El materialismo silenció durante mucho tiempo el análisis científico de la relación entre el mundo tangible y las esferas imponderables para los encarnados. Sin embargo, esta realidad empieza a cambiar. «El materialismo es una hipótesis, todavía no es un hecho científicamente demostrado, como muchos creen», afirma el investigador Alexander Moreira-Almeida, coautor del estudio Neuroimaging during Trance State: A Contribution to the Study of Dissociation y director del Centro para la Investigación sobre la Espiritualidad y la Salud (Nupes), Universidad Federal de Juiz de Fora, en Minas Gerais, Brasil. El estudio publicado en 2012 por la revista científica Plos One, reunió durante diez días a médiums brasileños que se pusieron a disposición de un equipo de científicos de Brasil y de los EEUU.

Los científicos utilizaron la producción de la neuroimagen (conocida como tomografía por emisión de positrones) para investigar el cerebro de los médiums durante el trance mediúmnico. Los médiums fueron divididos en dos grupos: médiums experimentados (más de diez años en el intercambio espiritual) y los médiums no tan experimentados (menos de diez años). Los participantes produjeron textos durante el trance mediúmnico y, como tarea de control para rigor científico, también produjeron textos de su propia autoría (sin asistencia espiritual).

Los científicos querían investigar si habría cambios específicos en la actividad cerebral durante la psicografía. Si los hubiera, ¿cuáles serían? Los autores del estudio partieron de la hipótesis siguiente: Las áreas del cerebro asociadas con la creatividad y la planificación (corteza prefrontal) serán activadas por igual tanto durante la producción de textos psicografiados como durante la producción de textos producidos sin asistencia espiritual. Pero eso no fue lo que pasó. Cuando se comparó el mapa cerebral de las dos actividades, los resultados causaron sorpresa.

Sorprendentemente para los investigadores, durante la psicografía, los cerebros activaron menos las áreas relacionadas con la planificación y la creatividad, pese a que los participantes (médiums) produjeron textos más complejos que aquellos escritos sin interferencia espiritual. Cuando fueron comparados entre sí, el grupo de los médiuns más experimentados demostró una actividad en la corteza pre-frontal significativamente inferior a la de los médiums con menos de diez años de experiencia en el intercambio mediúmnico.

Para los científicos, los resultados parecen indicar que los médiums dicen la verdad cuando afirman que la autoría de los textos psicografiados no es suya, sino de los espíritus que se comunican. En otras palabras, el cerebro físico del médium no crea las ideas de las que es intermediario, sólo las plasma en palabras. La actividad creativa, por tanto, queda a cargo de los espíritus comunicantes, de forma más acentuada cuanto más acentuada sea la experiencia y educación mediúmnica del intermediario.

Estos resultados no hacen más que confirmar una realidad experimentada en los centros espíritas de forma cotidiana. El estudio también demuestra de forma científica lo que el profesor Hermínio Miranda, desencarnado en julio de 2013 –nuestro humilde homenaje y enorme gratitud por toda su dedicación a la causa espírita–, llama «espacio psíquico»: la capacidad del médium de desdoblarse durante el trance mediúmnico, facilitando al espíritu comunicante que asuma el control de sus centros nerviosos. La hipótesis elaborada por el profesor, a partir de su experiencia con médiums, es que cuanto más espacio psíquico hay durante el trance mediúmnico, es decir, cuanto mejor sea la capacidad del médium de ceder al espíritu comunicante el control de su cuerpo físico, aunque manteniendo vigilancia, menos esfuerzos se requieren del espíritu comunicante para actuar sobre los centros nerviosos del cerebro encarnado para la trasmisión de sus ideas. El desarrollo y educación de la mediumnidad, aliados a la experiencia que sólo se consigue con la práctica, ayudarían al médium a facilitar este proceso. Dicha hipótesis se podría considerar confirmada por el estudio referido anteriormente, una vez que los médiums más experimentados demostraron menor actividad cerebral de planificación y creatividad para la producción psicográfica, cediendo más espacio psíquico a los espíritus comunicantes.

Vemos así como, pese a que no muchos estén dispuestos a reconocerlo, el paradigma científico oficial empieza a tener que reconocer la realidad de las comunicaciones mediúmnicas. Como ciencia del espíritu, el espiritismo es una filosofía dinámica, que dialoga incluso con sus opositores para mejor explicar los fenómenos propios del intercambio entre encarnados y desencarnados. Un ejemplo es el caso de Eduard von Hartmann, filósofo autor de El Espiritismo, que elaboró la que se podría decir que fue la primera contestación reconocidamente inteligente a la Doctrina Espírita. Afirmaba el filósofo que las comunicaciones mediúmnicas en realidad tenían origen en el subconsciente de los médiums. Alexandre Aksakof tomó la decisión de contestar sus críticas. De hecho tanto él, como Ernesto Bozzano, eminentes pensadores espíritas, estuvieron de acuerdo con Hartmann por lo menos en parte.

En efecto, fenómenos idénticos a los mediúmnicos pueden ocurrir sin que sea necesario evocar la interferencia de los desencarnados. A dichos fenómenos, Aksakof los denominó anímicos, producidos por el alma de los encarnados. Fenómenos anímicos quedaron así definidos como aquellos producidos por el alma del encarnado, tales como los sueños, contactos personales en desdoblamientos con otros encarnados o desencarnados de su afinidad, telepatía, catalepsia, muerte aparente, sonambulismo, éxtasis  y doble vista.

El animismo, cuando no es analizado en profundidad, puede convertirse en el fantasma de la duda, que paraliza al médium y siembra desconfianza en el equipo mediúmnico. Sin embargo, en la codificación de la Doctrina Espírita, los espíritus ya habían definido el alma como el espíritu encarnado e incluso advertido que, así como el espíritu de un desencarnado puede hablar por el médium, también lo puede hacer el espíritu del propio médium (pregunta 223 de El Libro de los Médiums).

Así, hay fenómenos de naturaleza anímica, producidos por el espíritu encarnado, con o sin el concurso de espíritus desencarnados; y hay fenómenos de naturaleza mediúmnica, generados por espíritus temporalmente desprovistos de cuerpos físicos, algunas veces con, otras sin la conformidad de los encarnados que les sirven de médiums. Esta es la realidad y la existencia de estas dos clases de comunicaciones, como explica el profesor Herminio Miranda, no se excluyen, todo lo contrario, se complementan y se explican mutuamente.

Por ejemplo, el desdoblamiento es una facultad anímica, nunca mejor dicho: hace falta tener el cuerpo denso para separarse de él. Sabemos que el espíritu encarnado desarrolla una prodigiosa actividad durante sus habituales desprendimientos parciales del cuerpo físico, principalmente, pero no exclusivamente, durante el sueño común. Siempre que puede, él aprovecha estos momentos de libertad relativa para realizar proyectos, promover estudios, ponerse en contacto con personas amigas que viven en la carne o en la dimensión espiritual e incluso solucionar problemas personales a partir del contexto de un punto de vista más amplio, sereno y bien informado. Esta facultad que todos ejercemos de forma natural es extremadamente útil durante el trance mediúmnico, pudiendo, si el médium no es capaz de hacerlo por sí solo a través de la concentración, ser inducido magnéticamente por los amigos espirituales que coordinan la reunión. Vemos en este ejemplo que existe auténtica complementariedad entre los fenómenos anímicos y mediúmnicos. Por esta razón, diferentes autores son contundentes al afirmar que no existe mediumnidad sin animismo. Como nos aclaran los espíritus en el El Libro de los Médiums, el concurso del médium (alma) es siempre necesario en la comunicación mediúmnica (Pregunta 223 El Libro de los Médiums).

Es necesario aclarar que el fraude y la mistificación no tienen nada que ver con el animismo. En casos de fraude o mistificación, el médium no es honesto consigo mismo y con su grupo mediúmnico, deliberadamente modificando la comunicación o añadiendo nombres de espíritus elevados. En este caso, a falta de metodología que pueda determinar a ciencia cierta cuánto o qué pertenece al espíritu y cuánto o qué es obra del médium, cada grupo debe, por una parte, analizar los mensajes recibidos con criterio doctrinario, y por otra, analizar la naturaleza de la relación del grupo con el médium. ¿Le estamos alimentando la vanidad?

¿Es posible que el médium sienta que debe impresionar al grupo con la notoriedad de los espíritus comunicantes para sentirse estimado, aceptado o respetado? El desafío y la responsabilidad son del grupo, no sólo del médium, y éste debe ser tratado con firmeza, serenidad y compasión. La palabra de la codificación no deja lugar a dudas: los frutos positivos o negativos del trabajo de un equipo mediúmnico son responsabilidad de todos sus integrantes, incluso de todos los que frecuentan el centro espírita.

  1. 1. ¿El centro en el cual se encuentra el médium ejerce alguna influencia sobre las manifestaciones? Todos los Espíritus que rodean al médium le ayudan, tanto en el bien como en el mal.

Es natural que el propio médium se cuestione si lo que dice en una comunicación psicofónica es fruto de su propia mente o de un espíritu desencarnado; es igualmente natural que nos preguntemos hasta qué punto una comunicación psicográfica proviene del médium o de un ser comunicante. Es inútil buscar el bisturí capaz de diseccionar la parte mediúmnica de la parte anímica en una comunicación, puesto que ambas están interrelacionadas. La duda paraliza la espontaneidad de las comunicaciones, causando enorme perjuicio a la formación de los médiums y al trabajo de los equipos mediúmnicos. En todo caso, los mensajes no deben ser aceptados si son de origen espiritual y rechazados si son de origen anímico. Hay que recordar que toda comunicación mediúmnica tendrá siempre un componente anímico, y que es el cerebro físico del médium encarnado el último responsable por traducir las ideas del ser comunicante, revistiéndolas de palabras.

Cuanto más experimentado sea el médium, mayor y mejor espacio psíquico ofrece al espíritu desencarnado; a medida que se hace más experimentado, también traduce de forma más fiel la idea del ser comunicante. No es necesario, sin embargo, que los dirigentes espíritas se obstinen con la perfección, puesto que los mismos espíritus de la codificación nos advierten que la perfección no es de este mundo.

«226 9. ¿Cuál es el médium que podríamos llamar perfecto? ¡Perfecto! ¡Ah! Vosotros sabéis que la perfección no está sobre la Tierra; de otro modo no estaríais en ella; di, pues, médium bueno, y esto será ya mucho, porque son raros. El médium perfecto sería aquel a quien los malos Espíritus no se hubieran atrevido jamás a hacer una tentativa para engañarle; el mejor es aquel que, no simpatizando sino con buenos Espíritus, ha sido engañado menos veces.» El Libro de los Médiums.

Es interesante observar que no sólo el médium debe perfeccionarse para convertirse en un intérprete más fiel de los espíritus. Los espíritus igualmente deben prepararse para la labor de intercambio entre los dos mundos a través de la mediumnidad.

Se concluye de ahí, que lo que debe refinarse es la relación entre el médium, juntamente con el equipo mediúmnico, y el espíritu o los espíritus que se comunican por su intermedio. Dicha sintonía requiere disciplina, esfuerzo, elevación de propósitos y mucha humildad por parte de todos los encarnados y desencarnados que colaboran con la mediumnidad tal como la concebimos los espíritas.

Bibliografia:

VV.AA.,“Neuroimaging    during    Trance     State: A contribution to the study of Dissociation”. En: Plos one. [En línea]: http://www.plosone.org/article/ info%3Adoi%2F10.1371%2Fjournal.pone.0049360

 

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