Esta celebración del aniversario de El Evangelio según el Espiritismo es una especial oportunidad para reflexionar sobre el sentido profundo de la parábola de los obreros de la última hora, comentada en el capítulo XX por dos espíritus que se identifican como Constantino y Henri Heine. Es, sin lugar a dudas, una parábola que nos atañe muy de cerca. El amigo Constantino nos dice que somos trabajadores de la última hora. Es más, nos dice que desde hace muchos siglos, en existencias anteriores, fuimos llamados a servir a la causa del Maestro, pero nos retrasamos en presentarnos al trabajo.

Constantino nos alerta de que debemos emplear bien esta hora que nos queda, sin hacer demasiado caso de las dificultades que podamos encontrar por el camino. Por muy graves que se nos puedan figurar, no pasan de «un momento fugitivo en la inmensidad de los tiempos». Henri también nos considera a los espíritas trabajadores de la última hora, identificando a los primeros con los profetas, tales como Moisés y todos los enviados del Señor que trajeron a la humanidad, en diferentes épocas que precedieron a la actual, información que nos iniciaba en el conocimiento de las verdades espirituales. De forma casi poética, nos recuerda Henri que la reencarnación pone en posición de solidaridad y continuidad la tarea y el pensamiento de los obreros de todos los tiempos. A cada nueva encarnación el espíritu vuelve más maduro al campo del Maestro, ofreciendo progresivamente más y mejores talentos para la edificación del mundo de regeneración que todos ansiamos que la Tierra se convierta.

Si analizamos de forma literal la parábola, podríamos contentarnos con la idea de que los espiritistas, pese a que somos los trabajadores de la última hora, tendremos la misma recompensa que otros que han sido llamados al trabajo en épocas anteriores. A fin de cuentas, el budismo data del siglo VI a.C. y el islamismo del siglo VI d.C. Celebramos con esta edición el aniversario de 150 años de la edición de El Evangelio según el Espiritismo. Si nos quedamos en la superficialidad de la parábola, podríamos pensar que, pese a que sea una doctrina muy reciente, el espiritismo es tan importante para la humanidad como otras doctrinas más antiguas. Ésta, sin embargo, es una lectura que invito a los espíritas a que amplíen. Utilicemos los sentidos expresados en la parábola como advertencia muy relevante para que seamos dignos de las oportunidades que nos son confiadas a los espiritistas.

La cuestión central en la parábola de los obreros de la última hora es la recompensa. Por esto nos presentamos al trabajo, sea de la clase que sea. Por la recompensa murmuran los obreros de la primera hora cuando cobran lo mismo habiendo trabajado más. Lo que nos impulsa al trabajo es la recompensa que todos esperamos recibir al final de un día de labor. Consideramos justo que se nos pague, que se nos retribuya de alguna manera por la inversión de esfuerzos en una empresa. Jesús sabe que es así y por esta razón compara el reino de los cielos a este hombre, que podemos entender representa a Dios, que sale diversas veces durante el día a buscar trabajadores para su propiedad.

Podemos indagar de qué forma de pago nos está hablando Jesús. Sin embargo, antes hay que considerar a qué clase de servicio nos invita. El servicio precede a la recompensa. ¡Cuántas veces nos quejamos ante la justicia divina, reclamando lo que todavía no hicimos méritos por recibir! Así funciona la vida: causa y efecto; trabajo y recompensa. Sólo si entendemos la naturaleza del trabajo al que nos convoca la inteligencia cósmica universal lograremos comprender su justicia, que retribuye por igual a los que llegan antes y a los que llegan después. ¿Con qué propósito nos ha creado Dios? Para que alcancemos la perfección, expresando existencia tras existencia el amor y la sabiduría que en potencia existen en nuestras conciencias desde el momento de la creación. El servicio, por tanto, es de transformación interior, de crecimiento moral e intelectual, de renovación de emociones, actitudes, gestos y palabras. En la búsqueda continua y eterna de la perfección, radica el trabajo que nos compite realizar, hayamos sido creados hace billones, millones o miles de años atrás. Dios ha trabajado siempre y nunca dejará de trabajar. Para algo que siempre ha existido y jamás dejará de producir, ¿qué puede interesar el número de horas que sus criaturas hayan trabajado? ¿Qué es “mucho” o “poco” para el que lo ha creado todo y sigue creando eternamente?

Lo que verdaderamente interesa no es la cantidad de horas dedicadas a la causa. Los espíritas debemos dejar de estar orgullosos de la cantidad de años que llevamos en la doctrina, de la cantidad de horas que dedicamos al movimiento espírita o de la cantidad de tareas que realizamos en el centro. Incluso el aniversario de El Evangelio según el Espiritismo se debe asumir con actitud de profunda humildad. Si no es la cantidad de horas dedicadas al servicio, ni tampoco la diversidad de tareas realizadas en la casa o en el movimiento espírita, será otra cosa. ¿Qué podría ser? Pues la calidad. Horas de trabajo sin alegría son tiempo mal invertido. Tareas realizadas sin humildad, son tiempo desaprovechado. Años de dedicación al espiritismo sin consagrarle amor, esperanza y comprensión, son años en balde. Las horas y los años, así como las tareas, se pueden cuantificar: hay una forma objetiva de medir quién ha hecho más que el otro. La alegría de servir, sin embargo, ¿cómo la medimos? Imposible. Sólo uno mismo puede decir la paz que llega al alma con la realización del trabajo en el bien. Es una recompensa de tal forma personal, que muchas veces es difícil de expresar con palabras. Los resultados del trabajo de cada uno, por tanto, no son comparables. Sólo uno mismo puede saber con qué alegría, amor, esperanza y humildad se entregó a la labor espírita. Por esta razón, el padre de familia “paga lo mismo” a todos sus obreros.

Los que hemos sido llamados los últimos a la obra de amor del Maestro a través de la doctrina espírita podremos recibir la misma recompensa que nuestros demás hermanos de la gran familia universal espiritualista. El movimiento espírita en España es tan importante en el proyecto cósmico de renovación de conciencias como el movimiento espírita en Brasil. Los recién llegados a la doctrina espírita valemos tanto para el Señor de la viña como los que llevan generaciones en el espiritismo. La recompensa para los obreros de todos los tiempos será la paz de espíritu, la conciencia tranquila que sólo corazones pacificados llegarán a conquistar. La labor requiere disciplina y fidelidad, pero también alegría, comprensión, humildad. No hay un juicio exterior de la hoja de servicios prestados. Es tiempo de superar nuestras viejas costumbres farisaicas, cuando creíamos que era bastante servir con el culto exterior. La calidad del servicio es lo que determinará la recompensa de cada uno. Tomemos buena nota de ello, para aprovechar bien esta hora que nos queda, como nos advierte el amigo desencarnado Constantino.

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.