Estimados lectores:

Este número de la Revista versa sobre el 150 aniver- sario de la primera edición del libro El Cielo y el Infierno o la Justicia Divina según el Espiritismo. Este libro –cuarto de la serie que integra la Codificación Espírita de Allan Kardec– lo podríamos considerar como el de mayor contenido de principios activos que calman y dulcifican nuestras inquietudes internas, aportándonos un alto nivel de confianza en esto que tanto nos ocupa y preocupa, el concepto de “justicia”.

Aunque muchos la defiendan a ultranza con denodado interés, lejos queda todavía el momento de su implantación definitiva en el terreno de la vida y en la expresión de nuestra conciencia. No obstante, esta obra nos introduce de forma simple, y al mismo tiempo magistral, en la compresión de que por encima de nuestro modelo de justicia imperfecta hay una Justicia mayor, que abarca a todos los seres insertos en el amplio espectro de la Creación. Esta nueva visión ampliada nos ayudará a comprender que la vida es mucho más que un accidente en el camino o la consecuencia del fruto apasionado del gozado amor; y que todo acto, toda palabra o todo pensamiento, para bien o para mal, tiene sus consecuencias. La Justicia Soberana enunciada en esta obra es el acicate preciso y necesario para implantar en el terreno psicológico de nuestro ser la seguridad de que nada queda impune y que todo esfuerzo tiene su recompensa.

Copiamos a continuación parte del prefacio de este tratado, cuyo autor, Allan Kardec, haciendo uso de sus elevadas facultades, inteligencia y buen hacer, nos introduce en ella con suficiente objetividad:

«El título de esta obra indica claramente su objetivo. Hemos reunido en ella todos los elementos propios para ilustrar al hombre sobre su destino. Como en los demás escritos sobre la doctrina espiritista, no hemos puesto nada que sea el producto de un sistema preconcebido o de una concepción personal, que no tendría ninguna autoridad.Todo es deducción de la observación y de la concordancia de los hechos.

La primera parte de esta obra, titulada Doctrina, con- tiene el examen comparado de las diversas creencias sobre el cielo y el infierno, los ángeles y los demonios, las penas y las recompensas futuras. El dogma de las penas eternas se trata de un modo especial y se refuta con argumentos sacados de las leyes de la misma Naturaleza, que no sólo demuestran la parte ilógica, repetida cien veces, sino su imposibilidad material. Con las penas eternas caen, naturalmente, las consecuencias que se creería poder sacar de aquéllas. La segunda parte encierra numerosos ejemplos en apoyo de la teoría, o mejor dicho, que han servido para establecer la teoría. Tienen su autoridad en la diversidad de los tiempos y lugares en donde se obtuvieron, porque si dimanasen de un solo origen, podrían considerarse como producto de una misma influencia. La tienen, además, en su concordancia con aquello que se obtiene todos los días, por todas partes en donde se ocupan de las manifestaciones espiritistas bajo el prisma formal y filosófico».

Este número de la Revista, a través de sus diferentes artículos, tratará de transmitir al lector, con un enfoque serio y bien elaborado, aspectos sobre cómo gestionar nuestros temores ante el inexorable tránsito a lo que será nuestro hábitat natural después de la experiencia terrestre, los diferentes estados de conciencia y cómo se manifiestan, la demostración científica de la sobrevivencia del alma, la legislación moral y cómo se aplica, la ubicación de cada ser en el lugar que le corresponde según merecimiento, ángeles y demonios y otras tantas cuestiones que tanto interesan al hombre inteligente de la actualidad y que no deben seguir permaneciendo en el espacio místico de la alegoría, de la fantasía o de la ignorancia.

Es nuestro deseo que disfruten su lectura y que les aproveche.

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