Tengo la honra de expresar, en nombre de la Federación, nuestro sincero agradecimiento por vuestra participación en este congreso; dando las gracias también a todos los que habéis colaborado y, con dedicación, hecho posible que de nuevo y por vigésima vez podamos tener en España un evento de estas características. Gracias a los conferenciantes y, en especial, a los procedentes de otras latitudes, estos combatientes por el progreso, que año tras año recorren medio mundo altruistamente, sin otro interés que el de mostrar a la humanidad su filosofía de vida.

Han pasado ya nada menos que 20 años desde que tuvimos el primer Congreso, iniciando esta nueva etapa, dentro por fin de la libertad que la dictadura nos quitó. Los congresos han sido progresivamente más numerosos en cuanto a participación, pero esos números no sirven de medida para analizar la cantidad de nuevos espíritas que han ido surgiendo en estos últimos años. Por ejemplo, son varias decenas de miles los que desde sus ordenadores y dispositivos móviles se han descargado los libros espíritas en la web, los han estudiado y hoy hacen del espiritismo su filosofía de vida. Entre ellos, la gran mayoría no participa de centros o asiste a eventos espíritas.Y es que es eso realmente lo que queremos: nuestro objetivo a nivel divulgativo no es aumentar el número de asociados en un centro espírita, o el número de inscritos   en un congreso, sino lograr que cada vez más personas hagan del espiritismo su filosofía de vida.

No importa que ayer el Espiritismo fuese perseguido por los verdugos del pensamiento, no importa que hoy todavía se le desprecie, sea objeto de burla o se le tema. Vemos cómo se desarrolla y, en su crecimiento, se hará cada vez más patente el gran papel que le está reservado en el progreso humano. No cuenta con apoyos políticos o de instituciones económicas. Su gran puntal está en la espiritualidad y en las verdades reveladas, intemporales, y que con la evolución se irán confirmando y demostrando como leyes naturales.

Su poder está atestiguado por su expansión, a pesar de los pocos esfuerzos que hacemos los espíritas para difundirlo. Históricamente los adversarios del Espiritismo, en las poltronas del poder político y religioso, han gastado mil veces más fuerzas para derribarlo, sin conseguirlo, que las utilizadas por los propios espíritas para propagarlo.

Esta revelación está destinada a renovar el sentido espiritual, filosófico y social de la vida. Las formas de llegar a ella son muy variadas, pero fundamentalmente se encuadran en el campo de los fenómenos mediúmnicos y en el de los interrogantes filosóficos.

Ni en unos ni en otros tenemos nada que ver los espíritas. Los fenómenos se producen por doquier fuera del espiritismo. Y los cuestionamientos existenciales son propios del ser humano que no está fascinado en el materialismo o bien ha sido el dolor el que le ha provocado la sed de respuestas. Buen número de espíritas antes de serlo han pasado por la fase diríamos experimental; su objetivo primordial no es saber qué diantres dicen los espíritus, sino comprobar si realmente existen. Incluso no entienden por qué los espíritas no se dejan de conferencias, estudios y ayudas al necesitado y concentran todas sus fuerzas en demostrar científicamente la existencia del espíritu.

La realidad es que ya muchos científicos han de- mostrado, demuestran y sin duda demostrarán por diferentes medios la comunicación mediúmnica, la sobrevivencia, la reencarnación, y un largo etcétera. Como no es el objeto de esta presentación citar estos destacados científicos, apenas recordaremos a modo de ejemplo a Alfred Russel Wallace, que de negador se convirtió en defensor, rendido ante la evidencia de los hechos y las experimentaciones; y entre otras cosas publicó Defensa del Espiritualismo Moderno, libro que desde hace unos días tenemos disponible en castellano y podéis consultar gratuitamente desde la web de la fee.

Los centros y asociaciones espíritas podemos aportar mucho en el campo científico-experimental, pero la labor de demostración no es de los centros y asociaciones, es de la Ciencia y de los científicos, como así ha sido y será. Para el espírita que ha dejado de dudar a través de las ideas filosóficas o de los hechos, normalmente de ambos, será admirado en el porvenir como un adelantado de su época. Está viviendo lo que mañana aceptará todo el género humano.

¿Cuál es la naturaleza íntima del hombre? ¿En qué consiste la vida humana? Tres mil años hace que la filoso- fía vuelve y revuelve sin cesar este problema fundamental, sin haber dejado un momento de ocuparse, de disertar sobre esta cuestión. Los sabios no han logrado ponerse de acuerdo para explicar este gran misterio. Las religiones enseñan la sobrevivencia, el Espiritismo la prueba. «Si me equivocara —decía Sócrates— si fuese verdad que el alma queda aniquilada a la par del cuerpo, no dejaría a pesar de eso, de persistir en mi creencia en la inmortalidad, porque si efectivamente es cierta esta doctrina, lo gano todo sin exponerme a nada, y si no lo es, de lo cual me sería posible cerciorarme después de mi muerte, habré sacado de esta vida la ventaja de haber sido menos sensible a los males y sufrimientos de la existencia».

Frecuentemente me hago una pregunta: ¿Soy real- mente consciente del tesoro que tengo en mis manos? He tenido la fortuna de nacer en una familia espírita; mi padre era médium y pude comprobar de primera mano la realidad de los hechos espíritas. Sin embargo, no fueron los hechos los que me hicieron espírita, fue la parte filosófica de esta revelación, la filosofía de vida que encontré en El Problema del Ser y del Destino, magnífico libro de Léon Denis, que me presentaba las respuestas precisas, lógicas y profundas que necesitaba. Página tras página, mi sorpresa era cada vez mayor, ¿cómo ese libro desgastado, antiguo, una edición con 100 años, contenía ese conocimiento infravalorado y desconocido por la mayoría de la humanidad? Aunque hubiera sido el único libro espírita que hubiese leído, el tesoro ya estaba en mis manos, la profunda dimensión del espiritismo ya me había conquistado. Dos años después, mi padre des- encarnaba súbitamente, mientras releía El tesoro de los espíritas (Guía Práctica del Espiritista) de Miguel Vives. Su cuerpo inmóvil, ya sin vida, no se cayó de la silla y el libro se quedó firmemente sujeto en sus manos. Tanto a él, como a mí, nos apasionaba ese libro por su sencillez llena de grandeza y profundidad. Para mí sigue siendo motivo de frecuentes estudios.

Pero fue en aquel momento que empezó a surgir esta pregunta: ¿Soy realmente consciente del tesoro que tengo en mis manos? Hacer del espiritismo tu filosofía de vida requiere además de conocimiento esa conciencia. Para los que aún no tenéis este tesoro, os animo a que profundicéis en sus enseñanzas, y analicéis sin misticismos las conferencias que aquí se darán. Y a todos los demás, espíritas, que ya tenéis esa riqueza, que ni el hollín ni la polilla consume, os invito a que todos los días os hagáis la misma pregunta para que esa conciencia nos lleve a todos a hacer del espiritismo nuestra filosofía de vida, haciendo así de este mundo un lugar mejor.

Muchas gracias.

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