Según Allan Kardec fue en Cádiz, en el año 1853, donde encontramos el primer grupo espírita organizado en Europa, sirviendo de prueba el primer libro impreso de comunicacio- nes en el año 1854. Estrictamente hablando, no podemos dar el calificativo de espírita hasta la creación de ese término al- gunos años después. Pero es una muestra de la manifestación universal de los espíritus y que en el caso de España preparaba el terreno de una gran divulgación espírita.

Tras la publicación de El Libro de los Espíritus, en abril de 1857, era necesario algo más que un héroe para lograr que el libro llegase a las católicas tierras españolas. Un tal Capitán Lagier daba todo el perfil, ya que aunaba valor y espíritu re- volucionario, además de una incansable capacidad de luchar contra toda injusticia. En un momento crucial de su vida, abati- do por el crimen cometido contra su hijo, desesperado por las injusticias de los “poderosos de negro” se encuentra El Libro de los Espíritus en Marsella.Y con él, el resto de españoles que lo leerían gracias a sus portes clandestinos de ejemplares de esta obra, y a sus artículos en la prensa española. Posterior- mente sería uno de los artífices de la revolución de 1868.

Pero eso no bastaba, la espiritualidad tenía aspiraciones más altas con el país de Cervantes, y fue necesario provocar un acontecimiento que llevase a la sociedad española a tener verdadero interés por consultar aquel libro. Nada mejor que la condena de la Iglesia. Una antorcha y un Auto de Fe cons- tituyeron la mejor campaña de publicidad que el Espiritismo haya podido tener. Esto explica por qué, pocos años después, hubo más espíritas en España que en ningún otro lugar, abrién- dose con ello al mundo hispano y preparando el refugio del Espiritismo en Sudamérica, en previsión de las sombras de guerra que asolarían Europa.

Habría también Autos de Fe contra el Espiritismo en las ciudades de Alicante y Cádiz. Se prodigaban las publicaciones y los centros espíritas en numerosas ciudades y allí donde la Iglesia más atacaba al Espiritismo, éste más interés popular re- cibía. En Alicante se crea el centro más numeroso de España, con más de mil socios el día de su fundación.Y algo tuvo que ver el obispo de Orihuela, uno de los prelados más destaca- dos en España, dedicado con ahínco y exclusividad a escribir y luchar contra los espíritas. En apenas 12 años de la condena se llegó a las Cortes con el proyecto del Espiritismo en la Ley de Educación. Más alto no se pudo llegar.

Con el I Congreso Espiritista Internacional, en 1888, se inició la fase divulgativa y unificadora del movimiento espírita, hasta que un siglo después tuvo en la fundación del Consejo Espírita Internacional su mejor expresión.

El objetivo del presente número de la revista es bosque- jar lo que aquí sucedió en lo relativo al Espiritismo sin ningún ánimo patrio, pues como espíritas somos reencarnacionistas. Por mucho que amemos nuestros orígenes, tuvimos y tendre- mos otras moradas, y nuestra cierta nación es el Universo. Aun así no podemos evitar la profunda emoción y recono- cimiento ante estos grandes adalides pioneros del progreso: Amalia Domingo Soler, José María Fernández Colavida, Miguel Vives, Vizconde Torres-Solanot, Jacinto Esteva Marata, Quintín López, Salvador Sellés, Manuel Ausó y muchos otros.

Allá donde os encontréis, siempre estaréis presentes en la memoria espírita y pronto en los anales de la Historia Uni- versal. Esta historia aún no ha concluido, por eso necesitamos de vuestras sabias inspiraciones y quizá de vuestras reencarna- ciones. Nos habéis mostrado el camino, habéis escrito con fir- meza las primeras líneas, pero todavía nos quedan las páginas más felices por trazar. Son las páginas del progreso, del triunfo de la verdad por la ciencia, del reino del amor, la libertad, la justicia y la paz.

A pesar de los reversos de la oscura historia española, imperialista e inquisitorial, el Espiritismo español ha escrito y subrayará en sus anversos la verdad libertadora.

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