La primera vez que en la Doctrina Espírita aparece el concepto de periespíritu es en la cuestión nº 93 de El Libro de los Espíritus, donde éstos nos informan de que «El Espíritu está revestido de una substancia vaporosa para ti, pero muy grosera aún para nosotros». Allan Kardec, a partir de ello, en el comentario que sigue a esta respuesta, nombra “periespíritu” a esa envoltura que reviste al Espíritu.

Este es el título de uno de los libros de Ernesto Bozzano, con 130 casos que lo demuestran. (En un número posterior de la Revista hablaremos de algunos de esos casos coincidiendo con la próxima edición de este libro en castellano)

El 24 de junio de 1943 fue para la ciudad de Génova (Italia), un día eminentemente triste. Uno de sus más célebres investigadores psíquicos partía hacia el otro lado de la vida a los 81 años de edad, después de haber dejado escrito para la historia más de sesenta obras y cientos de artículos basados en sus investigaciones.

Según los estudios de la Biología y la Paleontología, la vida orgánica en la Tierra aparece en la última etapa de la Era Arqueozoica, en el Período Precámbrico. La vida sólo podía aflorar y estar debidamente ordenada en su camino evolutivo a causa de un campo de comando que pudiese influenciar e incentivar las formas, esto es, el principio-unificador o espiritual, que se manifiesta en los fenómenos de la vida como “necesidades”, con el fin de alcanzar una determinada posición, de orden, armonía y equilibrio.

Pedro evitaba matar cualquier animal, incluso hasta moscas y cucarachas, porque él creía que, si lo hiciera, podría ser castigado teniendo que reencarnar como uno de éstos. Ni siquiera comer carne de animales. Él comía pensando que en otra vida sería uno de ellos también. Fue entonces cuando Alana, una de sus amigas espíritas, decidió ayudarlo. Cierta tarde, sentados en un café, Alana mencionó que los temores de Pedro se remontaban a antiguos temas en la historia de la Humanidad referentes a la creencia en la metempsicosis.

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