La geología es una de las ciencias naturales fundamentales, algo más desconocida que sus hermanas mayores: la astronomía, la física, la química y la biología. En la batalla de las ideas cuando queremos respuestas acerca de la uranografía de la Tierra estudiamos de forma rigurosa la composición, la estructura interna, los procesos evolutivos, las propiedades físicas, dinámica e historia de los materiales terrestres. Estos análisis contribuyen al entendimiento de la formación de la corteza terrestre.

¿Qué podemos saber dentro de los conceptos epistémicos de la verdad, realidad y objetividad de la génesis planetaria? Muchas son las hipótesis científicas, sin embargo la Codificación Espírita nos enseña que nuestro orbe, así como los demás planetas que fluctúan en el espacio, son masas que sirven de diferentes maneras a los espíritus. Algunos de ellos se encuentran en estadios iniciales, otros ya albergan a espíritus, mientras otros tantos están en proceso de extinción.

Los espíritus que ya alcanzaron el grado de pureza son los arquitectos estelares que siempre obedecen a leyes eternas y tienen como tarea colaborar con Dios en la formación de los mundos utilizando y trabajando las energías, en la gran sinfonía de la evolución. En su origen esos bloques deformes de masas colosales son manipulados por esos proyectistas en el laboratorio universal, transformando la materia imponderable en ponderable. Ellos lo hacen retirando del almacén universal los recursos energéticos para tal fin.

¿Qué poder es este que comporta tamaña fuerza capaz de desplazar océanos y erigir montañas? ¿Cuántas conmociones violentas fueron necesarias para que el planeta estuviera en las mejores condiciones para albergar al espíritu en evolución? Muchos dirán que esa fuerza es la Naturaleza, sin embargo son los espíritus puros quienes coordinan esos procesos y fuerzas bajo estrictos comandos y condicionan los innumerables planetas para acoger espíritus encarnados o desencarnados. En nuestro caso, después de la aglomeración fluídica, el orbe terreno todavía no está preparado para albergar la vida tal como la conocemos.

Para determinar una unidad geocronológica de la Tierra y obtener una noción relativa a su formación, se realiza una estimación a través de una inspección de sus extractos, examinando los depósitos sucesivos superpuestos. Analizando esos períodos geológicos, observamos que la Tierra ha pasado por varias fases en su formación. Esas fases o transformaciones fueron seculares, por lo tanto trascurrieron con lentitud, lo que llevó a que los elementos que constituyen el globo se equilibrasen paulatinamente alcanzando la posición deseada, exceptuando el período diluviano donde el cambio fue más súbito. Al examinar las capas geológicas se puede afirmar de manera muy cercana a la realidad si estas zonas estaban ocupadas por mar, lagos, bosques, planicies o poblados por animales terrestres. Por consiguiente, los extractos superpuestos indican una prueba ineludible de si la zona soportó o no vida primitiva.

Veamos con más detenimiento, según La Génesis, libro de la Codificación Espírita, dos fueron las causas que favorecieron los cambios en la formación de la Tierra: el fuego y el agua. El primero a través del hundimiento de los suelos por la fuerza del fuego en las erupciones volcánicas que empujaron el agua a zonas inferiores. A continuación la segunda causa, el agua, actuó con irrupciones, desbordamientos, inundaciones y acumulaciones de tierras en las desembocaduras de los ríos, expulsando la mar y creando nuevos territorios.

En el estado primitivo del globo los achatamientos de los polos de la Tierra son indicios de que en sus inicios estuvo en estado fluídico, estado que pudo deberse a que la materia al principio estuviera licuada por la acción del fuego o diluida por el agua. El calor en el interior de la Tierra, las fuentes termales, fuegos, masas fundidas escupidas por los volcanes, las grietas formadas por los temblores de tierras no dejan duda de su interior ígneo, de ese modo resulta lógico que su estado pastoso originario debe haber tenido como causa primordial el calor y no el agua. Por lo tanto, en su origen la Tierra fue una masa incandescente, que a consecuencia de la radiación calórica se enfrió de fuera hacia dentro, formando una corteza en su superficie mientras su interior permanece fluido.

Todo en el principio es confusión, en una aparente situación caótica donde las energías se enfrían muy lentamente. Desde la formación terrena los átomos son los mismos, ni uno más, ni uno menos, pero a consecuencia del enfriamiento, se formaron nuevas combinaciones. Todos aquellos elementos susceptibles de volatilizarse pasaron a estado gaseoso. La densidad de todos esos gases en suspensión confería una opacidad tal que no penetraba la luz del sol siendo incapaz de ofrecer campo fértil a la vida.

El primer efecto del enfriamiento y producto directo de la solidificación de la superficie exterior que caracteriza el período primario fue la formación del granito. Esa condensación de los metales formó la costra solidificada del globo que cubre parte de la superficie planetaria y es considerada el esqueleto terreno.

El segundo efecto fue la licuefacción de los vapores, que se precipitaron sobre el suelo.Se produjeron lluvias de metales que causaron fisuras, vetas y filones en el granito, causando descomposiciones sucesivas. Ciclos ininterrumpidos de precipitaciones y evaporaciones propiciaron la bajada de la temperatura. Anárquica mezcla de elementos caracterizó ese período primario donde, como ya se explicó, ningún ser vivo pudo existir.

En el período de transición, el pequeño espesor de la corteza granítica proporcionaba una débil resistencia. Abundantes dilataciones y desplazamientos permitieron que la lava interior se transbordara. El aire fue liberando las materias más pesadas por precipitación, siendo éstas arrastradas y disueltas en el agua, que poseía poca profundidad y cubría casi toda la superficie.

En ese tiempo los entes biológicos todavía no existían, de modo que éstos han tenido aquí un comienzo. Los seres vivos están sujetos a innumerables vicisitudes, una creación entera podría quedar comprometida durante su evolución por cualquier factor adverso, lo que refuerza la previsión de Dios y sus arquitectos al crear, respetando el proceso de evolución natural, la pluralidad de los factores bióticos.

Los cataclismos tuvieron lugar desde el origen de la Tierra modificando las condiciones para la conservación de la vida e hicieron desaparecer generaciones enteras de seres vivos. Es muy importante tener en cuenta que dentro de estos ciclos periódicos existen subperíodos, no obstante las eras normalmente estudiadas son las que presentan una alteración más destacable.

En ese período comenzaron a formarse los extractos de terrenos sedimentarios, por el arrastre de las aguas cargadas de limo y materiales diversos, adecuados a la vida orgánica. Aparecieron los primeros seres vivos del reino vegetal de organización rudimentaria, los líquenes, musgos, setas, helechos y plantas herbáceas, a la par que los animales de organización poco compleja. Estos seres exclusivamente marinos son conocidos como zoófitos, radiados, políperos; más tarde aparecieron los crustáceos y los peces.

El gas carbónico, debido a su gran cantidad, fue una de las últimas sustancias que el aire purificó. Ese gas asociado con la acción del calor y la humedad propició el ambiente idóneo al surgimiento de las plantas, cubriendo rápidamente la superficie con vegetación abundante y exuberante, al tiempo que las plantas acuáticas también se multiplicaron. A consecuencia del desplazamiento del agua que seguía su ciclo natural, los terrenos fueron inundados y cubiertos por sedimentos, de tal modo que varias generaciones alternadamente estuvieron sometidas a sequía y repoblación, aniquilados y renovados de forma cíclica.

En el período secundario la vegetación colosal y los animales desaparecen debido a los cataclismos y al cambio de condiciones atmosféricas, caracterizados por grandes levantamientos y erupciones volcánicas. En esa época la vegetación crece despacio por la disminución del calor y la humedad. Los animales son todavía acuáticos, surgen los anfibios y se destaca en esa era la aparición de grandes reptiles. En ese período la vida animal alcanzó un enorme desarrollo como había ocurrido con la vegetación en el período anterior. El aire más purificado permitió que los animales viviesen sobre la Tierra. Desaparecen los animales acuáticos gigantescos, sustituidos por animales análogos pero más proporcionados y de tamaño más reducido.

En el período terciario el estado ambiental cambia nuevamente, propiciando condiciones de vitalidad que se aproximan al estado actual, apareciendo nuevas especies con organización más perfecta y que se adaptan a la naturaleza del medio donde son llamados a vivir. Ahora la envoltura de la costra terrestre tiene mayor espesor, proporcionando una considerable resistencia a la acción del fuego interior. De forma no simultánea se formaron los picos y cadenas de montañas, lo que ocasionó que la superficie del suelo se volviera desigual y que las aguas fueran empujadas a zonas inferiores, transformando el aspecto del globo.

El período diluviano está marcado por el mayor cataclismo del planeta, por todas partes quedan señales de tales convulsiones. Las aguas invadieron los continentes modificando radicalmente el panorama hasta entonces existente y los polos comenzaron a cubrirse de hielo formando los glaciares, lo cual apunta a que hubo un significativo cambio de temperatura global. Todos los hallazgos científicos llevan a pensar que ese cambio fue brusco.

Una vez restablecido el equilibrio, los animales y los vegetales retomaron su curso evolutivo. Una atmósfera más limpia de gases permitió que los rayos del Sol la atravesasen. El suelo mostró nuevamente unas condiciones favorables y estables al desarrollo de la vida organizada sobre la superficie. La Tierra se poblaba con animales más sociables y menos feroces, los vegetales propiciaban una alimentación más suave y ligera. Fue solamente entonces cuando todos los factores ambientales resultaron adecuados para la aparición del hombre sobre el orbe.

No había condiciones de vitalidad para el hombre en los períodos anteriores, sin embargo hay descubrimientos recientes que parecen confirmar que algún espécimen existía antes del período diluviano, pero lo cierto es que su proliferación sobre la Tierra comenzó a esbozarse con amplitud en el período posdiluviano. En La Génesis se puede encontrar: «Ese período (posdiluviano) puede caracterizarse por la presencia del hombre en la Tierra.» Sugerimos la lectura del capítulo X del mismo libro, donde se explica la formación inicial de los seres vivos, generación espontánea, escala de los seres orgánicos y el hombre corporal.

Millares de años son imprescindibles para que cada fase persiga su estabilidad, son necesarias revoluciones generales y parciales del globo para alcanzar el aspecto actual, propiciando de ese modo los ambientes requeridos a la evolución de la vida.Todos los períodos fueron necesarios para que los seres vivos evolucionasen, siendo el ser humano el ápice de ese desarrollo.

La Tierra fue preparada para que el hombre tuviera las mejores condiciones de supervivencia cuando llegara el momento de ocupar temporalmente este planeta para, a través de la encarnación, ejercer sus facultades de espíritu inmortal. Cuando vuelva al mundo espiritual de donde es originario, el espíritu podrá ocupar de acuerdo a su nivel evolutivo otros mundos, también preparados para su desarrollo, donde seguirá su formación.

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