A lo largo de la corta historia del espiritismo, algo más de 150 años, constatamos que en tiempos en que han imperado regímenes totalitarios, éste ha sido reprimido y perseguido, mientras que ha podido desarrollarse en tiempos de tolerancia a la pluralidad de pensamientos, como durante las dos repúblicas españolas.

En la segunda mitad del siglo XIX todavía coleaba la intolerancia de la Inquisición y destacamos como muestra dos autos de fe contra obras espiritistas. En primer lugar, la ejecución de la orden del obispo Palau con la cremación pública de 300 obras y folletos, esencialmente de Allan Kardec, el 9 de octubre de 1861 en Barcelona. Este auto de fe tuvo como consecuencia el efecto contrario al deseado por sus promotores y convirtió a Barcelona en la capital espiritista de España. Pocos años después, asistimos a la destrucción de la obra Noción del Espiritismo del filántropo, médico y abogado, Dr. Joaquín HuelbesTemprado en 1867 en Madrid.

Pese a estas muestras de intolerancia y represión, el espiritismo seguía expandiéndose entre todas las clases sociales, principalmente a través de las numerosas publicaciones periódicas que nacían en distintas ciudades de toda la geografía española. La primera de estas revistas fue El Criterio, revista quincenal científica, iniciada en Madrid en enero de 1868, pocos meses antes del triunfo de la Revolución gloriosa, que dio paso al Sexenio Democrático. El Criterio, fundado por Alverico Perón y cuyo primer director fue Joaquín Huelbes, más tarde pasó a denominarse El Criterio Espiritista. En su número de noviembre se mostraba como el órgano de la Sociedad Espiritista Española y presentaba en su cabecera la máxima socrática “Nosce te ipsum”, inscripción que presidió el templo de Apolo en Delfos y que constituye un elemento primordial de la propuesta espiritista en su búsqueda del mejoramiento del ser.

Durante la breve I República Española (1873-74) se escribió una hermosa página en la historia del espiritismo. En estos momentos históricos de libertades y aspiraciones de mejora social, el espiritismo se desarrollaba y era abrazado por numerosos hombres de ciencia y letras. De este modo, en el marco de la renovación pedagógica de la enseñanza, durante la primera legislatura de las Cortes Constituyentes, se presentó una enmienda en virtud de la cual el espiritismo formaría parte de las materias que se debatían en el proyecto de reforma de la primera y segunda enseñanza, así como de las universidades.

El texto legislativo decía así:

«Los diputados que suscriben, conociendo que la causa primera del desconcierto que por desventura reina en la nación española en la esfera de la inteligencia, en la región del sentimiento y en el campo de las obras, es la falta de fe racional, es la carencia, en el ser humano, de un criterio científico a que ajustar sus relaciones con el mundo invisible, relaciones hondamente perturbadas por la fatal influencia de las religiones positivas, tienen el honor de someter a la aprobación de las Cortes Constituyentes la siguiente enmienda al proyecto de ley sobre reforma de la segunda enseñanza y de las facultades de filosofía, letras y ciencias.

El párrafo tercero del artículo 30, título II, se redactará del siguiente modo:

Tercero. Espiritismo.

Palacio de las Cortes, 26 de Agosto de 1873. —José Navarrete. —Anastasio García López. —Luís F. Benítez de Lugo. —Manuel Corchado— Mamés Redondo Franco.»

En el proyecto de Constitución Federal de la República Española de 1873, que no llegó a promulgarse, el artículo 34 recogía que «El ejercicio de todos los cultos es libre en España». Por otro lado, en el breve tiempo que dura la I República, los espiritistas españoles fueron los promotores de la celebración de un congreso internacional. De este modo, en la carta que el 23 de mayo de 1873 el presidente de la Sociedad Espírita Española, el vizconde Torres-Solanot, envía al Presidente de la Sociedad Espírita de Viena solicitando la celebración de un congreso internacional, indicaba «el mes de julio me pasaré por esa capital para llevarles el fraternal saludo de los espiritistas de Madrid a los hermanos vieneses y tener la satisfacción de darles verbalmente cuenta de los progresos y creciente desarrollo del Espiritismo en España, desde que la legislación sancionó la libertad de pensamiento y la libertad de cultos».

El tiempo de vida de la I República fue breve, pero en el ánimo de los espiritistas españoles se había asentado la idea de realizar encuentros internacionales. Por este motivo, además del intento de celebración del encuentro de Viena, en 1875, tanto la Revista Espiritista de Barcelona, como a continuación El Criterio Espiritista, exponían la conveniencia de celebrar la Exposición Espiritista de Filadelfia, coincidiendo con la Exposición Universal que se celebraría en 1876 en dicha ciudad. Estos encuentros finalmente no pudieron ser una realidad y así el primer Congreso Internacional Espiritista tuvo lugar en 1888 en Barcelona, para lavar de este modo la mancha del auto de fe que había tenido lugar en la Ciudadela, el mismo lugar en que se celebraba ahora la Exposición Universal. A dicho encuentro acudieron más de 2000 personas.

La II República Española (1931-1939) supuso un amplio avance del espiritismo. En el V Congreso Espiritista Internacional, que nuevamente se celebró en Barcelona, del 1 al 10 de septiembre de 1934, las autoridades tanto del ayuntamiento como de la Generalitat lo apoyaron de manera decidida. El alcalde de Barcelona, Carles Pi i Sunyer (ERC), además de ceder el Palacio de Proyecciones, ofreció una recepción en el ayuntamiento a los congresistas.

El presidente de la Generalitat Lluís Companys no pudo asistir a la inauguración del congreso internacional, pero envió en representación al diputado Amadeu Colldeforns (ERC), que se expresaba así al final de su alocución a los congresistas:

«Bienvenidos seáis en nuestra tierra, y Dios haga que podáis conseguir grandes victorias dentro de este campo de estudio y experimentación tan vasto y que estos triunfos os faciliten la labor de emancipación espiritual de la Humanidad. Yo os auguro estos triunfos, porque vais acompañados de la ciencia que os permite el control y demostración de estos fenómenos espiritistas con cuya demostración científica podréis alcanzar la victoria absoluta de vuestros ideales y de las humanitarias aspiraciones con las que procuráis luchar contra la indiferencia de los hombres.»

En la documentada obra Cos i revolució del sociólogo Gerard Horta se recoge que en 1929, en la casa del futuro presidente Companys, tenían lugar reuniones mediúmnicas. Y asimismo que, en los primeros años de la postguerra, en la cárcel Modelo de Barcelona, llena de presos anarquistas y comunistas, también había reuniones de espiritistas en las celdas. Y es que en estos tiempos, el movimiento obrero y el espiritismo iban de la mano.

El espiritismo se extendió ampliamente entre las capas populares pese a los ataques de la iglesia católica, por su propuesta de una espiritualidad razonada, sin dogmas ni cultos, centrada en la fraternidad universal. En palabras de Horta, se extendió como «religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora del ideal superior del bien colectivo.» También, tal como expresaba Miguel Vives en el Congreso de 1934: «Para los espiritistas la patria es el mundo y la familia la humanidad». El espiritismo fue un movimiento social dinámico y libertador de tal envergadura en las primeras décadas del siglo XX, que sólo la brutal represión a partir de 1939, con fusilamientos y expolios, logró silenciarlo durante décadas.

Durante la guerra civil algunos grupos espiritistas siguieron reuniéndose, pero la mayoría se fueron disolviendo por causa de la guerra y por presiones políticas, tal como muestran las actas del centro espiritista “La Verdad por la Ciencia” de Jumilla, creado el 22 de enero de 1923 y extinguido el 21 de enero de 1939. En su acta de disolución, se recogía este revelador dato «según nuestra federación, se hallan disueltas (totalmente casi) todas las asociaciones federadas desde que estalló el movimiento revolucionario en España, pero por presión de los revolucionarios de diversas ideas». Con motivo de la disolución de este centro espiritista, tal como recogían sus estatutos, se acordó que los fondos se destinasen a enfermos de la localidad. De este modo se hacía efectiva una de las máximas del espiritismo “Fuera de la caridad, no hay salvación”, entendida la caridad como amor fraterno.

Con el final de la guerra civil en 1939 y el triunfo   de la dictadura militar, el espiritismo, como el resto del pensamiento no afecto al nuevo régimen totalitario, fue prohibido y perseguido. El espiritismo pasó a la clandestinidad, muchos centros históricos se cerraron y su documentación fue ocultada, destruida o incautada. Los documentos de

la Federación Espírita Española, cuya sede estaba en esos momentos en Barcelona, y de algunos centros espiritistas, fueron expoliados, encontrándose actualmente depositados en el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca. Sería de justicia que los documentos volvieran a sus legítimos propietarios, esto es, a aquellas instituciones que los generaron o recibieron, en este caso a la Federación Espírita Española.


Bibliografía

BARRERA, F. El auto de fe de Barcelona, 1926. [En línea: <www. espiritismo.cc/Descargas/libros/AutodeFe.pdf>]

FEDERACIÓN ESPIRITISTA INTERNACIONAL. FEDERACIÓN ESPÍRITA ESPAÑOLA. V Congreso Espiritista Internacional. Libro Resumen. Barcelona, 1934 [En línea: <www.espiritismo.cc/ Descargas/libros/Congreso-Espiritista-1934.pdf>]

HORTA, G. Cos i revolució. L’espiritisme català o les paradoxes de la modernitat. Barcelona: Edicions de 1984, 2004.

Primer Congreso Internacional Espiritista. Barcelona: Imprenta de Daniel Cortezo, 1888

MÉNDEZ BEJARANO, M. Historia de la filosofía en España hasta el siglo XX, cap. XIV El Espiritismo, 1925-26. [En línea: <www. filosofia.org/aut/mmb/hfe1714.htm>]

Fuentes: Centro Documental de la Memoria Histórica (Salamanca)

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