Estimados lectores:

Este número de la Revista versa sobre el 150 aniver- sario de la primera edición del libro El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo. Este libro –cuarto de la serie que integra la Codificación Espírita de Allan Kardec– lo podríamos considerar como el de mayor contenido de principios activos que calman y dulcifican nuestras inquietudes internas, aportándonos un alto nivel de confianza en esto que tanto nos ocupa y preocupa, el concepto de “justicia”.

En la noche estrellada el ser humano alza la mirada al cielo y queda cautivado ante la grandeza del firmamento. La belleza de la creación le invade y las penas que pueda arrostrar se empequeñecen ante la nimiedad de nuestra existencia, menor que un grano de arena en la infinidad del universo.

«El cielo está donde el hombre ha colocado su corazón» (Swedenborg)

Era una mañana fresca del mes de marzo. Salimos del coche y los huesos se nos helaron aún más, si cabe, cuando al acercarnos a la entrada principal de la institución penitenciaria observamos los imponentes muros con alambre de espinos que cercaban el establecimiento. La cárcel desprendía de sus negruzcos muros el sentimiento de aislamiento y soledad que cohabita en su interior. El penal se encuentra situado en una zona deprimida al pie de la sierra de Carrascoy.

Comprobamos en El Cielo y el Infierno, una vez más, el carácter pedagógico de Allan Kardec, quien continúa así con el compromiso de mostrar al mundo la esencia del Espiritismo y la Verdad. En este libro nos ofrece un exhaustivo estudio que compara los diversos dogmas y creencias con la fuerza del razonamiento y la educación del Espíritu inmortal. El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina está dividido en dos partes, expuestas con rigor para la comprensión de todos aquellos que se sientan interesados por el aprendizaje de la vida espiritual.

Dr. van Lommel, primero que nada queremos darle las gracias por aceptar esta entrevista para nuestra revista. Es para nosotros un honor contar con el “Sir William Crookes de las Experiencias cercanas a la Muerte”, porque usted como él ha tenido que enfrentarse a los prejuicios de los científicos materialistas que, además de ciegos para mirar más allá, atacan a todo aquel que se salga de los cánones establecidos. Pero como un Galileo de nuestra época, usted ha dicho, a su manera, “¡Y sin embargo, se mueve!”.

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