tipo que implicaban para el hombre. Así vemos acercarse, escépticos al principio, a hombres de ciencia que analizan, estudian, comprueban el fenómeno y llegan a la conclusión de la veracidad del mismo, implicando un cambio en el patrón de creencias de aquellos que se convencen. Sirva de ejemplo los casos del juez Edmonds y el profesor Roberto Hare -que fueron médiums-, el exgobernador Tallmadge, Roberto Owen y el profesor Hapes, muchos de ellos perseguidos profesional y personalmente después de su adhesión a lo que vendría a constituirse en una nueva doctrina: “El Espiritismo”. No queremos dejar sin mención la enorme paciencia que mostraron estos misioneros encargados de extender el conocimiento del fenómeno, ya que se sometían a toda clase de análisis y pruebas para verificar que no eran un fraude, llegando a ser atados fuertemente. Sin duda hubo charlatanes, farsantes que aprovecharon la circunstancia para hacer negocio, pero el tiempo colocó a cada uno en su lugar; así como también surgieron teorías que se demostraron absurdas para explicar el fenómeno como la del músculo crujidor y que fue convenientemente con- testada por Kardec. En contraposición, las observaciones y estudios de Sergei Aksakov y Sr. William Crookes y los fenómenos físicos operados, entre otros, por Daniel Dunglas Home, los hermanos Davenport, Florence Cook y por Eusapia Palladino.

De la rapidez con que se extendió el fenómeno habla la constitución de la primera organización espi- ritista regular en Nueva York el 10 de junio de 1854:

«Sociedad para la difusión del conocimiento espiritista». O que en la prensa de los primeros años se registraran hasta 500 fenómenos diferentes y que vieran la luz los primeros libros espiritualistas, entre otros: Moderno espiritualismo americano y Milagros del S. XIX a cargo de la Sra. Hardigen Britten, fundadora del periódico espiritista Ambos mundos en Manchester, quien recorriera con su marido Australia, Nueva Zelanda, U.S.A como misione- ros del espiritismo. Desde el principio el fenómeno se extendió a la vieja Europa llegando hasta Rusia, la propia Catalina Fox visitó Inglaterra, por la generosidad de Mr Carlos E. Livermore para difundir la nueva doctrina, pu- blicándose una reseña detallada, de las primeras sesiones, con el título «Ciencia y Espiritismo» en The Times, en Londres. Se crearon centros como el de Yorkshire, desde donde se propagó a Lancashire. En Keighley na- ció el periódico Yorksihe Spiritual Telegrapg. El libro sobre diez años de experimentos del espiritismo de la Sra. De Morgan, fue una de las primeras señales de que el nue- vo momento se había extendido tanto entre las clases elevadas como entre las masas. Los escritos del Reverendo Staton Moses hicieron subir considerablemente el nivel de difusión del movimiento (1872-1873).

El fenómeno del espiritismo, como hemos dicho, se exportó a Europa y una forma, determinante de su pro- lija difusión, fue mediante una manifestación física muy concreta “las mesas giratorias”. Todo comenzó a principios de abril de 1853 con la publicación en la Augsburg Gazette del experimento que habían llevado a cabo el Dr. Andrée y un comerciante de Bremen a quien su hermano, residente en Nueva York, había enviado unas instrucciones para reproducir el fenómeno. El artículo fue reproducido en periódicos alemanes y franceses y, a partir de ahí, la moda de las mesas giratorias o parlantes se extendió por toda Europa. En salones aristocráticos y en hogares humildes se reproducía el fenómeno. No tardó en evolucionar de tal modo que las mesas pasa- ron a levitar, a crujir, bailar y a mandar mensajes por me- dio de golpes. Era el divertimento de moda. Se invitaba a tomar té y a la mesa giratoria

Aquí se reprodujo el interés generalizado de las masas, se perfeccionó el sistema de comunicación y de recitar el alfabeto, cuestión harto tediosa, se llegó a inventar lo que se llamó “psicógrafo” y “planchette” y más tarde “ouija”. Así se agilizaba la comunicación entre ambos planos.

Las primeras noticias sobre las mesas giratorias llegaron a España a finales de abril de 1854, suscitando el mismo interés que en todas partes, y siendo objeto de estudio detallado por el estamento médico, realizándose estudios y publicaciones de informes y dictámenes. La presencia de las mesas parlantes o giratorias, dando comunicaciones y realizando predicciones fue masiva y fugaz, pero tuvo tres efectos destacados:

1º La llamada de atención hacia la actividad mental inconsciente y sus efectos.

2º El auge del magnetismo animal puesto que una de las explicaciones que se intentaron dar se encuadra- ba en esta categoría.

3º El desarrollo del espiritismo en toda Europa, no olvidemos que Kardec, el codificador el espiritismo, tuvo el primer contacto con el espiritismo al asistir a una sesión de mesa parlante.

Una vez cumplida la finalidad a la que estaba desti- nado el fenómeno, éste desapareció, pues ya se habían dado muestras suficientes de la existencia del mundo espiritual, del destino y del futuro del hombre. A conti- nuación se dio paso a la fundamentación y codificación de la nueva doctrina, cuando en 1857 se publicó El Libro de los Espíritus. El basamento, el andamiaje y la difusión del Espiritismo debían seguir otros derroteros. La infor- mación estaba, ahora ya, al alcance de todos aquellos que querían evaluarla. Como ya fue dicho: «Quien tenga ojos para ver que vea y quien tenga oídos para oír oiga».


BIBLIOGRAFÍA

CONAN DOYLE, A. Historia del Espiritismo [En línea: versión digital de la Federación Espírita Española: http:// www.espiritismo.cc/Descargas/libros/Historia-Espiritismo.pdf,  p. 37]

GONZÁLEZ DE PABLO, A. “Sobre los inicios del espiritismo en España: La epidemia psíquica de las mesas giratorias de 1853 en la prensa médica”. En: Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia, 2006, vol. LVIII, nº 2; julio-diciembre. KARDEC, A. “El músculo que cruje” En: Revista Espirita, periódico de estudios psicológicos, Año II, Junio de 1859, nº 6. KARDEC, A. “Las mesas voladoras” En: Revista Espirita, periódico de estudios psicológicos, octubre de 1859.

KARDEC, A. El Libro de los Médiums.

KARDEC, A. “Conversaciones familiares del más allá. Señora Ida Pfeiffer, célebre viajera”, artículo de la Sociedad del 7 de septiembre de 1859.

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