Estimados lectores:

En este número 12 de la Revista Espírita vamos a tratar sobre una cuestión principal del ser humano: los “Desafíos de la Existencia”. En un mundo tan escaso de valores como es el planeta en el que vivimos y al que transitoriamente pertenecemos, se multiplican por do- quier los desafíos existenciales.

El primer desafío que enfrentamos es saber quiénes somos verdaderamente, saber qué hay de cierto en las diferentes propuestas y enfoques de las ciencias psicológicas al respecto de la realidad del ser como criatura pensante. Sobre esta cuestión tan fundamental, el Espiritismo tiene algo que decir. Nuestra aportación es la consecuencia de elucidaciones claras y responsables de mentes esclarecidas que han conformado la personali- dad de grandes científicos y pensadores como son y han sido: Camille Flammarion, Charles Richet, Léon Denis, Victor Hugo y tantos otros, dando respuestas pautadas por la razón de lo que realmente somos, de dónde par- timos y cuál es nuestro destino final.

Aclarado este primer desafío existencial o propuesta –como queramos denominarlo aparece la necesidad de ser feliz, que está implícita en la propia existencia del ser humano. Necesidad que podemos perfectamente abastecer, siempre y cuando enfoquemos la existencia no como algo accidental a modo de satisfacer deseos e instintos, sino más bien –comprendiendo nuestro destino– caminar rumbo al oasis de lo útil y de lo bello, una vez despiertos y conscientes de la trascendencia de la misma. La felicidad se muestra como un efecto natural producto de nuestras acciones y pensamientos y no como el producto de quimeras ilusorias que pueden convertirse en nefastas para nuestra propia existencia.

Siguiendo adelante nos adentraremos en el terreno de la justicia, cuestión tan controvertida y que invita al devaneo mental por encontrar la llave maestra que aplique verdaderamente el concepto de equidad y reparto de oportunidades. Son muchas las ocasiones en las que nos deparamos con la falta de justicia y observamos cómo se cometen actos arbitrarios que quedan –aparentemente– impunes. Este hecho nos llena de desasosiego y nos crea inseguridad. Sólo cuando nuestra mente es capaz de desarrollar vuelos más altos, es que podemos percibir leyes más justas y sabias, entre ellas, la ley de causa y efecto –ley de responsabilidad– que da sentido a todo cuanto ocurre y nos previene sobre los efectos de la ignorancia, al mismo tiempo que desarrolla en nosotros el sentido moral.

¿Y el sufrimiento? ¿no forma parte también de la vida? Citando las cuatro verdades del Buda: el sufrimiento, el origen del sufrimiento, el sufrimiento puede ser vencido y el camino que lleva a la cesación del sufrimiento, podremos verificar que el espiritismo –al igual que el budismo– tiene una propuesta esperanzadora y cargada de elementos superiores de justicia y equidad. Nosotros, criaturas trascendentes a la realidad biológica, tenemos necesidad de equilibrar nuestra consciencia vivenciando experiencias que contrabalanceen nuestros errores de otrora.Y para ello, solicitamos a los responsables mayores de nuestra trayectoria evolutiva nos concedan las pruebas necesarias para restituir aquello que indebidamente hemos usurpado o experimentar las consecuencias del daño causado. Esta propuesta le da un sentido de justicia al sufrimiento, deja de ser algo externo para convertirse en una consecuencia natural, que –bien gestionada– nos hace crecer y desarrollar nuestras potencialidades latentes.

Nos gustaría, estimado lector, que el contenido vertido en estos artículos se pudiese transformar en un elixir para atenuar la angustia proveniente del vacío existencial, este veneno que corroe el pensamiento y las emociones de muchas criaturas que optan por intentar dejar de existir –sin conseguirlo– y que se agreden a sí mismas tratando de escapar de una sinrazón para desembocar en un estado de alucinación que las acompañará en el devenir de los tiempos. La vida es un bien supremo que no tiene capacidad de extinguirse jamás; “mueren” –se transforman– los elementos que componen nuestro campo celular, pero la vida sigue imperecedera rumbo a cotas más altas de consciencia. El Espiritismo ofrece una propuesta lógica y razonada al respecto de los objetivos fundamentales del ser pensante. Una vez alcanzada la comprensión de las leyes superiores que rigen nuestras existencias, riqueza–pobreza, salud–enfermedad, felicidad–infelicidad, dejan de tener sentido absoluto para pasar a ser situaciones o experiencias relativas que con- forman un todo universal.

Les dejo para que disfruten con estas lecturas y les invito a la reflexión sin prejuicios de sus contenidos.

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