Tratar de laicidad y Evangelio no es asunto simple, pues hay muchas y diversificadas opiniones sobre el tema. Empezaremos hablando de la laicidad, laicismo, la condición de ser laico y avanzaremos para evidenciar la posición de Jesús y del Espiritismo.

 La Revolución Francesa, la Laicidad y el Laicismo

 Laicidad es referente a una doctrina o sistema político que defiende la exclusión de la influencia de la religión en el estado, en la cultura y en la educación. Es decir, la separación entre las sociedades civil y religiosa, preservado el mutuo respeto entre ambas. Es un asunto controvertido, pues hay divergencias de opiniones sobre él.

En el secularismo francés, laicidad es un principio político que rechaza la influencia de la Iglesia en la esfera pública del Estado, considerando que los asuntos religiosos deben pertenecer solamente a la esfera privada del individuo. Difiere del anticlericalismo, en la medida que la laicidad soporta la Iglesia, así como otras confesiones religiosas, siempre que sean limitadas a la esfera privada de los ciudadanos.

 La Revolución Francesa ha contribuido para la expansión de la laicidad, con la consecuente separación entre la Iglesia y el Estado, provocando el surgimiento del Estado Laico, siendo que Francia se designa la madre de la laicidad, no dentro de la filosofía, sino como sistema de gobierno.

 El catolicismo dejó de ser la religión oficial de muchos países. La laicidad trajo el fin de las monarquías fundadas en el derecho divino. Prosperó la idea de soberanía nacional – el poder pasó a residir en la nación y el gobierno a expresar la voluntad de sus ciudadanos.

 Para algunos, la laicidad provoca la  irreligiosidad e, incluso, la anti-religiosidad, lo que facilitaría el surgimiento de gobiernos materialistas totalitarios. Para otros, la ausencia de laicidad provoca el surgimiento de estados totalitarios dominados por grupos religiosos.

 El término “laicidad” sólo fue incluido en la 23ª edición del Diccionario de la Real Academia Española.

 Laicismo es un término defendido por los católicos a partir de 23 de marzo de 1958 con la manifestación del Papa Pio XII en ese sentido. El concepto es similar al de la laicidad, es decir, de ausencia de interferencia de una orden religiosa en el gobierno. Entre tanto, se considera que no puede haber una neutralidad en el sentido de exclusión del aspecto religioso en la vida pública y social, pues él sería parte constitutiva de los derechos sociales de la persona.

 Son valores básicos del laicismo la libertad de conciencia, la igualdad entre los ciudadanos en materia religiosa y el reconocimiento del origen humano y democráticamente establecido de las leyes del Estado

 ¿Qué significa ser laico? 

La palabra laico viene del griego laikós que significa pueblo y está relacionado con la vida secular, mundana, o sea, opuesto de eclesiástico, y con actitudes profanas que no se relacionan con la vida religiosa.

 En los comienzos del cristianismo, laico se refería a los cristianos devotos que no pertenecían al clero. A partir de la mitad del siglo XIX la palabra ganó el sentido actual, referente a las personas, organizaciones o actividades sin estar unidas con la esfera religiosa. De esa forma, son antónimos de laico = santo, religioso, devoto o creyente.

 Actualmente, la palabra laico es un adjetivo que significa el que o quien no pertenece o no está sujeto a una religión o no es influenciado por ella, adoptando una actitud crítica y separatista de la interferencia de la religión organizada en la vida pública de las sociedades.

 En un estado laico se supone que exista neutralidad sobre cuestiones religiosas, con libertad para que los ciudadanos manifiesten su fe religiosa sin control o imposición de una religión especifica.

 ¿Jesús era laico?

Todo joven judío, alrededor de los trece años, tenía que definir su profesión. Los padres necesariamente enseñaban la suya a los hijos. De esa forma, natural que Jesús aprendiera de José la profesión de carpintería. ¿Podría él, como Saulo de Tarso, haber seguido la carrera religiosa?

 No consta que se hubiera preparado para ser sacerdote o doctor de la ley. Cuando adulto, respetando al judaísmo, iba al templo, pero enseñaba no sólo allí, pues hablaba a los discípulos y al pueblo en donde estaba – playa, monte, casa de Pedro, en el pozo de Jacobo…

 En el contacto con la mujer samaritana, enseñó que Dios es Espíritu y la verdadera religión es la natural – adoración a Dios en espíritu y verdad sin depender de nadie y de ningún lugar. Si no necesitamos adorar en el monte o en el templo, no necesitamos de rituales, dogmas, paramentos ni nada por el estilo.

 Esa forma de actuar de Jesús podría sugerir una compatibilidad con la laicidad. Pero observemos que ¡Jesús presentó la religión natural! No estaba sujeto a los perjuicios de los hombres. Vamos profundizar el asunto con Emmanuel en el libro Viña de luz, Cap. 59 – Política Divina:

 […] El discípulo sincero del Evangelio no necesita respirar el clima de la política administrativa del mundo para cumplir el ministerio que les es cometido.

El Gobernador de la Tierra, entre nosotros, para atender a los objetivos de la política del amor, representó, antes de todo, los intereses de Dios junto al corazón humano, sin necesidad de órdenes y decretos, aunque sean respetables.

[…] ¿Qué sería de las organizaciones cristianas, si el apostolado que practican, estuviese subordinado a reyes y ministros, cámaras y parlamentos transitorios? […]

[…] Recuérdate, mi amigo, que los administradores del mundo son, en la mayoría de las veces, venerables delegados de la Sabiduría Inmortal, amparando los potenciales económicos, pasajeros y percibes del mundo; sin embargo, no te olvides de las recomendaciones trazadas en el Código de la Vida Eterna, en la ejecución de las cuales debemos edificar el Reino Divino, dentro de nosotros mismos.

 Y complementa Emmanuel en el mismo libro, Cap. 175

– La Verdad:

 Por ahora, nadie se atreverá, en buena lógica, a exhibir, en la Tierra, a la verdad pura, ante la visión de las fuerzas colectivas.

 […] Cada escuela religiosa, en razón de eso, mantiene en el mundo, cursos diferentes de la revelación gradual. La claridad inmaculada no sería, en el presente aprendizaje de la evolución humana, admirable por todos, de inmediato.

[…] Por esto, vemos verdades estacadas en las iglesias dogmáticas, verdades provisorias en las ciencias, verdades progresivas en las filosofías, verdades convenientes en las lides políticas y verdades discutibles en todos los ángulos de las masas.

[…] Delante de cada discípulo, en el reino individual, Jesús es la verdad sublime y reveladora.

En una Nota Bibliográfica, inserida en la Revista espírita de junio del 1868, Allan Kardec  registra:

 […] la moral y, sobretodo, su aplicación práctica, depende siempre de nuestras creencias individuales, sean ellas cuales fueran. Aunque fueran de las más filosóficas, una creencia constituye la religión de aquel que la posee.

 En febrero del mismo año, había publicado mensaje de Fénelon, de la cual destacamos:

 La corrupción en el seno de las religiones es un síntoma de su decadencia, como es lo de la decadencia de los pueblos y de los regímenes políticos, porque ella es el indicio de una falta de fe verdadera; los hombres corrompidos arrastran a la Humanidad hacia un despeñadero funesto, de donde ella no puede salir sino por unas crisis violentas. Lo mismo ocurre con las religiones que sustituyen el culto de la Divinidad por el culto del dinero y de las honras, y que se muestran más ávidas de los bienes materiales de la Tierra que de los bienes espirituales de los Cielos.

 El ser humano tiene una profunda necesidad de la religión porque está alejado de Dios. Pero el uso de la religión para imposiciones dogmáticas y dominación temporal viene produciendo más incrédulos que el propio materialismo. Por otro lado, las disputas temporales y la búsqueda de poder generaron disputas innumerables que culminaron con el surgimiento de los estados laicos.

 Espiritismo y Laicidad/Laicismo

 Es comprensible, por lo tanto, la situación actual – desconfianza en relación a la religión y a la política por los abusos pasados, presentes y riesgos futuros.

 Pero más que religión, el hombre necesita imbuirse de un profundo sentimiento de religiosidad, conforme aclara el Espiritismo, idea perfectamente compatible con la propuesta de Jesús cuanto a la religión natural. O sea, el Espiritismo propone la misma solución anunciada y ofrecida por Cristo para la Humanidad, lo que implica en un profundo respeto por todas las religiones, por todas las ramas del conocimiento, por todas las ciencias, por la administración del mundo, desde que realizada con vistas al verdadero bien común, libre de los preconceptos partidarios y de los perjuicios del interés personal.

Edouard Pereyre (Espíritu) en la Revista espírita de septiembre del 1861 afirma:

 […] El Espiritismo es una nueva revelación […] porque os descubre una nueva fuerza de la Naturaleza, de la cual no habíais sospechado y, no obstante, es tan antigua como el mundo. […]

Una nueva revelación, que se produce simultáneamente entre todos los pueblos instruidos, revelación que todavía se cambia conforme el grado de adelantamiento de esos pueblos. […]

Comprended bien que todos los hombres son hermanos, sean negros o blancos, ricos o pobres, musulmanes, judíos o cristianos.

El Espiritismo no es una religión más. Es la reviviscencia de la religión natural, pues la moral que los Espíritus enseñan es la de Cristo (vide La génesis, Cap. I, ítem 56). Toca en todas las ramas del conocimiento, propone la unión de la ciencia y de la religión, se dispone a acoger a todos y sólo combate al materialismo.

 En la Revista espírita de abril del 1861, Allan Kardec registra:

 El Espiritismo está destinado a restaurar la unidad de la creencia; es, pues, la confirmación y el esclarecimiento del Cristianismo, que es y será siempre la ley divina, la que debe reinar en toda la Tierra, cuya propagación se va hacer más fácil por este poderoso auxiliar.

¿El Evangelio estudiado con laicidad o de forma natural?

 Emmanuel afirma en El consolador que prometió Jesús, pregunta 321:

 Importa observar que los Evangelios son el derrotero de las almas, y es con la visión espiritual que deben ser leídos; pues, constituyendo la cátedra de Jesús, el discípulo que de ellos se aproximar con la intención sincera de aprender encuentra, bajo todos los símbolos de la letra, la palabra persuasiva y dulce, simple y enérgica, de la inspiración de su Maestro inmortal.

 Y Carlos Torres Pastorino, en el libro Sabiduría del evangelio, aclara que, para interpretar el Evangelio, la persona necesita tener exención de perjuicios; mente libre, no subordinada a dogmas; inteligencia humilde, para entender lo que realmente está escrito; raciocinio indagador y sagaz; cultura amplia y polimorfa, no restricta solamente a textos religiosos; corazón desprendido (puro) y unido a Dios.

 Entiende aún ese autor que cada uno de los Evangelios es un derrotero de evolución espiritual.

 Y nosotros podemos agregar que El evangelio según el espiritismo vino a completar ese derrotero, indicando, en lenguaje actual, por donde necesitamos seguir para volver a estar en sintonía perfecta con nuestro Padre.

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