La  Guerra  Civil  Española  (1936-1939)  acabó  con la Edad de Plata de las Ciencias y Artes españolas. La desmembración del grupo poético del 27, el fin de las libertades intelectuales, la hora del yugo ideológico azotó a España durante casi 40 años.

En un país floreciente, donde el Premio Nobel (1906) de Ramón y Cajal hacía despertar la aletargada ciencia española; con el mundo de las letras permitiéndose el lujo de denostar el Nobel de Literatura a Echegaray por no considerarle digno de tal; con Albéniz, Falla, Granados y Tárrega, por mencionar a algunos, elevando la categoría musical a primerísima calidad y popularidad, rasgos difíciles de aunar; donde dramaturgos como Jacinto Benavente, recién estrenado su Premio Nobel de Literatura (1921), ponía sobre las tablas su obra Más allá de la muerte con claros guiños al Espiritismo; o vemos a un Valle-Inclán asistir curioso a una de las investigaciones de Cesare Lombroso con la médium Eusapia Paladino.

El Espiritismo no era algo desconocido. España era la primera potencia en cantidad de adeptos, realizándose nuevamente en ella el Congreso Mundial en 1934. El mundo del pensamiento también nos otorgaba baluartes tan preclaros como José Ortega y Gasset y María Zambrano. Ante este floreciente panorama del pensamiento creador en ebullición, unos bruscos, certeros y horripilantes disparos siegan el talento de García Lorca, exilian a Severo Ochoa, horrorizan a Pablo Neruda y hacen exclamar a César Vallejo su poema “España aparta de mí este cáliz”. Muchos fueron fusilados, otros encarcelados. El exilio fue el menú que muchos tuvieron que ingerir. La única religión admitida fue el catolicismo y en el afán anti-masón del General Franco, muchos espiritistas fueron encarcelados dadas las vinculaciones que en los últimos tiempos existían entre ambos movimientos.

Desde 1939 hasta 1978 año de la Constitución Española, en las lides espiritistas se cernió un manto muy oscuro y tupido, el más hondo de los silencios hizo su mella. Cualquier manifestación pública equivalía a paliza y presidio. Los centros quedaron clausurados, la prensa espírita suspendida y toda publicación prohibida. Los libros fueron atesorados con el máximo recelo en lugares secretos para no ser hallados y las reuniones, como si de la época de las catacumbas se tratara, se hacían en el más absoluto recogimiento y casi siempre en familia.

Esta época fue sombría en muchos sentidos. El Espiritismo se mestizó con prácticas propias de la cultura popular, con el curanderismo; al dejar de existir un órgano federativo, muchos nombres eran olvidados, muchos libros incomprendidos, muchas prácticas distorsionadas; muchos médiums sufrieron la imposibilidad de comprender cabalmente y con un método sensato, el porqué de su percepción extrasensorial y sensibilidad acuciada.

Mientras, al otro lado del Atlántico, en Brasil, el Espiritismo tomaba el relevo y muchos futuros espíritas españoles, aún sin saberlo, se iniciaban allí para después volver a sembrar en su patria las semillas que lo harían renacer.

César Bogo nos narra, en su biografía sobre Amalia Domingo Soler, que intentó por aquellos años (1969) contactar con espíritas españoles, para saber del paradero de la tumba de la poetisa y divulgadora espírita, hallando respuestas tales como: «En referencia a la tumba de la hermana desencarnada Amalia Domingo Soler, nos encontramos ignorantes por completo de su ubicación… ello constituye una verdadera vergüenza por todos los que pertenecemos a la Unidad de la Ley Universal.» Siendo Ley Universal el sinónimo de Espiritismo, pues tal era el miedo que, si alguna vez enviaban una revista a España, les pedían que la envolvieran bien, ocultando el título de la materia. He aquí el ejemplo de lo dicho: «El Espiritismo en España sigue prohibido (pese a la libertad de culto promulgada en el Concilio Vaticano II). En la casa que vean reuniones asiduas, va la policía y se los llevan a todos detenidos. Con gran pesar hemos de comunicarles que en este país se avecinan tiempos muy sombríos; pueden perjudicarnos personalmente, por lo que será conveniente que suspendan el envío de la Revista, la que, con grandes titulares pueden comprometer seriamente. Es una fatalidad que desde la Guerra Civil española nos conocemos demasiado y actualmente el malestar se acentúa hacia una peligrosa confusión con afán de revancha.»

La tumba de Amalia estaba custodiada por Dña. Conchita Convalia Ballester, hija de Dña. Amparito, quien fuera médium y amiga de la escritora. Gracias a ella Brasil pudo enviar una placa conmemorativa donde se leía “Homenagem do Brasil” no pudiendo añadir la palabra Espiritismo. Al fallecer Dña. Conchita, todos los documentos y enseres que poseía de Amalia fueron legados por testamento a César Bogo, ante la grata sorpresa del investigador, pues seguramente él sabría darles mejor uso y valor, que aquella España desierta y yerma para las convicciones espiritistas.

En la década de los 70 varios de estos espíritas que anduvieron por tierras de Brasil comienzan a realizar su tarea de divulgación, dando sus primeros pinitos, por citar algunos tenemos: a José Aniorte Alcaraz, que tras sus vivencias en dicho país (narradas en su autobiografía Hechos y obras de una vida) se convenció de la realidad espírita y comenzó a editar las obras base que desde entonces reparte gratuitamente, en especial las que agrupan los artículos de Amalia en colaboración con su grupo “La Luz del Camino”de Orihuela. La insoslayable figura de Rafael González Molina (1920- 2005), verdadero adalid de la legalización del Espiritismo en España, logrando constituir la actual Federación Espírita Española (FEE) en 1984, de la que fue presidente hasta 1997, trayendo a España las figuras más relevantes del momento, como: Divaldo Pereira Franco, Juan Antonio Durante o Raúl Texeira, siendo también fundador del “Centro de Estudios y Divulgación Espírita” (CEYDE) de Madrid en 1978. Otro personaje muy querido y que mantuvo el Espiritismo vivo durante toda la dictadura tanto en su corazón como en sus obras fue Manuel Uceda Flores (1923-2005), cuyo grupo “Luz, Ciencia y Amor”de Jaén publicó una interesante obra Desde la otra vida, en donde se encuentra una selección de las comunicaciones que obtuvieron en sus reuniones clandestinas desde 1931 hasta 1979, abarcando el período arriba mencionado.

En 1981 tiene lugar el I Congreso Espírita Nacional, primer evento de importancia desde aquel Congreso Mundial de 1934. Poco a poco el Espiritismo en España comenzó a salir de su letargo, los grupos comenzaron a constituirse y federarse; las reuniones clandestinas de ámbito más bien familiar fruto de los largos años de prohibición franquista, dieron lugar a encuentros con personas de idénticas convicciones, en un intercambio constructivo y reconfortador; las revistas comenzaron de nuevo su auge; las obras espíritas volvieron a comercializarse en España, con obras procedentes de Argentina, en especial la Editora 18 de abril -ahora conocida como Fundación Humanística Allan Kardec (FEHAK)-, y con editoras españolas entre las que podemos destacar: la Editora Espírita Española de Madrid, fundada por González Molina en 1985, la Editorial Amelia Boudet de Barcelona, o la Editora Allan Kardec de Málaga.

En 1992 España acogió el Congreso Espírita Mundial en Madrid, durante el cual se creó el CEI (Consejo Espírita Internacional), que promueve la unificación del movimiento espírita a nivel mundial. Impulsado por este evento, al año siguiente en Montilla (1993), con la colaboración del grupo “Amor y Progreso” y su presidente José de la Torre León junto a González Molina, se dio lugar a un mini congreso que marcó un antes y un después, sentando las bases de los congresos nacionales que se convertirían en un evento anual a partir de entonces. En 2010 se volvió a celebrar un Congreso Espírita Mundial, esta vez en Valencia, siendo presidente Salvador Martín Moral, quien ostenta el cargo desde el año 2000; habiendo estado antes en el cargo (1997-2000) otra persona muy querida y respetada en el espiritismo español, Santiago Gené Mateu, actual presidente del Centro Espírita Joanna de Angelis de Reus (Tarragona).

La llegada de Internet permitió trasmitir de un modo más directo la información espírita, incluyendo clases por chat y foros de discusión, pudiéndose descargar gratuitamente un sinfín de obras espiritistas desde la página oficial de la FEE;

algunas de las cuales están descatalogas y son un auténtico hallazgo para el estudioso. Además, para la adquisición de libros, existe la recién creada Librería Espírita que posee el stock de librerías ya extintas, además de las nuevas ediciones que van saliendo al mercado castellano.

Los grupos federados han ido aumentando progresivamente desde aquel 1984, con continuos encuentros, charlas, simposios, congresos regionales, ediciones de periódicos y actividades de compromiso social. (Al final de la revista se hallan los centros federados con su dirección y email, y muchos de ellos poseen su propia página web, donde podrán conocer sus actividades y entablar una relación más directa.)

Entre las múltiples publicaciones, existen dos actualmente que destacan por su solidez: El Ángel del Bien editada por el centro “Entre el Cielo y la Tierra” de San Martín de Valdeiglesias (Madrid); y Visió Espírita, por el grupo “Amalia Domingo Soler” de Barcelona, que retoman el testigo de una larga historia de publicaciones, pasadas y presentes, que de por sí darían lugar a un artículo aparte.

El evento espírita por excelencia en España sigue siendo el Congreso Nacional, que se celebra habitualmente durante el primer puente de diciembre, siendo un momento ideal para el reencuentro de viejos amigos y conocer de primera mano qué es el Espiritismo para aquellos que se acerquen por primera vez a él.

Por lo tanto, el Espiritismo en España rebosa de una salud comunicativa y una seriedad propia de sus mejores momentos, pues día a día va aumentando su número de adeptos y modernizando su forma de llegar al público de un modo claro y directo.

 


Bibliografía

ANIORTE, J. Hechos y obras de una vida. Orihuela, 2006. Distribución gratuita.

BOGO, C. Amalia Domingo Soler. La gran Señora del Espiritismo. Editora Espírita Allan Kardec, Málaga, 1998, p. 18-22. (La edición original de la obra data de 1974.)

«¿Podemos hablar con los muertos?» En: Revista Más Allá. Monográfico nº 56, (2009).

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