Estimado lector: en el mes de diciembre de 1993, la Federación Espírita Española inició un ciclo de Congresos anuales (en principio denominados mini-congresos) con el objetivo de reunir a todas las personas, asociaciones y centros espiritistas en torno a una propuesta instructiva en cuanto a calidad de las ponencias y desarrollo de la convivencia entre los distintos colectivos y personalidades.

Anaxágoras, el filósofo presocrático, afirmaba que el todo se encuentra en cualquier parte y que cada parte posee el todo. Este pensamiento sería hoy denominado holograma, por medio del cual cada partícula es una síntesis del universo y el universo está constituido de partículas. A Sócrates y a Platón les cupo la idea extraordinaria de decir que vivimos en un mundo de ideas, de donde somos originarios y donde retornamos después de la muerte. Para su filosofía ética, la vida tenía un sentido superior: la edificación de un ser integral a través de una propuesta de naturaleza moral. El espiritualismo socrático-platónico pretendía demostrar que la vida era indestructible, que la materia no era más que una condensación de esta energía del mundo de las ideas.

La vida es la mayor dádiva que nos ha sido entregada por nuestro Creador. Podemos contemplarla bajo dos prismas. Desde el punto de vista material, la vida es un camino que conduce inexorablemente a la muerte. Biológicamente tenemos caducidad. Desde el punto de vista espiritual, la vida es un camino que conduce hacia la perfección. Espiritualmente, somos inmortales.

El suicidio es, por sus características y efectos tan particulares, tal y como nos dice la mentora espiritual Joanna de Angelis «La más compleja e infeliz de todas las cosas que le pueden suceder al ser humano». Efectivamente, el suicidio es una acción muy infeliz, que depara unas inevitables y desgraciadas consecuencias para aquella persona que caiga en él, tanto en el plano espiritual como, luego, en futuras reencarnaciones.

Víctor Hugo escribió: «La música expresa aquello que no se puede decir en palabras y lo que es imposible guardar en silencio». Muchos músicos inolvidables dejaron obras maravillosas para el deleite del ser humano. Presento a cuatros genios de la música que todos conocemos:

Johann Sebastián Bach, del período barroco, dijo: «El único propósito de la música debería ser la gloria de Dios y la recreación del espíritu humano».

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