Allan Kardec en El Libro de los Espíritus nos dice que los seres orgánicos tienen en sí una fuerza íntima, que produce el fenómeno de la vida, mientras que esa fuerza existe; que la vida material es común a todos los seres orgánicos y que ella es independiente de la inteligencia y del pensamiento; que la inteligencia y el pensamiento son facultades propias de ciertas especies orgánicas y que entre las especies orgánicas dotadas de inteligencia y de pensamiento hay una dotada de un sentido moral especial, que le da incontestable superioridad sobre las otras, es la especie humana. La pregunta 540 de El Libro de los Espíritus nos dice: «todo se encadena en la naturaleza, desde el átomo al arcángel, que a su vez también comenzó en el átomo.»

León Denis, de otra forma más poética nos dice, en su obra El problema del ser, del destino y del dolor: «el espíritu duerme en el mineral, sueña en el vegetal, se agita en el animal, y despierta en el hombre.» Parece indicar, con estas afirmaciones, que algo de nosotros pasó por los diferentes reinos de la naturaleza. Los seres orgánicos son los que tienen en sí una fuente de actividad íntima que les da la vida. Nacen, crecen, se reproducen y mueren. Son portadores de órganos especiales para la ejecución de los diferentes actos de la vida, órganos apropiados a las necesidades, que la conservación propia les impone. En esa clase están comprendidos los hombres, los animales y las plantas.

En la pregunta 71 de El Libro de los Espíritus,encontramos la siguiente información: «¿La inteligencia es un atributo del principio vital?: No, puesto que las plantas viven y no piensan, tan sólo tienen vida orgánica. La inteligencia y la materia son independientes, pues un cuerpo puede vivir sin inteligencia, pero ésta sólo puede manifestarse por medio de los órganos materiales, y es necesaria la unión con el  espíritu para dar inteligencia a la materia animalizada.»

Los espíritus en su origen serían como los niños, ignorantes y sin experiencia, adquiriéndola en las distintas etapas de la vida. Dios no creó los espíritus buenos o malos, sino sencillos e ignorantes. El espíritu no se acuerda de las existencias precedentes a su período como hombre, así como el hombre no se acuerda del período que pasó en el seno de la madre.

Reino mineral

Está constituido de materia inerte, no tiene vitalidad y está formado por la agregación de materia. Su característica básica es la atracción, pues en el reino mineral, el instinto y la materia son nulos. El Espíritu duerme en su primera fase, el principio espiritual estaría influenciado por las organizaciones atómico-moleculares, invitando a la unión. Crearía con sus vibraciones un campo de agregación, reflejado en las fuerzas de atracción y cohesión. Así, la organización mineral sería la consecuencia de un poder en la intimidad de sus unidades atómicas, para conducir ordenadamente el proceso de agregación. En la intimidad del mineral, el principio inteligente absorbería experiencias, y fuera mostraría posiciones, renovándose a fin de ejercer nuevos potenciales de orientación, con fuerzas reconstruidas y siempre más complejas, por las vivencias anteriores de idénticos fenómenos. En ese ir y venir de la materia se puede decir que ya existe el principio reencarnatorio en acción.

Intermediación del reino mineral con el vegetal

Según Emmanuel, el principio inteligente se encontraba en los cristales, completando su fase de individualización, en el larguísimo proceso de autofijación, ensayando poco a poco los primeros movimientos internos de organización y crecimiento volumétrico. Los virus tienen una estructura formada por un ácido nucleico (o ADN o ARN) y proteínas, por lo que necesitan apropiarse de los mecanismos de una célula ajena para reproducirse y vivir. Los virus tienen una característica mineral. De este modo, la única especie que puede cristalizar son los virus, ya que se componen de una cápside, que puede llegar cristalizar sin morirse, utilizando las reglas de los minerales y creando formas geométricas. Gabriel Delanne, en la obra La evolución anímica nos informa acerca de que el cristal es casi un ser viviente. Naturalmente, no se nos ocurre pensar en una inteligencia propia de la materia, aunque el científico Jean Emile Charon dijo que el comportamiento de las partículas interatómicas revela vida incipiente. De lo que pudimos aprender con los citados autores, se podría deducir que el principio inteligente se ejercita en el reino mineral, experimentando exactamente características como la combinación química de los elementos básicos, la estructura cristalina en que esa combinación es adquirida y las transformaciones que la naturaleza y el hombre ejercen sobre ese resultado. Estaría de esa forma, preparándose para continuar su jornada en el reino vegetal terrestre.

Creer que los minerales no evolucionan, por lo que podemos ver en los existentes en nuestro planeta, es ignorar la constitución de los mundos en las diferentes etapas evolutivas. El hecho de que los minerales no posean vida, no significa que no evolucionen, pues, si eso no ocurriese, no existirían minerales más sutiles en los mundos más evolucionados.

Reino vegetal

Los elementos del reino vegetal están dotados de vitalidad, tienen instinto de conservación básico, vida orgánica, no piensan, no tienen voluntad, ni conciencia de sí mismos. Su característica básica es la sensación. En el reino vegetal el instinto se inicia, el espíritu sueña y la inteligencia es nula. Las plantas son los únicos seres vivos no microscópicos que tienen la capacidad de generar su propio alimento. Todos los seres vivos necesitan llevar a cabo ciertos procesos que les permiten obtener oxígeno y nutrientes, eliminar sustancias o relacionarse con su ambiente. Las plantas, igual que los animales, tienen órganos que cumplen esas funciones. El principio espiritual pasa entonces a vivenciar las experiencias en los vegetales más complejos, mejor estructurados. Ahí tendrá que adquirir la capacidad de reaccionar ante cualquier cambio exterior y posteriormente la facultad de sentir, captar y registrar las alteraciones del medio que le rodea, conquistas del principio espiritual, en su recorrido por el reino vegetal. Después de identificarse con los virus, continuará en las bacterias rudimentarias, las algas unicelulares y las algas pluricelulares.

En La Génesis, Kardec, explicando la escala de los seres orgánicos, dice: «Entre el reino vegetal y el reino animal, ninguna delimitación hay nítidamente marcada. En los confines de los dos reinos están los zoófitos o animales-plantas, cuyo nombre indica que ellos participan de uno y otro: les sirve de trazo de unión.» (cap. X) El zoófito tiene la apariencia exterior de la planta. Como planta, se mantiene presa al suelo; como animal la vida en él se encuentra más acentuada: coge del medio ambiente su alimentación. Como los animales, las plantas nacen, viven, crecen, se nutren, respiran, se reproducen y mueren. Como aquellos, también ellas necesitan de luz, de calor y de agua; se atrofian y mueren, cuando les faltan esos elementos. La absorción de un aire viciado y de substancias deletéreas las envenena. Ofrecen como carácter distintivo más acentuado conservarse presas al suelo y coger de él la nutrición, sin moverse.

Intermediación entre el vegetal y el animal

Hay vegetales carnívoros, dotados de vitalidad. Tienen una especie de inteligencia instintiva, limitada, con consciencia de su existencia y de su individualidad. No obran sólo por instinto, no tienen creatividad. La característica básica es la elaboración del instinto.

Reino animal

El instinto se desenvuelve, despierta, y la inteligencia se inicia. El animal es libre y busca el alimento. En primer lugar vienen las incontables variedades de pólipos, de cuerpos gelatinosos, sin órganos bien definidos, siendo diferentes de las plantas sólo por la facultad de la locomoción. Le sigue en el orden del desarrollo de los órganos, de la actividad vital y del instinto: los helmintos o gusanos intestinales, los moluscos, animales carnosos sin huesos, algunos de ellos desnudos, como las lombrices, los pulpos etc. Otros provenientes de conchas, como el caracol, la ostra; los crustáceos, cuya piel es revestida de una costra dura, como el cangrejo, la langosta; los insectos, a los cuales la vida propicia prodigiosa actividad y se manifiesta el instinto ingenioso, como la hormiga, la abeja, la araña. Algunos se metamorfosean, como el gusano, que se transforma en elegante mariposa. Viene después el orden de los vertebrados, animales de esqueleto óseo, orden que comprende los peces, los réptiles, los pájaros; siguen, por fin, los mamíferos, cuya organización es más completa.

La condición que caracterizaría el principio espiritual en esta fase sería la adquisición del instinto, al principio en los animales inferiores, bastante simples. Posteriormente, en los mamíferos, por los órganos más bien trabajados, se presentaría con más alta y purificada eficiencia, preparando para más adelante, ingresar en el reino de la razón. Es por el instinto, que los animales son avisados de lo que les conviene o perjudica: que buscan, conforme la estación, los climas propicios; que construyen, sin enseñanza previa, con más o menos arte, según las especies, lechos blandos y abrigos para sus progenies, trampas para atrapar la presa de que se nutren; que manejan diestramente las armas ofensivas y defensivas de que son provistos; que los sexos se aproximan; que la madre guía a los hijos y que éstos buscan el seno materno.

Intermediación entre el animal y el hombre

Entre la influencia de la naturaleza animal y espiritual, el espíritu se va liberando de la materia, hasta alcanzar la plenitud divina. La ausencia de hilos en esta transición se debe a la evolución que se procesa fuera de la materia, donde el principio inteligente se encuentra revestido de la proforma espiritual, correspondiendo a la especie, sufriendo modificaciones adaptativas que se ven culminadas en el plano material.

André Luiz nos dice que para alcanzar la edad de la razón, con el título de hombre dotado de razón y discernimiento, el ser automatizado en sus impulsos, de camino hacia el reino angélico, empleó nada menos que un billón y medio de años. Con la conquista de la razón aparecieron la lucidez, el libre albedrío, el pensamiento continuo. Hasta entonces, el progreso se daba por la fuerza de las cosas, ya que no tenía conciencia de su realidad, ni tampoco libertad de elección. Al entrar en el reino hominal, ya sí está apto para dirigir su vida y conquistar los valores a través del esfuerzo propio. Ahora deberá esforzarse en la lucha para conquistar los valores superiores del alma, la responsabilidad, la sensibilidad, la sublimación de las emociones, es decir, todo lo que va a necesitar para llegar a espíritus puros.

En el hombre, sólo al comienzo de la vida domina el instinto con exclusividad. Es por instinto que el niño hace los primeros movimientos, que toma el alimento, que grita para expresar sus necesidades, que imita el sonido de la voz, que intenta hablar y andar. En el propio adulto, ciertos actos son instintivos, tales como los movimientos espontáneos para evitar un riesgo, para huir de un peligro, para mantener el equilibrio del cuerpo, tales como el parpadear para moderar el brillo de la luz, abrir la boca para respirar, etc. El hombre tiene todo lo que existe en las plantas y en los animales, domina todas las otras clases por su inteligencia especial ilimitada, que a la vez le da conciencia de su futuro, percibe las cosas extrasensoriales, tiene responsabilidad moral, conocimiento de Dios y su siguiente paso es la angelitud.


Bibliografía:

ANDRADE, H.G. Muerte, renacimiento, evolución. Una biología trascendental. Caracas : Cima, 1995.

ANDRÉA DOS SANTOS, J. Impulsos Criativos da Evolução. Rio de Janeiro: Societo Lorenz, 1995.

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DELANNE, G. La evolución anímica. Buenos Aires : Fundación Espírita Humanista Allan Kardec, 2004.

DENIS, L. El problema del ser, del destino y del dolor

KARDEC, A. El Libro de los Espíritus

KARDEC,A. La Génesis [En línea: www.espiritismo.es]

XAVIER, F.C. A camino de la luz [En línea: www.espiritismo.es]

XAVIER, F.C. En el mundo mayor [En línea: www.espiritismo.es]

XAVIER, F.C. Evolución en dos mundos

XAVIER, F.C. Mecanismos de la mediumnidad. Buenos Aires : Fundación Espírita Humanista Allan Kardec, 2002.

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