«No sólo de pan vive el hombre»

Mateo 4:4

Al final de esta revista salen impresos en letra clara y bonita, resultona si se quiere, la infinidad de centros federados que hay en España. Por las lecturas anteriores, o por las que detrás de mi artículo leerás, puedes hacerte una idea ligera de qué es lo que ahí dentro hacemos.

Vivimos una etapa de profundos cambios ideológicos, espirituales, y de conmoción emocional. Desde el s. XIX la sociedad occidental, y por fenómeno de campo la mundial, han entrado en una vorágine de cambios. El totalitarismo religioso, con sus rígidas ideas de lo bueno y de lo malo, se vio arrostrado por un materialismo que en sus bases exigía una mayor humanidad, tener en cuenta al proletariado o las ansias libres del espíritu sobrehumano. Por citar a dos eminentes pensadores que todavía hoy calan en el pen- samiento occidental y cuya su sombra se alargó durante todo el siglo XX: Marx y Nietszche.

Entre esta barahúnda surgió el Espiritismo, llamado a recoger el testigo del sempiterno sentimiento religioso y de trascendencia que es eminentes al ser humano, pero con el espíritu positivista propio de los nuevos tiempos. Cogiendo lo noble y bueno de los cultos pasados, lim- piándoles el oropel de las formas y ensalzando la riqueza única del corazón puro, que ama a Dios, pero con la ener- gía de quien propugna cambios nobles y edificantes en la sociedad, y no sólo mira al más allá como un lugar de escapada, como si aquí sólo hubiera un “valle de lágrimas”. El esfuerzo de crear una sociedad mejor forma parte de la labor humanitaria del espiritismo, porque ejerce nuestra inteligencia y revitaliza nuestro espíritu, ayudando a crear un mejor lugar aquí, al que volveremos cuantas veces sea preciso, dada la ley de la reencarnación.

Con estas ideas los centros espíritas son pequeñas células de acogimiento fraterno, en donde a modo de re- uniones de estudio se realizan muchas actividades propias del sentimiento humano. Una de las labores de los centros espíritas es la atención fraterna. Somos seres holísticos, te- nemos un componente espiritual, el cual no está reconoci- do por la ciencia médica, ni por la psicología oficial, ni psi- coanalítica, apenas sólo por la transpersonal. Las personas que acuden a los centros espíritas vienen por dos razones básicas: vacío existencial o por una incipiente sensibilidad al plano espiritual que no comprenden. En el primer caso, la charla es amena y se les presenta nuestras ideas, los funda- mentos en los cuales nos basamos, el porqué del espiritis- mo y nuestra más sincera convicción. Se les invita a partici- par de nuestros estudios y trabajos, sin compromiso algu- no, más allá de la seriedad y el respeto básico que las reglas propias del civismo imponen. Dado este paso, las personas deciden si seguir con nosotros o continuar en su búsque- da, ya que Kardec dijo «fuera de la caridad no hay salva- ción» y no «fuera del espiritismo no hay salvación». A esto añadiré una anécdota de nuestro querido y admiradísimo médium Chico Xavier: Ocurría que había una médium de Umbanda que quería ser espírita, y comenzó a abandonar las prácticas ritualistas de ésta última, para adaptarse más al rigor y sencillez del espiritismo, pero ocurrió que su me- diumnidad (sensibilidad para la comunicación con el plano espiritual) comenzó a disminuir. Alarmada le preguntó a Chico, y éste le dijo: «tu mediumnidad es para trabajos de Umbanda, debes de seguir ahí, donde eres útil, y ayudar a mucha gente». No nos consideramos el único camino para llegar a Dios, pero quienes lo abrazamos lo sentimos de corazón, y creemos que Dios se manifiesta de muchas maneras y que las ideas espíritas algún día serán asimiladas como patrimonio natural del acervo cultural, como lo son hoy la circulación de la sangre o la rotación de la Tierra.

La segunda razón, y de un peso más específico para acudir a un centro espírita, es la sensibilidad espiritual o despertar de la mediumnidad, dado que esto no es trata- do por la ciencia oficial y tampoco es satisfactoria la res- puesta de las doctrinas religiosas, pues ni se trata de un brote psicótico, ni de Satanás jugándonos malas pasadas. La mediumnidad es una facultad natural, que todos en mayor o menor medida poseemos, pero algunas perso- nas la desarrollan más ostensiblemente, pudiendo sentir presencias, tener visiones, movérsele objetos, etc. En los centros se realiza una educación cabal de esta facultad, pues estos fenómenos tan abruptos al principio, ocurren para dar prueba de que hay algo más que lo meramente palpable, e incitar a la persona a buscar ayuda y respuestas. En los centros se atiende a estas personas, escuchándolas, analizando el caso y vislumbrando si los hechos referidos pueden ser debidos o no a la facultad mediúmnica, valo- rando si la persona en cuestión posee una mediumnidad de trabajo que necesite ser desarrollada. Lo mejor para ello es la asiduidad al centro, donde se estudia por qué ocurren estos fenómenos y poco a poco, mediante los tra- bajos de desenvolvimiento mediúmnico, ir comprendiendo qué tipo de facultad se posee, qué utilidad existencial tiene y, por supuesto, cómo convivir con ella y que no sea ella la que comande nuestras vidas.

La diferencia vital entre el espiritismo y otras doctri- nas que sí creen en la facultad mediúmnica es la seriedad, naturalidad y sencillez con que aquí la tratamos. Porque uno de los grandes peligros de un médium es creerse un elegido o iluminado, y nada más lejos de eso, es un traba- jador con una herramienta preciosa para su evolución es- piritual, pero que ha de saber usarla para construir nobles cosas, no pérfidas y engañosas. El libro de los Médiums de Allan Kardec sigue siendo el tratado más completo en lo referente a la clasificación, naturaleza y consecuencias de la práctica de esta facultad, más allá de las explicaciones par- ciales o aplicaciones utilitarias dadas desde otras corrientes esotéricas o “new age”.

En países como Brasil, donde la realidad social mues- tra una grave necesidad de labores humanitarias para luchar contra la pobreza, ha existido desde siempre una amplia red de asistencia social con entrega de alimentos, ropa y demás enseres, gratuitamente por parte de los centros. Aquí en España sobre todo en Madrid tal acción se venía cumpliendo por el Centro CEMEL. Actualmente, dada la crisis económica que sufrimos, esta acción ha sido secundada por varios centros de la comunidad madrileña (CEMEL, CEYDE, Entre la Tierra y el Cielo, León Denis, Francisco de Asís y Alborada Nueva), que han formado el Rincón Solidario para ayuda social, que no sólo consiste en la donación de alimentos y enseres, sino también en apoyo para la búsqueda de empleo y otros servicios cotidianos. También a reseñar el Grupo Amalia Domingo Soler de Barcelona que, con su acción Cesta básica, mensualmen- te reparten en su centro alimentos a las personas nece- sitadas; además de una activa acción de voluntariado los sábados por la mañana, que llevan a cabo en Cottolengo del Padre Alegre, atendiendo a personas con diferentes discapacidades mentales y psíquicas. (Para más extensa in- formación pueden ponerse en contacto con los centros mencionados)

Para contactar con un centro y recibir atención frater- na es tan sencillo como llamarles por teléfono o escribirles al correo electrónico. Según la costumbre del centro, pue- de haber un diálogo previo donde se expongan las nece- sidades, motivos de asistencia al centro, etc., y ser invitado a participar a continuación en el trabajo ordinario; o bien ser citado un día aparte, siempre buscando la flexibilidad entre ambas partes

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