Durante la revolución bolchevique en Rusia, destaca un extraordinario psicólogo, Gurdjieff, que había dedicado su vida a entender qué es la criatura humana y llegó a decir que es la medida de sus propios problemas. Creó una psicología basada en la penetración del inconsciente del ser humano para encontrar los factores que producen la felicidad o la desdicha de cada uno.

En aquel momento de la revolución, como era un personaje noble, consiguió del zar de Rusia la oportunidad de salir del país con un grupo de estudiantes de la nobleza, para hacer un viaje muy especial. A la vez consiguió un salvoconducto de los comunistas para poder atravesar las fronteras, pensando en retornar posteriormente. Con un grupo extraordinario de personas interesadas en encontrar la plenitud de la vida, comenzó su viaje dirigiéndose e la India.

Posteriormente publicaría una obra que sería llevada a la pantalla cinematográfica, titulada A la búsqueda de los hombres nobles o sagrados (Encuentros con hombres notables). Después de haber estado en India, visitó China, Japón, realizando investigaciones profundas a respeto de la psiquis y del ser espiritual.

Estuvo en Egipto, pero, a medida que el viaje se alargaba, muchos de aquellos entusiasmados seguidores fueron abandonándolo, porque las exigencias de Gurdjieff, eran muchas. Naturalmente para que el ser pueda encontrarse a sí mismo es necesario un esfuerzo muy grande, para penetrar en los abismos de su inconsciente y libertarse de los pantanos del alma.

Después de casi un año en la búsqueda de hombres y mujeres notables, resolvió retornar a Europa, haciendo un largo viaje hasta Chipre y posteriormente directamente a París. De aquel grupo extraordinario de pensadores, psicólogos, aristócratas, quedó solamente un grupo reducido. Pero Gurdjieff, no era hombre que se desanimaba, gracias a una discípula francesa, consiguió en París una casa maravillosa donde pudo instalar la escuela que se llamaría “La conciencia integral del ser humano”.

Allí, entonces, para disciplinar la voluntad y los hábitos de la aristocracia, hábitos de comodidad, de pereza, trabajaba en la tierra, hacía horticultura, jardinería, y al mismo tiempo teatro, estudios profundos de meditación y, por encima de todo, la lucha en contra de su inferioridad moral. La psicología gurdeviana tiene como base esencial la inmortalidad del alma. Gurdjieff es pionero en el área de la psicología clásica, para demostrar que la vida tiene un sentido profundo, que es la búsqueda de la plenitud.

En ese momento el pensamiento psicológico había abandonado la psiquiatría de Freud. El psicoanálisis estaba construyendo sus escuelas en Europa, pero Freud había sustituido a Dios por la libido, y decía que el ser humano era esencialmente animal. La libido sexual predominaba en la criatura humana, por ser uno de los instintos más antiguos del proceso del desarrollo antropológico. Esto porque la procreación es un instinto básico de que todos los seres vivos necesitan: vegetales, animales y seres humanos. La propuesta de la divinidad del ser humano es una superchería mística de las antiguas doctrinas de la ignorancia.

Gracias a esta posición dogmática, el notable psiquiatra suizo Carl Gustav Jung, hubiera adoptado el pensamiento freudiano para entender a los psicópatas del sanatorio psiquiátrico donde él realizaba sus experiencias de estudio del ser profundo. Descendiente de religiosos, no podría huir de esta herencia del protestantismo de su padre, de su abuelo, de su bisabuelo. Pero un día tuvo un sueño, un sueño muy terrible y a partir de este momento se hizo materialista. Abandonó a Dios, las creencias religiosas, y comenzó a pensar cómo explicar el Universo, cómo explicar la vida, divorciándose de Freud, porque él era portador de fenómenos paranormales y uno de ellos aconteció en la biblioteca de Freud, en Viena. Jung comenzó a buscar una palabra que tradujera toda esa realidad que es el inconsciente profundo del ser.Y fue a encontrar la palabra en la doctrina cristiana primitiva, en San Ireneo, que es considerado uno de los padres de la Iglesia Cristiana primitiva. La palabra está formada por dos palabras griegas, “arques” y “tipoy”. Con estas «marcas antiguas», Carl Gustav Jung comenzó a construir el edificio de su doctrina profunda, basada en los arquetipos, diciendo que el ser humano proviene de un arquetipo fundamental que él llamaba “el arquetipo primordial”, el viejo, el arquetipo predominante en el Universo.

Descodificando la doctrina de Jung llamaremos a este arquetipo Dios o Naturaleza o causa, o εἶδος (eidos); no importa el nombre que se le aplique. De este arquetipo fundamental, hay decenas de otros arquetipos, esencialmente el Self, el ego, la sombra y otros que fueron siendo establecidos para explicar la criatura humana.

Cuando se refiere al Self, significa “sí mismo”, el ser profundo psíquico que no se muere. La psiquis después de la muerte del cuerpo permanece y a veces cambia de cuerpos; a esto llamamos reencarnación. Y también estableció el ego, aquello con lo que nos presentamos en la cultura, en la sociedad. Estos dos arquetipos serán predominantes en la naturaleza humana.

La doctrina de la psicología analítica o profunda intenta explicar las herencias que forman parte de nuestra sombra. Tenemos una sombra fuerte, que son los vicios, las tendencias negativas y tenemos una sombra débil, que es la ignorancia.

La misión de la vida en la Tierra es adornar nuestra sombra profunda de claridades. Hacer que ella se haga luminosa y, al mismo tiempo, hacer que la sombra débil se vuelva luminosa mediante la adquisición del conocimiento.

Gracias a esta sombra, todos los psicólogos intentan comprender por qué hay personas buenas, personas dignas, hombres y mujeres honorables que de un momento a otro cambian y presentan una faz degenerada, por qué un banquero, un ministro, un hombre público, que tiene la honra de servicios nobles, súbitamente se permite la deshonestidad, una conducta reprochable, por qué maquilla las cuentas de la Bolsa para engañar, sabiendo en su inconsciente que oportunamente se descubrirá esta actuación. Por qué un profesor que lidia con niños, de un momento a otro, se transforma en un pedófilo; por qué un hijo súbitamente parece tener un ímpetu y le quita la vida a su madre, a su padre. La doctrina junguiana explica que es la sombra, que Allan Kardec llamará las malas inclinaciones.

Estas malas inclinaciones son herencias de nuestras existencias pasadas, y Carl Gustav Jung propone entonces el esfuerzo moral, una ética de respeto por la vida, para lograr la cumbre de la evolución, que se llama “el estado luminoso”. La palabra se deriva del latín “lumen”, luz, que nosotros llamaríamos «el reino de los cielos», porque este estado luminoso está adentro nuestro.

El Maestro Jesús dijo: «el reino de los cielos está adentro vuestro» y además Jung establecerá que la vida tiene un principio: no solamente ser humanitario, ser humanitario es un deber, sino trabajar por la humanidad, que es una conquista intelecto-moral. El individuo tiene que alcanzar el estado más elevado, tiene que lograr una posición de relieve. Además del estado luminoso, tiene que conseguir ese estado de ser integral. Los problemas humanos no lo deben perturbar, donde la sombra no se manifieste, porque en el eje Ego-Self es necesario que la sombra del ego se ilumine y se una a la realidad del Self.

El ser que yo parezco tiene que unirse al ser que soy. Yo no soy Divaldo Franco, yo estoy Divaldo Franco, porque yo soy la suma de todas mis experiencias del Self para llegar a la individuación. Pero, para poder entender eso, a la luz de la ciencia espírita, que es el más notable tratado de psicología humanista, de psicología profunda, porque consigue poner puentes entre las teorías psicológicas y la realidad transpersonal del ser humano, nosotros tendremos que retornar a Gurdjieff. Éste tuvo un discípulo, un ruso inglés llamado Peter D. Ouspensky. Después de una lucha para construir el ser integral gurdieviano, los dos científicos presentaron algunas dificultades y se separaron, haciendo dos escuelas de pensamiento. La escuela de Gurdjieff en los años treinta, antes de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a descomponerse y Gurdjieff, retornó a Rusia, permaneció en el continente europeo. Ouspensky, invitado a ir a Nueva York, tendrá oportunidad de explicar la doctrina de Gurdjieff y establecer que la criatura humana es un desafío a sí mismo, que nadie puede solucionar nuestros problemas, porque nuestros problemas resultan de nuestro proceso reencarnacionista. Somos espíritus en tránsito, etapa a etapa, archivando en nuestro inconsciente individual de Jung y en nuestro inconsciente colectivo de Freud y Jung, las experiencias que un día se transformarán en este estado luminoso. Por lo tanto, en la visión cristiana, «el reino de los cielos», que podremos conseguir en la Tierra como enseña el Espiritismo, no es algo que esté lejos, es algo que está cerca. Cuando tenemos paz, tenemos Dios, tenemos armonía, tenemos «el reino de los cielos», el mal no nos hace mal, el elogio no nos transforma en vanidosos, los aplausos no nos transforman en ídolos, porque sabemos que somos ídolos con pies de barro, que fácilmente se rompen y el ídolo cae y se despedaza…

Al llegar a la conciencia cósmica alcanzaremos la individualidad. Yo soy una individualidad, yo soy el espíritu inmortal, me encuentro en la Tierra para desarrollar una función transpersonal, para amar, porque por medio del amor, el ser llega a la plenitud. Las dificultades, los desafíos son experiencias que archivamos en el alma en nuestro inconsciente, diluidos entre el ego y el Self, y pasamos a decir: ¡Yo soy Dios! Como el Maestro preguntó: «¿No está dicho que vosotros sois dioses?» Por lo tanto, que vivamos como si fuéramos dioses, amamos a aquellos que vienen de otra dimensión, nos admiramos de la ternura, de la dulzura de Jesús y no queremos imitarlo.

El Espiritismo, por ser la psicología profunda del alma, nos propicia esa plenitud, este estado de superación de las pasiones, herencias de nuestra evolución antropológica. Ya es tiempo de controlar el instinto con la razón, de sublimar la razón con la angelitud por medio de la intuición y vivir en la Tierra, este paraíso perdido al que se refiere Milton, el escritor inglés, cuando habla de un mundo mejor.

El Espiritismo pues está en la Tierra para proporcionarnos salud integral. Es inevitable que tengamos enfermedades, pero mantendremos la salud general, este estado de alegría. Una alegría infinita se encarga de dominar nuestras almas para poder decir a Dios, cuánta alegría en conocer la doctrina de su hijo y vivirla, ahora sí, vivirla. Porque el Evangelio interpretado por el Espiritismo adquiere un sabor psicológico para tener una vida social, una vida humana, en los paradigmas de la plenitud. Plenitud, que es la integración perfecta del ego y el Self, y mirarnos los unos a los otros como hermanos, es claro que amando un poco más a éstos, amando menos a aquellos, pero no teniendo rencor, ni sentimientos negativos de nada ni de nadie.

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.