Todos  los centros espíritas serios, que trabajan a través del servicio al prójimo, desde los dos planos de la vida, encarnados y desencarnados, procurando auxiliar a sus componentes y a la comunidad en que sirven, comprenden la importancia cada vez mayor del intercambio espiritual entre las criaturas, y saben que no deben dispensar el recurso precioso que las reuniones mediúmnicas pueden ofrecer.

Para que una reunión mediúmnica seria pueda tener lugar debe guiarse a la luz del Espiritismo. Es necesario comprender que una reunión mediúmnica no es una actividad con características meramente transcendentales, sino más bien un trabajo que se fundamenta en la acción de la caridad, teniendo en cuenta a los Espíritus a los cuales va dirigido.

La reunión mediúmnica deberá estar formada por un grupo de personas responsables y conscientes de lo que van a realizar, y que recibieron previamente una preparación para corresponder a los imperativos a los que todos son convocados para ejercer en el santificado lugar en que se programa su ejecución. Sus componentes deben ser personas que entiendan la sublimidad de la tarea y que acepten trabajar con renuncia de sí mismas, en la gran obra de liberación de las almas. Comprenden los objetivos superiores que desean alcanzar, así como la necesidad de la práctica de la caridad bajo cualquier aspecto posible, pues solamente así atraerán a las Entidades respetables que se ocupan del bien de la Humanidad.

Los círculos mediúmnicos serios, que atraen a los Espíritus nobles y que encaminan hacia los servicios a aquellos desencarnados que les son confiados, no pueden ser el resultado de improvisaciones, sino de una programación superior. Los miembros que los constituyen estarán siempre atentos a los compromisos asumidos, de forma que puedan cooperar con los Mentores en cualquier momento que sea necesario, incluso fuera del día y horario establecidos.

Puntualidad de todos en la frecuencia, corrección de conducta en el ambiente, dulzura en la expresión durante los trabajos y alegría por encontrarse al servicio de Jesús, son los requisitos indispensables para los resultados felices de una reunión mediúmnica seria a la luz del Espiritismo. La reunión mediúmnica es el resultado del auxilio mutuo entre desencarnados y reencarnados, que se comprometen a atender los compromisos específicos que deban ser ejecutados.

Compete a los Espíritus orientadores la organización del programa, la defensa del recinto, la selección de aquellos que deberán comunicarse, providenciando mecanismos de socorro para antes y después de los tratamientos espirituales.

Desde las vísperas del trabajo, los benefactores espirituales establecen los primeros contactos psíquicos de las  entidades  espirituales  que  se  comunicarán a través de los médiums, desarrollando afinidades vibratorias compatibles con el grado de necesidad que precisen. Los benefactores espirituales cuidan de vigilar a los comunicantes, guardando a los componentes de la reunión de agresiones y de disturbios que fluyan de la agitación de los enfermos mentales y morales, así como de las distonías emocionales de los perversos que también son conducidos al tratamiento espiritual. Se encargan de orientar el criterio de las comunicaciones, estableciendo prudentemente su orden, para evitar el tumulto durante el ministerio de la atención, así como impidiendo que el tiempo sea desperdiciado por la inconsecuencia del sufriente desencarnado. Nunca improvisan, ya que todos los detalles del trabajo son debidamente examinados antes; y cuando algo ocurre que no estaba previsto, existen alternativas providenciales que impiden los desequilibrios en el grupo.

Simultáneamente, cabe a los miembros reencarnados las responsabilidades y acciones bien definidas, para que el conjunto se mueva en armonía y las comunicaciones fluyan con facilidad y equilibrio. Todo el conjunto es el resultado de interdependencia, tanto de uno como del otro segmento, formando un todo armónico.

Por este motivo, resulta imprescindible para los médiums la serenidad interior, a fin de poder captar los contenidos de las comunicaciones y las emociones de los invitados espirituales al tratamiento que necesitan. La mente equilibrada, las emociones bajo control, el silencio íntimo, facultan el perfecto registro de los mensajes de que son portadores, contribuyendo eficazmente a la catarsis de las aflicciones de sus agentes.

La práctica de la caridad, el estudio continuo de la Doctrina y la serenidad moral son de gran valía a los médiums, porque atraen a los Espíritus nobles que anhelan crear una nueva mentalidad entre las criaturas terrestres, superando las perturbaciones ahora vigentes en el planeta.

No nos olvidemos que todos somos instrumentos de las fuerzas con las cuales estamos en sintonía. Todos somos médiums, dentro del campo mental que nos es proprio, asociándonos a las energías edificantes si nuestro pensamiento fluye en la dirección de la vida superior, o asociándonos a las fuerzas perturbadoras y deprimentes, si todavía nos esclavizamos a las de la vida primitivista o torturada. Cada criatura, con los sentimientos que caracterizan su vida íntima, emite rayos específicos y vive en la onda espiritual con que se identifica.

Según afirma el espíritu Alberio, en el libro En los Domínios de la Mediunidad (André Luiz y Francisco Xavier): «Encontrándose la mente en la base de todas las manifestaciones mediúmnicas, cualesquiera que sean las características en que se expresen, es imprescindible enriquecer el pensamiento, incorporando los tesoros morales y culturales, los únicos que nos posibilitan fijar la luz que mana hacia nosotros, desde las esferas más altas, a través de los genios de la sabiduría y del amor que supervisan nuestras experiencias. Elevemos nuestro caudal de conocimientos a través del estudio bien conducido y perfeccionemos la calidad de nuestra emoción mediante el ejercicio constante de las virtudes superiores, si nos proponemos recoger el mensaje de las grandes almas.

La mediumnidad no basta por si sola. Es imprescindible saber qué tipo de onda mental asimilamos para conocer la calidad de nuestro trabajo y evaluar nuestra dirección.»

Otra función primordial durante la reunión mediúmnica cabe a los psicoterapeutas de los desencarnados. Éstos deben mantener el equilibrio personal, a fin de que sus palabras no sean vanas, y que estén fundamentadas en el ejemplo de rectitud y de trabajo a que se dedican. Deberán mantener un diálogo en clima coloquial y sereno, expresándose con ternura y compasión, sin verbalismo inútil o la presunción salvadora, como si fuesen portadores de una elevación irreprochable.

Los sentimientos de amor y de misericordia igualmente deben ser acompañados con los compromisos de disciplina, evitando diálogos demorados e insensatos, hechos de debates inconsecuentes, teniendo como objetivo que la oportunidad es de socorro y no de exhibicionismo intelectual.

El objetivo de la psicoterapia a través de la palabra y de las emanaciones mentales y emocionales de bondad no es el de convencer al comunicante, sino de despertarlo del estado en que se encuentra, predisponiéndolo para la renovación y el equilibrio que en él se inicia despertando hacia la vida espiritual.

Los psicoterapeutas deben conducirse con disciplina moral en el día a día de su existencia, a fin de que la amistad, el respeto y el apoyo de los Benefactores los auxilien en la conquista de sí mismos.

En una reunión mediúmnica seria no hay lugar para disimulaciones, resentimientos, antipatías, censuras, porque todos los elementos que la constituyen tienen carácter vibratorio, dando lugar a sintonías compatibles con la carga emocional de cada onda mental emitida.

Al equipo de apoyo se reservan las responsabilidades de la concentración, de la oración, de la simpatía a los comunicantes, acompañando los diálogos con interés y vibrando en favor del enfermo espiritual, a fin de que pueda asimilar los contenidos saludables que le son ofrecidos.

Ninguna institución de Espiritismo puede, con rigor, desinteresarse de este trabajo imprescindible para la higiene, armonía, amparo o restauración de la mente humana, trazando el esclarecimiento justo, sea a los desencarnados sufrientes, sea a los encarnados desprovistos de la educación íntima, que contenga la actuación deprimente aunque a veces involuntaria.

Cada centro espírita debe y necesita poseer un equipo de servidores de la reunión mediúmnica. Y cuando no esté destinado a socorrer a las víctimas de la desorientación espiritual que rondan sus puertas, lo será para la defensa y conservación de sí mismo.


Bibliografía:

KARDEC, A. El libro de los médiums.

MIRANDA, M.P. “Responsabilidade mediúnica”. En: Reformador. Rio de Janeiro: FEB. Año125. N. 2144 (Nov. 2007), p. 414-416.

Comunicación recibida a través de la psicografía de Divaldo Pereira Franco, el 28 de agosto de 2007, en el Centro Espírita Caminho da Redenção.

XAVIER, F.C. – VIEIRA, W. Desobsesión (dictado por el espíritu André Luiz)

XAVIER, F.C. En los dominios de la mediumnidad (dictado por el espíritu André Luiz)

(Traducido por Lola García)

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