Pedro evitaba matar cualquier animal, incluso hasta moscas y cucarachas, porque él creía que, si lo hiciera, podría ser castigado teniendo que reencarnar como uno de éstos. Ni siquiera comer carne de animales. Él comía pensando que en otra vida sería uno de ellos también. Fue entonces cuando Alana, una de sus amigas espíritas, decidió ayudarlo. Cierta tarde, sentados en un café, Alana mencionó que los temores de Pedro se remontaban a antiguos temas en la historia de la Humanidad referentes a la creencia en la metempsicosis.

Inmediatamente, Pedro, levantó las cejas y preguntó sobre el significado de la palabra, que para él era totalmente nueva. Alana, entonces, con palabras amistosas, explicó que la palabra metempsicosis se refiere a la creencia de que el alma de un ser vivo pueda encarnar en otros cuerpos, inclusive de animales y vegetales, aceptándose incluso la posibilidad de que el alma humana podría reencarnar en el cuerpo de un animal. Pedro, comprendiendo, dijo que él creía en aquello, tanto que evitaba matar a cualquier animal. Con respeto, Alana presentó a Pedro en ese momento un libro especial: El Libro de los Espíritus de Allan Kardec.

Sin ofrecer resistencias y agradecido por el gesto amigo, Pedro, sin embargo, no sabía por dónde comenzar. Entonces Alana sugirió que leyera las preguntas 222, 611613. Al instante, él abrió el libro y comenzó a leer en voz alta, para contar con la posible explicación de Alana, que, de hecho, sabía mucho de la Enseñanza de los Espíritus. Leyó así: «Desde que el principio inteligente alcanza el grado necesario para ser Espíritu y entrar en el período de la humanización, ya no guarda relación con su estado primitivo y ya no es el alma de los animales, como el árbol ya no es la simiente. De animal sólo hay en el hombre el cuerpo y las pasiones que nacen de la influencia del cuerpo y del instinto de conservación inherente a la materia. No se puede, pues, decir que tal hombre es la encarnación del Espíritu de tal animal. Consecuentemente, la metempsicosis, como la entienden, no es verdadera.»1

De pronto, Pedro quedó sorprendido con la revelación sobre la que reflexionaba, demostrando que necesitaba más explicaciones. De ahí que su amiga, explicó: «Pedro, tú sabes que actualmente, mucha gente tiene un teléfono como el iPhone, ¿no? Entonces, ¿crees que el sistema operativo del iPhone 5S (último modelo lanzado hasta entonces, funcionará con la misma eficacia en el iPhone 4 (versión anterior)? Imagínate un software programado para funcionar en un ordenador de última generación ¿podría funcionar en un ordenador de una generación anterior?» Pedro reflexionó y concluyó que no. Y confirmando la conclusión de Pedro, Alana leyó así: «Sería retrogradar si un Espíritu humano encarnase en el cuerpo de un animal.»

Como si quisiese comprender todavía mejor, prosiguió leyendo y discutiendo las nuevas ideas que, por cierto, Pedro absorbía con mucho interés. «Sería verdadera la idea de la metempsicosis, si indicase la progresión del alma, pasando de un estado inferior a otro superior, donde adquiriese avances que transformen su naturaleza. (...) La reencarnación, como los Espíritus la enseñan, se funda en la marcha ascendente de la Naturaleza y en la progresión del ser humano, dentro de la propia especie, lo que en nada disminuye su dignidad.»2 Alana, mencionó que existe una jerarquía evolutiva donde el principio espiritual inicia sus primeros estadios evolutivos en los reinos más ‘simples’ de la naturaleza para después ir ascendiendo hacia los más ‘complejos’.

«Interesante»reflexionó Pedro. «Entonces ¿esto quiere decir que mis temores no tienen fundamento?» Alana replicó: «Exactamente. No tienen sentido, pues somos creados sencillos e ignorantes, pero evolucionamos en cada experiencia y aprendizaje, nunca retrogradando. Pensemos en la constante expansión de nuestras posibilidades intelectuales y físicas.»

Encantado con la nueva concepción que había presentado, pensó que ahora cabía a él leer más sobre este tema, estudiar y compartir con sus familiares que también tenían tal creencia. Llegando a casa, propuso una reunión familiar con café y galletas. Y en la relajación de la reunión familiar, les presentó el libro kardequiano. Y poco a poco, fue citando los pasajes espíritas, mientras los explicaba uno a uno. Al final concluyó: «Amados, en este momento, prosigamos respetando a los animales, que también son nuestros hermanos, sin embargo, sin el temor de que en cualquier circunstancia reencarnaremos en el cuerpo de uno de ellos. Liberémonos de este equívoco de la razón y prosigamos nuestras vidas.»

Querido lector, en esta reflexión, encontramos un paradigma evolutivo que está respaldado en una razón indudable: ¡Progresamos siempre! Aprovechemos, pues, los momentos de esta reencarnación, observando dominar nuestros instintos animales, al final cargamos una carga filogenética de las experiencias del pasado, sin tener que volver a ellas.Y como Kardec dijo, «la metempsicosis, como la entienden, no es verdadera.» 3

(Traducción de Lola García)

 

1 Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos. Pregunta Edición Online. FEB.

2 Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos. Pregunta 613. Edición Online. FEB.

3 Kardec, Allan. O Livro dos Espíritos. Pregunta 611. Edición Online. FEB.

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