La Ley natural que tiene vigencia en todo el universo es la ley de amor, que se exterioriza de Dios mediante su creación. La finalidad de la vida es alcanzar la armonía plena, mediante el equilibrio del amor a sí mismo, al prójimo y a Dios. Cualquier desvío del sentimiento del amor que se tenga se cae en el desequilibrio, en la desarmonía, postergando el proceso de la evolución y retardando la marcha del progreso en la cual todos los seres se encuentran situados.

El amor sustenta la vida, en cuanto que su ausencia se manifiesta como el estadio embrionario del ser, aguardando los factores propicios a su surgimiento y exteriorización... (Jesús y el Evangelio, c.1 y 15)

Nosotros fuimos creados por amor y para amar, mientras así no lo entendamos y practiquemos seguiremos faltos de esa felicidad o salud integral (cuerpo-mente) que el hombre tanto anhela. Es por eso que a través de los tiempos, en las diferentes culturas y religiones del globo, la práctica del amor ha sido y es aconsejada como la mejor terapia para la felicidad.

La regla aurea

  • Bahá´í: «Bendito quien ama a su hermano antes que a él mismo» (Tablas de Bahá u lláh)
  • Confucionismo: «La benevolencia máxima consiste en no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan» (Las analectas, 15, 23)
  • Hinduismo: «El deber supremo es no hacer a los demás lo que te causa dolor cuando te lo hacen» (Mahabharata, 5, 15,17)
  • Jainismo: «Uno debería tratar a todas las criaturas en el mundo como a uno le gustaría ser tratado» (Mahavira Sutrakritanga, 1, 11, 33)
  • Sikismo: «No soy un extraño para nadie y nadie es un extraño para mí. De hecho, yo soy amigo de todos» (El Siri gurú Granth Sahib)
  • Budismo: «No trates a otros de maneras que tú mismo encontrarías hirientes». ( El Buda, Udanabarga, 5, 18)
  • Islam: «Ninguno de ustedes cree verdaderamente hasta que quiera para otros lo que desean para ustedes mismos». (El profeta Mahoma, Hadito)
  • Judaísmo: «Lo que para ti es odioso, no lo hagas a tu prójimo. En esto consiste toda la ley: todo lo demás es un comentario» (Talmud, Shabbat 31 a)
  • Taoísmo: «Considera la victoria de tu prójimo como si fuera la tuya, y la derrota de tu prójimo como si fuera la tuya» (Lao Tzu Tai Shang Kan Ying P`ien 213-216)
  • Moisés: «Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo» (Deuteronomio 6:5 y Levítico19:18)
  • Cristianismo: «Todo lo que deseen que los demás hagan por ustedes, háganlo por ellos; en esto consiste la Ley y los profetas» (Jesús, 7, 12)

 Jesús aseveraba: «no vengo a derogar la Ley, sino a darle cumplimiento». Pero los que querían dominar, se levantaban contra Él e intentaban obstaculizar su tarea denigrando el contenido de sus palabras, arrojándolo contra la rigidez de la ley mosaica.

 «Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerlo a prueba: “Maestro ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?” Él le dijo: “Amarás al señor tu Dios, con todo tu corazón, toda tu alma y toda tu mente. Éste es el mayor y el primer mandamiento. El segundo es semejante a éste: amarás a tu prójimo como a ti mismo” de estos dos mandamientos penden toda la ley y los profetas» (Mateo, 22: 34 a 40)

 Constantemente trataba de llevar este sublime mensaje a todos, utilizando el momento más propicio. Y estando Jesús con sus discípulos el día de la última cena, cercana ya su prisión, les dijo como última enseñanza:

 «Un último mandamiento os doy: “Que os améis los unos a los otros como yo os he amado, en esto reconocerán que sois mis discípulos» (Juan, 13: 33 a 35) Y además les prometió lo siguiente: «Si me amáis, observaréis mis mandamientos. Yo rogaré al Padre, y Él os dará otro consolador, para que esté con vosotros siempre, El Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros» (Juan, 14: 15 a 17)

 «… pero el consolador, el Espíritu Santo, el que el padre enviará en mi nombre, Él os enseñará todo y os recordará cuanto os he dicho» (Juan, 14: 26)

 «… cuando venga él, el Espíritu de la verdad os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga y os explicará lo que ha de venir. Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío, y os lo explicará a vosotros» (Juan, 16: 13 al 15)

 Sorprendentemente en el libro El Evangelio según el Espiritismo en el prefacio podemos leer: «Hombres, hermanos a quienes amamos, estamos a vuestro lado: amaos también unos a otros…» (Espíritu de verdad)

 Y en el capítulo VI, ítem 5: «¡Espiritistas! amaos: he aquí el primer mandamiento; instruíos: he aquí el segundo» (Espíritu de verdad)

Después de 2000 años, los espíritus siguen manifestándose y hablando de la práctica del AMOR como consuelo para nuestros males. ¿Será que no hemos hecho los deberes?

 Volviendo a El Evangelio según el Espiritismo, encontramos en él estos dos títulos: cap. XI: «Amar al prójimo como a sí mismo» y el XII: «Amad a vuestros enemigos». En esos capítulos, Kardec, con la orientación de los Espíritus superiores, nos ayuda a través del razonamiento a poder entender y llevar a cabo la práctica de esas máximas que tanto bien harían a la humanidad. En ambos capítulos, al final de cada uno, se encuentra la Instrucción de los Espíritus. Aquí expongo un pequeño resumen, invitando a todo aquel que quiera ampliar su lectura.

 «El amor resume toda la doctrina de Jesús, porque es el sentimiento por excelencia. Dios crea al hombre sencillo e ignorante. Éste en su origen sólo tiene instintos, más avanzado y viciado (a través de las malas costumbres y los abusos) tiene sensaciones, más instruido y depurado tiene sentimientos y el punto álgido del sentimiento es el amor»

«El Espiritismo a su vez viene a pronunciar la segunda palabra del alfabeto divino: La Reencarnación, que triunfa sobre la muerte. Hay algunas personas a quienes les causa rechazo esta idea, pues eso supone que otros puedan compartir sus afectos, y eso les hace sentir celos. Ese afecto es egoísta, es el amor restringido a un círculo íntimo de parientes y amigos, resultando todas las demás criaturas indiferentes

 Todos hemos sido creados por Dios y es por eso que todos somos hermanos.

 «La Ley de amor, tal como Dios la entiende, pide amar indistintamente a todos nuestros hermanos. La esencia del amor es divina y nosotros, del primero al último, tenemos en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado, pues hasta el más vil criminal puede sentir afecto por un ser u objeto cualquiera. Habiendo también individuos que prodigan un inmenso amor a animales, plantas, objetos materiales, quejándose a menudo de la humanidad...

 Un día la ley de amor habrá de matar al egoísmo, sea cual fuere el aspecto con el que se presente, pues también existe el egoísmo de familia, de casta, de nacionalidad.

 El amor al prójimo no tiene límites, el prójimo es la “humanidad entera”. El egoísmo es la llaga de la humanidad, es el objetivo al cual todos los creyentes verdaderos deben apuntar sus armas, sus fuerzas, su valor, pues es necesario mucho más valor para vencerse a uno mismo que para vencer a los otros. Si nos amáramos de verdad, la caridad se practicaría mejor pues sin ella no habrá paz en la sociedad

 Porque fuera de la caridad no hay salvación

 Incluso la debemos de practicar con los criminales, enemigos, etc… ellos son enfermos del alma, que hoy se están equivocando, y por la ley de causa y efecto tendrán que rectificar en ésta o en la próxima encarnación.

¿Quién sabe si nosotros no hicimos lo mismo en encarnaciones pasadas, y fuimos ayudados, y hoy tenemos la oportunidad de hacer lo mismo por otros o por aquellos a quien perjudicamos? Según actuemos hoy, así actuarán mañana con nosotros ¿Podremos afirmar que no nos equivocaremos en un futuro?

 Es por eso que nos aconsejaba el Maestro: «Pongámonos de buenas con nuestros enemigos mientras vayamos juntos por el camino» Practiquemos el bien con ellos para que les sirva de ejemplo y arrepentidos retomen el camino correcto. Ya no es el “ojo por ojo y diente por diente”, Jesús nos propone adelantar un curso más, dar un pasito hacia adelante en la evolución, ahora la recomendación es:

 «Si alguien te golpea en la mejilla derecha, ofrécele también la otra». Al orgulloso esta máxima le parecerá una cobardía, pues no entiende que haya más valor en soportar un insulto que en vengarse. Esto sucede porque todo lo basa en el presente sin contemplar una vida futura. Aun así, no se debe tomar esta máxima literalmente. Con estas palabras Jesús no nos prohíbe la defensa, sino que condena la venganza, pues son restos de las costumbres bárbaras que deben tender a desaparecer entre los hombres…

 Exponer nuestra vida para vengarnos de una injuria equivale a retroceder ante las pruebas de la vida. Con la pena de muerte o el asesinato no se elimina al enemigo, pues él continúa viviendo en el otro plano (mundo espiritual) manteniendo los sentimientos de odio hacia los que le hicieron mal.

 Odio, resentimiento, venganza, agresividad. Son impulsos que al dominarnos los expresamos a través de palabras ofensivas, cuando contraemos el corazón, cerramos los puños y emitimos rayos vibratorios de bajo tenor, sintonizando así con entidades inferiores, que de esa manera nos pueden envolver, instigándonos hasta cometer actos criminales… pero a la vez nos pueden ayudar a nuestro fortalecimiento al bien, por las pruebas que nos proporcionan…Ellos sólo consiguen alcanzarnos cuando descendemos a sus niveles vibratorios… (Síntesis del manual práctico del espírita, de Ney Prieto Peres)

 Juan el Evangelista, debido a su enfermedad y extrema vejez, tuvo que suspender sus largas predicaciones, pero constantemente repetía: «Hijitos míos, amaos los unos a los otros».

 Los efectos de la ley de amor son el mejoramiento moral y la felicidad durante la vida terrenal. No debemos rendirnos ante su práctica, pues hasta los corazones más viciosos y rebeldes ceden al amor verdadero, que es un imán al que no se pueden resistir. Al contacto con él, ese germen que se encuentra latente en nuestro corazón, despertará y empezará a crecer.

 Amar en el verdadero sentido profundo de la palabra implica ser leal, generoso, de conciencia recta. Mirar a nuestro alrededor, para buscar el dolor que aflige a nuestros hermanos para llevarles alivio, es considerar como propia la gran familia humana, porque la volveremos a encontrar dentro de un cierto periodo en mundos más avanzados. Así pues, para cada sufrimiento tened siempre una palabra de esperanza y de amparo.

 Y concluyo el resumen con este mensaje:

«¡Oh, estúpido amor propio, tonta vanidad y loco orgullo! ¿Cuándo seréis reemplazados por la caridad cristiana, el amor al prójimo y la humildad, cuyo ejemplo y precepto dio Cristo? Sólo entonces desaparecerán esas monstruosas preocupaciones que aún gobiernan a los hombres y que las leyes son impotentes para reprimir; porque no basta prohibir el mal y prescribir el bien, es menester que el principio del bien y del horror al mal estén en el corazón del hombre». (Mensaje de un Espíritu protector. Burdeos 1861. El Evangelio según el Espiritismo, cap. XII)

 Son los mismos espíritus que a la pregunta 625 de El libro de los Espíritus «¿Cuál es el ejemplo más perfecto que Dios ha ofrecido al hombre para que le sirva de guía y modelo?» Nos Responden: «Contemplad a Jesús»

 Jesús se convirtió en el ejemplo más vivo del amor. Su superioridad es la conquista de múltiples experiencias y se expresaba de forma natural. Su mensaje de liberación se extendía por todas partes, ya era imposible detenerlo. Sus enseñanzas respecto al amor, el perdón de las ofensas y la comprensión de las faltas del prójimo, ofrecía consuelo a los corazones, saturados por el sufrimiento y sin expectativas de futuro. Ejercía la autoridad con cariño en perfecta armonía, sin perder el equilibrio ni el afecto. Él demostró que es posible curar las heridas del mundo y de los seres humanos a través de la exteriorización del amor en forma de compasión, bondad, cariño y entendimiento. Su revolución por medio del amor suplantó todo cuanto antes fuera presentado por el pensamiento histórico y ético.

 Con Él ya no hay más punición-destrucción, sino educación-rehabilitación.

 Él demostró que se podía hacer, que el bien es más fuerte que el mal, que la no violencia es el antídoto para la ferocidad, la paciencia el remedio para la irritación… Jesús nos propone tener suficiente coraje para enfrentar al mal equipado con el bien y enriquecido con el amor, sin sentimientos de venganza ni odio. Esa actitud es más varonil que la belicosidad de los militares preparados para destruir… El no matar o no ser violento constituye el más grandioso desafío cultural y emocional que una criatura puede experimentar. Es gracias al amor que las relaciones alcanzan su plenitud, porque el egoísmo cede lugar al altruismo y al entendimiento del respeto y de la confianza, reafirmándose los sentimientos que se armonizan, produciendo bienestar tanto en el que dona como en el que recibe.

 «Creemos que somos seres especiales por ser amados, pero nos olvidamos que nos volvemos especiales cuando somos capaces de amar» (Jesús y el Evangelio, de Divaldo Pereira Franco. Espíritu: Joanna de Ângelis.)

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