Tarrasa acoge hoy a más de 220.000 habitantes. Cual- quiera de las personas que transita por sus calles habrá paseado seguramente por una de ellas dedicada a Miguel Vives y quizá se haya planteado alguna vez ¿por qué figura allí y qué merecimientos ostenta para que la ciudad le haya dedicado una calle a él? Tenemos que retrasarnos en el tiempo para justificar tal situación.

Cuando tenemos la oportunidad de observar y ana- lizar a los trabajadores espíritas españoles de mediados del siglo XIX y principios del XX, que fueron los propul- sores del Espiritismo, destaca la personalidad de Miguel Vives, pues ofreció más de treinta y cinco años de su vida a divulgarlo, destacando por su proyección y sus dotes me- diúmnicas, así como por el respeto que se franqueó con su comportamiento moral. A él le dedicamos este recuerdo para que nosotros sepamos también cuánto han trabajado nuestros predecesores en su tiempo para divulgar la Doc- trina de los Espíritus.

Miguel Vives nació en Barcelona en el año 1842. Des- de su más tierna infancia, su vida estuvo marcada siempre por el dolor y el sufrimiento, ya que sus padres fallecieron siendo él niño y quedó huérfano a la edad de 11 años. Su hermano mayor Augusto adquiere su custodia y lo lleva a vivir a Sabadell. Los años siguientes fueron de gran influen- cia para él, ya que recordaba muy constantemente la pre- sencia de su padre, situación que no sucedía con su madre, ya que al desencarnar ésta él apenas tenía uso de razón.

Pasan los años y encuentra la felicidad momentánea- mente, al conocer a una joven que con el tiempo sería su primera esposa. Fueron momentos de tal dicha que le hacen olvidar los años pasados y decide casarse a la edad de 24 años. No obstante, la tragedia se manifiesta nuevamente al fallecer su esposa, en la luna de miel, de forma inesperada. Este hecho lo conduce a una profunda depresión, que llega a causarle una enfermedad, llegando a estar sin salir de casa durante cinco años y perdiendo el contacto con sus amigos. En este tiempo fue atendido exclusivamente por sus suegros, cuñados y hermano, que evitaron así que fuese internado en un hospital. Se dedicó entonces a estudiar medicina, que le sirvió posteriormente para ayudar a aquellos que acudían a él para sentir la cura- ción a sus males físicos.

En el año 1871 sus cuñados se trasladan a vivir a Ta- rrasa y deciden, con el fin de mejorar su estado físico, lle- varle con ellos para intentar restablecer su salud. Miguel cuenta ya con 29 años de edad. Después de seis meses de permanencia en Tarrasa vuelve Miguel a Sabadell y su her- mano le habla del Espiritismo, que le parece muy extraño según sus palabras. Pero como le habla con la seriedad y rectitud que su hermano ha mantenido a lo largo de su vida, comprende que había algo de verdadero en ello y recibe con sumo interés las obras de Allan Kardec para su estudio.

«Leer las primeras páginas y comprender que aquello era grande, sublime, inmenso fue cuestión de un momen- to. ¡Dios mío!» exclamó Miguel. Comenzó a estudiar, y su lectura le sirvió para despertar y comprender el sentido de su vida.Y ese consuelo fue lo que le impulsó siempre a consolar a los demás divulgando el Espiritismo, haciéndoles comprender la necesidad de la transformación íntima. Ini- cia las reuniones privadas de mediumnidad en casa de ami- gos y, más tarde, con algunos hermanos funda el Centro Espírita de Tarrasa “Fraternidad Humana”, en el año 1871, del que fue presidente durante treinta años. Este centro actualmente se encuentra ubicado en el mismo domicilio y siguen con su trabajo espiritual organizando periódica- mente encuentros y reuniones.

A partir de esa época a Miguel se le desarrollan sus facultades como médium de incorporación, semiconscien- te, que fueron poco a poco ampliándose, llegando hasta el punto de aplicar los métodos y tratados del médico ale- mán Samuel Hahnemann, que él había estudiado, mediante el cual realiza curas asombrosas, ayudando así a multitud de personas necesitadas.

Su vida de abnegación estuvo dedicada a la divulga- ción del Evangelio, vertiendo sus palabras a través de las exposiciones directas y escritas. Como comentamos antes, sus buenas obras fueron la fuerza que le sustentó en todo aquello que vivió espiritualmente. Fue un ejemplo, al apli- car prácticamente lo que la Doctrina de los Espíritus nos alienta para su ejecución.

Su trabajo en favor de los necesitados del cuerpo y del alma, ayudando a aquellos que se encuentran confun- didos, turbados y enfermos, muy cercanos a fallecer, des- taca por su comportamiento con la población, que valora lo que él defiende, que habla del amor y de la práctica de la caridad. Su abnegación sirvió para captar a los que se encontraban en el dolor y el sufrimiento sin encontrar solución a sus vidas. Miguel Vives les llevó, con su actuación, la esperanza del futuro espiritual como meta de sus vidas, que tanto difundía entre los que le escuchaban.

La influencia del Espiritismo en esos momentos en España era tan importante, que llevó a Miguel Vives, junto con un grupo de espiritistas, a proponer al Parlamento Español en 1873 que se incorporase la enseñanza de la Doctrina Espírita en las escuelas de nuestro país.

En ese tiempo Miguel había conocido en su entorno a su segunda esposa, espiritista como él, con la que se había casado, teniendo dos hijos.

Sin embargo su vida en 1882, vuelve a ser víctima de la fatalidad al fallecer su hijo de nueve años de manera trágica, afectándole profunda- mente, aunque su aceptación está más en consonancia con su conocimiento espiritual, porque sabe que en un futuro volverán a reencontrarse. Inmerso en el estudio, sigue tra- bajando y funda en 1882 la Federación Espírita del Vallés, que posteriormente se convierte en la Federación Espírita de Cataluña.

Sus letras escritas sobre cuestiones que la vida le en- frentó y sobre los problemas que él vivió, fueron publicadas en la Revista Unión, que fundó. Incorporándose más tarde a La Luz del Porvenir de Amalia Domingo Soler, don- de siguió argumentando sus conocimientos a favor de la reencarnación, junto con la ley de causa y efecto.

El “Centro Barcelonés de Estudios Psicológicos” tuvo el honor de contar con su presencia como Presidente. Entre los días 8 y 13 de septiembre de 1888 participa activamente en Barcelona en el I Congreso Internacional Espiritista, y acude en 1889 al II Congreso Espiritista y Es- piritualista que se celebra en París.

Se traslada Miguel Vives a vivir a Barcelona en el año 1891 esperando que su delicada salud se recobrara, aun- que no sucedió así y en los últimos años su calidad de vida fue empeorando.

«No soy escritor, pero sí soy médium…» Guía Prácti- ca del Espiritista, que más tarde se convertiría en El Tesoro de los Espíritas, donde encontramos las profundas orien- taciones para consolidar nuestro compromiso y que fue publicado en el año 1903.

El 24 de enero de 1906 es un día especial en la pro- vincia de Barcelona, pues fallece en Tarrasa el hombre que ha llevado calma y consuelo a los corazones de los catala- nes, Miguel Vives. Y la población, a pesar de que él no era político, quiere acompañar su féretro en ese día, llenando las calles. Los comercios y las fábricas paralizan durante unas horas sus actividades permitiendo que sus trabaja- dores rindan un homenaje a este hombre, espiritista, que había luchado denodadamente para iluminar sus vidas con la esperanza. Las noticias periodísticas de aquella época resaltaron la masiva asistencia de personas que desfilaron delante del ataúd para despedirse de él. Reciba desde es- tas páginas la gratitud de todos aquellos que nos sentimos espiritistas para que su ejemplo nos sirva como acicate a nuestras vidas.

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