No sólo en los pueblos de la antigüedad sino también en los días de hoy observo que la creencia en ángeles o seres especiales existe. ¿Quién no ha deseado tener poderes sobrenaturales o un par de “alas”? –yo sí– ¿Quién de niño (y no tan niño…) no echó su capa al viento intentando alzar el vuelo para poder solucionar los problemas del mundo? ¿O querer creer en la reencarnación por si acaso pudiéramos elegir ser una majestuosa águila real? Incluso el argumento de la mayoría de las películas que actualmente están en cartelera y gozan de éxito tiene como base a estos personajes: Ángeles buenos, Ángeles malos, hadas, súper héroes… todos suspendidos en el aire y con poderes fuera de lo normal.

Y ahí estamos los súper-padres argumentando que vamos al cine por llevar a nuestros hijos a que las vean ¡¡pero yo creo que en el fondo…!! Ya más de una vez me entraron ganas de meter los dedos en el enchufe a ver si así se modificaran mis células y… voilà! “vuelo” (no lo hagáis, no funciona).

Y si lo analizamos bajo el punto de vista de las religiones, encontramos, en la mayoría, más de lo mismo, la creencia en: Ángeles, Arcángeles, Serafines… seres de una creación aparte al hombre, y creados por Un Dios paternal, infinitamente bueno y justo.

¿Un Dios justo? ¿Seres creados privilegiados destinados a un goce perpetuo sin haberlo merecido y otros destinados a todos los sufrimientos de la Tierra y que para poseer un poco de felicidad tienen que conquistarla a través de las luchas y dificultades de la vida? Y alguien se puede preguntar: ¿Dónde está ahí la justicia de Dios si todos somos creación suya y, por tanto, todos hermanos…?

“ÁNGELES” Es como una idea innata, latente dentro de nosotros queriendo tomar forma lógica, y que debe tener su motivo de ser…¿Y qué dice la Ciencia Espírita referente al particular? ¿Existe ese estado en la creación? Sí.

Dios no ha creado ni la desigualdad de esencia, ni la desigualdad de destino entre sus criaturas. Todos hemos sido creados como espíritus simples e ignorantes, dotados de iguales facultades para pensar, sentir y querer. Nuestro destino en el universo es desarrollar indefinidamente esas facultades en sentido progresivo. Dios no nos da la experiencia, pero nos concede los medios para adquirirla ¿Cómo? A través de la Ley de la Reencarnación. El trabajo es el medio para lograrlo y el objetivo, que es la perfección, es común a todos.Todas sus leyes están orientadas hacia el bien; somos nosotros quienes creamos el mal trasgrediendo esas Leyes Divinas.Tenemos plena libertad para observarlas o infringirlas recogiendo cada uno nuestra propia cosecha, siendo así los artífices de nuestro destino. Es una conquista a costa del propio esfuerzo, sin distinción ni privilegio alguno. Es así que poco a poco nos vamos desarrollando, perfeccionándonos y avanzando en la jerarquía espiritual hasta que llegamos al estado de Espíritu Puro o Angélico, digámoslo así.

Esos que ahora llamamos Ángeles, son las almas de los hombres que han pasado, como nosotros, las dolorosas peregrinaciones de las encarnaciones terrestres, que alcanzaron el máximo grado de perfección que admite la criatura y que en su plenitud gozan de la felicidad prometida.

Dios crea continuamente y nunca deja de crear. El universo está lleno de moradas donde todos vamos experimentando y creciendo. Mucho antes de que la Tierra existiese, ya había otros mundos en los que los espíritus encarnados recorrían las mismas etapas que nosotros ahora y que ya alcanzaron la meta. Así pues los Ángeles, o Espíritus puros, existen desde toda la eternidad.

Dios nunca estuvo inactivo y siempre ha contado con Espíritus puros, experimentados y esclarecidos, para que trasmitan sus órdenes y dirijan todos los sectores del universo, desde el gobierno de los mundos hasta los más ínfimos detalles. No tuvo, pues, necesidad de crear seres privilegiados y exentos de obligaciones. Todos, antiguos y nuevos, han conquistado sus posiciones mediante la lucha y por su propio mérito.

Para el espírita que sabe de esto, Dios es el padre amoroso y justo que trata con la misma ternura a todos sus hijos. Igual punto de partida para todos, idéntico destino. Un mismo porvenir e iguales medios para conquistarlos. Nada es por capricho, como tampoco lo es en el Universo.Todo es regido por Leyes Justas y sabias.

Creo que me voy a dedicar más al estudio y voy a dejar mi laboratorio personal cerrado por un tiempo. Será mejor para mi salud y mi bolsillo (lo digo por la factura de la luz…)

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.