El 11 de diciembre de 1888 partía hacia la “Patria Espiritual”, después de una larga enfermedad, José María Fernández Colavida. Meses antes, en septiembre, se había celebrado el Primer Congreso Internacional Espiritista en Barcelona, convocado por el Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos. Allí, después de ser aclamado por la gran multitud de los asistentes, fue designado Fernández Colavida su Presidente Honorario, proclamándose la existencia   y virtualidad del Espiritismo como la Ciencia integral y progresiva.

Nace en Tortosa (Tarragona) el 19 de marzo de 1819, hijo de padres acomodados, y recibe en sus primeros años una importante educación que posteriormente serviría como base fundamental para el desarrollo de su conocimiento intelectual.

Su padre, que fue Secretario del Gobierno Militar y político en Tortosa, tras la muerte del rey Fernando VII, fue destituido, perseguido y exiliado. Siendo José María el mayor de ocho hermanos y motivado por la grave situación creada para el sustento de su hogar, se ve obligado a los 16 años de edad a abandonar la familia e incorporarse al ejército, prestando sus servicios desde el 1 de noviembre de 1835 en la 6ª Compañía del Primer Batallón de Tortosa.

Tras la heroica defensa de Morella, cae prisionero como teniente coronel, siendo trasladado con otros combatientes de guerra a Cádiz. La ejecución de su padre, mediante fusilamiento, el 15 de julio de 1835, junto con todo el período de padecimiento y dolor que sufrió hasta su liberación   el 25 de septiembre de 1841, le sirvieron de aprendizaje, marcando su vida en la búsqueda de la paz. Participó también en las guerras carlistas, donde se distinguió por su valentía y humanidad, al enviar miles de mensajes consoladores a sus compañeros para que mantuvieran alta su moral.

Tras los conflictos emigra a Francia, donde estudia y aprende con una gran perfección el idioma de este país. Es aquí donde conoce y practica el magnetismo, basándose en las enseñanzas de Du Potet y otros magnetizadores franceses. Regresa a Barcelona y después de terminar sus estudios de notario, que no desarrolló profesionalmente, se casa con la joven Ana Campos, que posteriormente se reveló con magníficas facultades psíquicas y que apoyaron los estudios realizados por José María.

En 1860 contacta con el capitán de la marina mercante Ramón Lagier y Pomares, que comandaba el vapor «El Monarca», quien le entrega uno de los libros que había traído de la ciudad de Marsella, Le Livre des Esprits. Le impresiona de tal manera su lectura, en francés, que le visita en su propio barco al siguiente día manifestándole que, debido a su profundo conocimiento de la lengua francesa, traducirá la obra al castellano. De esta manera comienza a forjarse como una de las figuras más destacadas del Espiritismo en España, llamado a partir del Congreso Internacional de 1888 el “Kardec Español”. En 1861 se publica, traducido al castellano, El Libro de los Espíritus, significándose como el primer español que traduce las obras de Allan Kardec.

Paralelamente, se distingue por su condición de extrema caridad humana, preocupándose por aquellos que padecen necesidades de todo orden. Su entusiasmo le lleva a fundar, junto con otros colaboradores, la «Asociación de Amigos de los Pobres», que desarrolló durante mucho tiempo, siendo nombrado Presidente. La defensa de los intereses de la Sociedad le causó muchos enfrentamientos, creándole enemigos.

El año 1869 fue muy importante para él, ya que fundó y dirigió la Revista de Estudios Psicológicos de Barcelona, durante casi veinte años, defendiendo desde sus páginas de manera lógica y racional el Espiritismo, contra todos aquellos que utilizando la prensa se enfrentaban al progreso de la Doctrina Espírita. Creó la «Sociedad Barcelonesa propagadora del Espiritismo», dirigió el «Grupo Espírita La Paz» y estableció en Barcelona la primera Librería Espiritista.

Comienza a destacarse a partir de 1870 José María Fernández Colavida, manteniendo unas relaciones de amistad muy profundas con el maestro Allan Kardec y traduce sus obras. Al mismo tiempo, son muy valorados y reconocidos sus trabajos como investigador en los terrenos del magnetismo e hipnotismo, realizando experimentos con la regresión de la memoria, presentando una metodología rigurosamente científica, volcada en la demostración de la reencarnación.

Con abnegación, dedica personalmente mucho tiempo a contestar las cartas que recibe habitualmente sobre consultas y también solicitudes económicas de personas necesitadas, que intenta corresponder dentro de sus posibilidades al pertenecer a la «Sociedad de Socorros Mutuos», a pesar de los escasos recursos de que dispone.

Su carácter abnegado, de humildad y modestia, siempre dispuesto a ayudar a los más débiles, más sus constantes esfuerzos y sacrificios en la divulgación del Espiritismo fueron las pautas para designar a José María Fernández Colavida como uno de los espiritistas más sobresalientes de la historia del Espiritismo en España.

La Asociación de Estudios Espíritas de Igualada, junto con la Federación Espírita Española, inicia en el año 2007, después de un complicado trabajo de investigación, la restauración del sepulcro de José María Fernández Colavida en el cementerio de Montjuïc, contando con la colaboración económica de diversos centros espíritas. De este modo, como homenaje al destacado espiritista, fue colocada una lápida idéntica a la primigenia derruida por el abandono en el tiempo transcurrido, destacando las mismas inscripciones, el 1 de junio de 2007, y dándole así la dignidad que merece su Espíritu.

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