Entre las obras de literatura mediúmnica, Memorias de un suicida, trasmitida a través de Yvonne de Amaral Pereira, figura en un lugar de honor, por las preciosas informaciones que nos trae respecto a la vida después de la vida de los suicidas y las profundas reflexiones de filosofía espírita bajo la dirección de Léon Denis. No se trata de una obra psicográfica, sino que la médium “veía u oía nítidamente las escenas aquí descritas, observaba los personajes y los lugares, con claridad y certeza absolutas, como si normalmente los visitase y me hallara presente en todo”, tal como expresa en la introducción.

El libro O martirio dos suicidas se fue gestando muy lentamente, iniciándose con los apuntes tomados a partir de 1926 que recopilaban datos de espíritus suicidas que acudían al centro espírita de Lavras, en Minas Gerais. Entre ellos destacó uno por su asiduidad, que había sido un notable escritor portugués, Camilo Castelo Branco, el inolvidable autor romántico de Amor de perdiçao, quien falto de valor moral no pudo no soportar la ceguera y acabó sus días disparándose un tiro en la cabeza. Tras largos años y vicisitudes, la obra más esclarecida sobre el destino de los suicidas pudo ser publicada en 1954.

Camilo Castelo Botelho, tras constatar que pese a su deseo no ha muerto, sino que bien al contrario se encuentra en una situación muy penosa, nos narra su historia y la de los personajes con los que coincide en su periplo. Cual Caronte, nos conduce a través de estas páginas inolvidables por el valle de los suicidas, una estación temporal llena de sufrimiento, que trae a la memoria el también inspirado Infierno de Dante Alighieri. Tras el paso por una Colonia Correccional, el hospital María de Nazaret y su pausado mejoramiento, los réprobos llegarán a una ciudad universitaria, a la Mansión de la Esperanza, para cursar Moral, Filosofía, Ciencia, Psicología, Pedagogía, Cosmogonía… pasando de las tinieblas y el sufrimiento a la luz y la regeneración. Después de medio siglo de internamiento en la Colonia Correccional, trabajando con sus amados guardianes, conociendo detalles de otras existencias pasadas, se prepara para una nueva encarnación, con el objetivo de reconstruir su destino como espíritu inmortal.

A través de estas páginas inspiradas conocemos detalles de los terribles sufrimientos que suceden al suicidio. Su objetivo no es hacer literatura más o menos fantástica, sino que cumple un deber sagrado de esclarecimiento dirigido a los que sufren, un aviso a navegantes por los que transitan por la vida descreídos, sin rumbo, una advertencia sobre el abismo que sigue al suicidio.

Memorias de un suicida, al igual que Te perdono, de Amalia Domingo Soler, y tantas otras obras, se suma a las numerosas pruebas de las vidas sucesivas a través de la mediumnidad bien conducida, con desinterés y dedicación sublimada de los intermediarios. Una prueba que se suma también a los cientos de casos, constatados por la ciencia, de personas que recuerdan vidas pasadas recogidos por los doctores Stevenson, Tucker, Barnejee, Weiss, entre otros.

La lectura de Memorias de un suicida es muy recomendable.Ya ha salvado muchas vidas, como El Libro de los Espíritus, recopilado por Allan Kardec. Dejamos anotados algunos fragmentos para alentar a su lectura:

«—¡No, amigo mío! ¡No has muerto! ¡No morirás jamás!… Porque la muerte no existe en la Ley que rige el Universo. Lo que pasó fue, simplemente, un lamentable desastre con tu cuerpo físico terrenal, aniquilado antes del lapso oportuno por un acto mal orientado de tu raciocinio… La vida por tanto no residía en aquel cuerpo físico terrenal, y sí en este que ves contigo y sientes en este momento, el cual es el que realmente sufre, el que realmente vive y piensa, con la cualidad sublime del Ser inmortal; mientras que el otro el de carne que rechazaste, aquél, apropiado únicamente para ser usado durante la permanencia en el proscenio de la Tierra, desapareció ya bajo la sombría piedra de un túmulo, como vestimenta pasajera que es, de este otro que está aquí… Cálmate pues… Comprenderás mejor a medida que te vayas restableciendo…»

(Cita tomada de la edición de: Pereira, Y. Memorias de un suicida. Buenos Aires : Fundación Espírita Humanista Allan Kardec, 2008. Obra disponible también en www.espiritismo.es)

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