Estimado lector: en el mes de diciembre de 1993, la Federación Espírita Española inició un ciclo de Congresos anuales (en principio denominados mini-congresos) con el objetivo de reunir a todas las personas, asociaciones y centros espiritistas en torno a una propuesta instructiva en cuanto a calidad de las ponencias y desarrollo de la convivencia entre los distintos colectivos y personalidades.

Mucho hemos andado desde entonces, pues de los mini-congresos de los primeros años se pasó a los congresos actuales que, aunque guardando el mismo espíritu con el que se fundaron, han evolucionado en cuanto a ubicación, aforo, soportes técnicos, logística y asistencia. Se mantiene la calidad de las ponencias y se trabaja con entusiasmo para conservar el mejor nivel de convivencia.

En este número de la revista vamos a intentar trasladar a nuestros lectores una especie de crónica de lo que ha sido el evento divulgativo más importante de la doctrina espírita en tierras españolas, sin pretender desmerecer con ello la extraordinaria calidad de otros tantos eventos divulgativos de todos los matices, que hacen posible la adquisición de valores superiores y que se desarrollan y toman forma en los distintos rincones, ciudades y pueblos de nuestro país.

De inicio, para preparar a los asistentes a ese interesante y gran viaje emocional con la maestría que siempre acompaña a sus intervenciones y conferencias, Divaldo Franco nos sumergió en el Mundo Invisible a través de su verbo fluido e instructivo, abriendo grandes expectativas de lo que –aún a nuestro pesar– vamos a encontrar una vez sumergidos en el sueño del no retorno. El Espiritismo se muestra como la alternativa perfecta a las propuestas incapaces y decadentes de las sociedades consumistas.

Alfredo Alonso a continuación nos ilustró al respecto del regreso a la vida espiritual, cuestión que siempre aparece en nuestra mente -aún de los escépticos– como una indudable necesidad de calmar nuestra inquietud ante semejante experiencia, que por otro lado es totalmente objetiva y necesaria para el desarrollo intelectomoral de todos nosotros.Tal vivimos, tal desencarnamos, pasando a ocupar la ubicación precisa y el lugar adecuado, fruto de nuestros pensamientos y actos en la vida presente, en el mundo original.

Acto seguido, Alfredo Tabueña nos introduce en el conocimiento de los efectos nocivos con que se encuentran los suicidas una vez concluido el nefasto acto del suicidio. Me permito recordar que el mundo invisible -a nuestros limitados sentidos– bulle de vida por doquier; la vida en sí es un don producido por la causa primaria de todas las cosas y no está al alcance de nadie la posibilidad de ponerle fin (aunque se intente). Podremos despojarnos de una capa -como hacemos con la cebolla– pero la esencia permanece y permanecerá por el fin de los tiempos. Ahora bien, cuando perjudicamos o hacemos mal uso de la herramienta puesta a nuestra disposición para las experiencias necesarias a nuestro progreso, caemos en una lamentable situación de irresponsabilidad que nos traerá de retorno angustias mayores, trastornos y sufrimientos, para desembocar nuevamente en experiencias similares en nuevos ciclos de existencia.

Más adelante nuestro amigo Víctor Ruano nos introduce en el maravilloso mundo de la música, haciendo una comparativa magistral de los finos acordes de este mundo, que se empequeñecen ante los grandes acordes de las líneas superiores de la vida en el Más Allá. Sabemos de la ampliación de nuestros sentidos una vez despojados de la materia física que obstaculiza su manifestación y cómo el alimento de las notas musicales obra toda una transformación en los campos sutiles del alma revitalizándola.

Carlos Campetti junto con Juan Miguel Fernández fundamentan su ponencia en la capacidad del ser humano para realizar comunicaciones entre distintos planos de existencia, o dicho más popularmente, comunicaciones con el Más Allá. Dichas comunicaciones se han producido en todos los tiempos y lugares, están recogidas tanto en los libros sagrados de todas las religiones, como en los textos de portavoces e historiadores en las distintas épocas. Dichas comunicaciones han sido atribuidas en su autoría a Dios, a los ángeles, al demonio, etc., para llegar a la conclusión de que pertenecen al mundo de los vivos Más Allá de la “muerte” de dónde venimos y adónde vamos después de la separación del cuerpo material. Y por el mismo motivo de seguir estando vivos, ¿qué digo vivos?, sería más bien, realmente vivos, tenemos la necesidad de seguir comunicando con los que quedaron aquí, en la parte densa de la vida. Hoy día sabemos de la necesidad del ser humano de comunicarse con otros (también lo saben las operadoras de telefonía) y la doctrina espiritista nos aporta sus razonamientos al respecto y los métodos lógicos y fiables de realizar dichas comunicaciones de forma segura.

Janaina Minelli, con gran dulzura y encanto, preparó y desarrolló para todos los presentes el elixir por excelencia «Terapia del Amor» potenciado con la sensibilidad natural de su peculiar personalidad. Nos habló además de un maravilloso instrumento para ser felices al alcance de todos, las extraordinarias gafas del amor. Ciertamente si la necesidad me colocara en la obligación de tener que expresar a través de las letras lo que tuvimos oportunidad de vivenciar en ese salón, me sería absolutamente imposible; cada palabra va acompañada de una vibración y éstas –las vibracionesamigos míos, aún no tienen expresiones acordes en el diccionario de las letras. Se sienten, se comprenden, pero no se pueden explicar.

Nuevamente y retomando el timón de la elocuencia y buen hacer, Divaldo Franco nos explicó cómo la mediumnidad desvela el mundo espiritual.Todas las criaturas estamos dotadas de tan precioso instrumento como es la mediumnidad, pero ni todos la tenemos suficientemente desenvuelta, ni todos la utilizamos para los fines útiles que propugnan las líneas superiores de la vida. No obstante, y lo más importante, la mediumnidad demuestra la inmortalidad del alma y este postulado podría ser el mayor descubrimiento de la humanidad de todos los tiempos, impactando directamente en el desarrollo de la inteligencia y en los valores necesarios para el avance de la humanidad. El ser humano busca, investiga, indaga dentro y fuera de la Tierra buscando sus raíces y previendo el porvenir, pero aún no ha realizado el esfuerzo por excelencia, buscar dentro de sí su raíz, su procedencia, su realidad suprema. Ahí queda la invitación y la propuesta.

Ya en la postrimería de este encuentro y siguiendo la línea abierta por la maestría de Divaldo, nuestro compañero Miguel Vera sigue trabajando y ampliando conceptos acerca del Mundo Invisible a nuestros sentidos imperfectos. Mucho queda aún por investigar y por descubrir, no obstante, Miguel nos trajo a la conciencia un estudio serio y profundo de las leyes que rigen el mundo de las causas y cómo va cayendo poco a poco el velo que lo mantenía “oculto”.

Olga Ortiz inicia el día de clausura con una fresca y sustanciosa conferencia acerca de un viaje maravilloso. La magia tomó forma en sus palabras y nos llevó casi de puntillas a sumergirnos en un espacio que a priori nos parecía desconocido, pero que conforme íbamos avanzando se nos iba tornando reconocible y apasionante. Como en un cuento, viajamos a través de El Libro de los Espíritus, reconocimos sus partes, sus contenidos y pudimos palpar sus esencias. Todo un viaje maravilloso del cual guardamos muy gratos recuerdos.

Y como colofón de cierre, Divaldo Franco nos trasladó con su verbo las directrices precisas de la adquisición de la plenitud espiritual. Este momento solemne por su contenido y trascendencia hizo vibrar los corazones de los allí presentes. El Mundo Invisible y el mundo de las formas tendiéndose las manos para seguir trabajando en pos del autoconocimiento y la reforma moral, palancas necesarias para el mejoramiento y la felicidad de la humanidad.

Estimados lectores, después de este pequeño relato de los acontecimientos vivenciados, me queda la esperanza de que quieran compartir con nosotros los próximos eventos, que para 2015 se celebrarán bajo el lema EVOLUCIÓN EN DOS MUNDOS. Ciertamente, año tras año, intentamos llevar a los congresos organizados por la Federación Espírita Española, conocimiento, investigación, dinamismo, fraternidad, ilusión y, sobre todo, grandes expectativas de dejar un reflejo grato en sus conciencias.

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