Igual que hay una escala evolutiva en los hombres, pues unos son más inteligentes, sensibles y humanitarios que otros, la razón nos lleva a pensar que con los espíritus debe suceder lo mismo, pues son los mismos hombres después de dejar el cuerpo físico. Los espíritus van progresando, depurándose, y por lo tanto cambiando de orden, de clasificación. La transición de un orden a otro es imperceptible, como sucede cuando contemplamos el arco iris, donde un color se va difuminando para dejar paso a otro. Así cambiamos de un orden a otro, vamos mejorando, trabajamos en adquirir las virtudes y despojarnos del orgullo y del egoísmo tan arraigados en nuestro ser. Es de gran interés conocer la escala espiritual que se describe en El Libro de los Espíritus, a partir de la cuestión 100, con una clasificación basada en su grado de adelanto, caracterizándose las cualidades adquiridas y las imperfecciones de que han de despojarse.

Preguntar si hay Demonios es lo mismo que preguntar si hay Ángeles, ya que esas dos palabras son sinónimas. Según la propia Biblia existen los Ángeles del bien y los Ángeles del mal. La palabra “ángel” procede del latín angĕlus, que a su vez deriva del griego ἄγγελος ángelos, “mensajero”. Luego su significado original es mensajero, y un mensajero puede ser portador de buenas o malas noticias, de buenos o malos consejos.

Impreso en la conciencia del ser llevamos la noción del bien y del mal, así como la existencia de un Dios creador y dador de vida. Siendo el hombre un ser trascendente, desde la aceptación de una vida futura se planteó cómo sería la vida después del túmulo. El destino, más allá de la tumba, ¿sería igual para el justo que para el que no se ajustó a las leyes divinas? El sentido común y la intuición de las leyes divinas llevaban a considerar que la situación sería muy diferente y así, en función de la evolución que en cada momento presentaban las sociedades, se intentó dar explicación a esta cuestión.

No sólo en los pueblos de la antigüedad sino también en los días de hoy observo que la creencia en ángeles o seres especiales existe. ¿Quién no ha deseado tener poderes sobrenaturales o un par de “alas”? –yo sí– ¿Quién de niño (y no tan niño…) no echó su capa al viento intentando alzar el vuelo para poder solucionar los problemas del mundo? ¿O querer creer en la reencarnación por si acaso pudiéramos elegir ser una majestuosa águila real? Incluso el argumento de la mayoría de las películas que actualmente están en cartelera y gozan de éxito tiene como base a estos personajes: Ángeles buenos, Ángeles malos, hadas, súper héroes… todos suspendidos en el aire y con poderes fuera de lo normal.

Con una simple mirada al mundo vemos la magnitud de las desigualdades sociales que nos causan infinidad de interrogantes. La existencia de conflictos bélicos, pobreza, enfermedades, en contraposición a la paz, la riqueza y la salud nos llevan, generalmente, a experimentar un verdadero conflicto interior. Una sensación de injusticia nos invade y no comprendemos los motivos que llevan a esta dura realidad. La iniquidad consterna e inquieta el alma y nos preguntamos, ¿por qué pasan estas cosas? ¿Cuál es la línea que delimita una u otra situación y permite los matices que diferencian una existencia frente a otra? Debe haber una respuesta lógica que rige estas aparentes disparidades.

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