En abril de 1864 fue lanzada la primera edición de El Evangelio según el Espiritismo con el título de Imitación del Evangelio según el Espiritismo. Posteriormente esta obra fue revisada, corregida y modificada por su autor “Allan Kardec” conforme a las indicaciones de los Espíritus, para quedar definitivamente completada y a disposición uni- versal con el título que la caracteriza a partir de la tercera edición, de 1866: El Evangelio según el Espiritismo.

 Recordando a los lectores que el Espiritismo es la Codificación realizada por el insigne maestro Allan Kardec y que El Evangelio según el Espiritismo es el tercero de los cinco libros que completan esta doctrina, invitamos al estudio de esta obra para comprender por qué los Espíritus superiores al ser cuestionados acerca de cuál ha sido el arquetipo más perfecto que Dios haya otorgado al hombre para servirle de guía y modelo, contestaron:

–contemplad a Jesús (LE. P. 625)

 Hemos intentado a través de los distintos artículos presentados en esta revista, mostrar diferentes aspectos y necesidades propias del ser humano, como por ejemplo la necesidad de ser feliz. Ciertamente Dios ha creado al hombre con un fin útil, el de ser feliz, cooperando en la in- mensa obra de la transformación moral de la criatura hu- mana. Es por esta misma razón que ha puesto a nuestro alcance los instrumentos necesarios para realizar dicha “reforma”. Primero, instalando en nuestra conciencia de forma indeleble Sus leyes justas y sabias. A continuación, enviándonos a los profetas o pregoneros de esas mismas leyes, alcanzando de ese modo la conciencia lúcida, para finalmente elevarnos a la máxima expresión del entendi- miento con la venida del Maestro de Maestros –Jesús de Nazaret– como colofón imperecedero del Amor de Dios para con todas Sus criaturas.

 Ésta pueda ser una de las obras de la Codificación más controvertida, puesto que la Doctrina Espírita se pre- senta bajo un aspecto laico. No obstante, no debemos dejar de lado el sentimiento de religiosidad que despierta en nuestras conciencias las enseñanzas evangélicas que, incorporadas a la Doctrina Espírita a través de esta obra y muy bien diseccionadas por la espiritualidad superior, nos ofrece la guía perfecta para el autoconocimiento y como consecuencia de ello nos facilita la transformación moral necesaria para alcanzar la suprema felicidad. De aquí la recurrente cuestión de si el Espiritismo es o no es una religión. Bajo nuestro punto de vista No es una religión humana –tal como se conoce el modus operandi de los diferentes credos–, pero ciertamente alcanza y desarro- lla el sentimiento de religiosidad de la criatura para con su Creador y, bajo este aspecto, podríamos considerarla como la religión del espíritu.

 Lo que es indiscutiblemente cierto es que si las vi- braciones superiores implícitas en cada párrafo de esta obra alcanzan nuestra inteligencia y tenemos la suficiente madurez espiritual para asimilar sus contenidos, nuestra vida necesariamente se transforma en un vergel de nue- vas sensaciones y pasamos a vivenciar en nuestro íntimo la suprema felicidad. A esto le podemos poner el nombre que creamos oportuno, lo cual no destruye el hecho de que sólo por el Amor será elevado el hombre desde la condición animalizada a las cotas superiores de la perfec- ción.

 Ya, sin más preámbulos, les invito a que profundicen en los artículos de esta Revista Espírita y compartan con nosotros –si les parece oportuno– sus impresiones al res- pecto de sus contenidos.

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