Si la máxima de Conócete a ti mismo ha llegado hasta nosotros como un precepto moral y un símbolo para todos los enamorados de la verdad y del saber ha sido, en buena medida, gracias a Sócrates (Atenas, 470 al 399 a.C), que se sirvió de esta inscripción délfica como uno de los principios esenciales de sus enseñanzas, recogiendo toda la sabiduría de los grandes filósofos de la Grecia antigua. En este aforismo de “Conócete a ti mismo” se intenta ofrecer respuesta a algunas de las preguntas más antiguas y tradicionales del pensamiento filosófico: quién soy, de dónde vengo y a dónde voy.

De la Historia Sagrada se desprende que los documentos primarios son los escritos por los profetas, por los que se comunica la divina revelación y los textos legislativos en los que esa revelación toma cuerpo para obrar sobre la vida del pueblo, sus vicisitudes, sus guerras, deportaciones, caídas, y resurgimientos religiosos, en los que, como importantes actores de la historia, intervienen los ministros de la revelación.

La Doctrina Espírita es fuente sublime de enseñanzas para una vida interior más plena y armoniosa, así como para la convivencia pacífica con los demás. Comprender a qué hemos venido en este mundo y qué nos sucede cuando lo dejamos, aprender de lo mucho que se puede hacer en la errati-cidad, vigilar pensamientos, palabras y actitudes para que estemos en constante sintonía con la es-piritualidad amiga. Éstas son sólo algunas de las invitaciones que el espiritismo nos hace, siempre convocándonos a razonar por nosotros mismos, trabajando de forma activa mente y corazón, intelecto y sentimiento.

Nuestra vida es siempre el resultado de aquello en lo que estamos frecuentemente pensando y expresando. Esto es una cuestión delicada porque, en verdad, nos exige tener que pensar antes en lo que vamos a pensar, toda vez que pensar significa crear de manera incondicional en un proceso dinámico de vida.

Nos apoyamos en André Luiz al definir el pensamiento como nuestra capacidad creadora en acción. Nos dice que “La idea forma la condición; la condición produce el efecto; el efecto crea el destino” (Pensar en Respuestas de la Vida, cap. 23).

El Espiritismo se asienta sobre las enseñanzas de los Espíritus Superiores, por ello es fundamental establecer una línea de unión entre Allan Kardec, los Mensajeros Espirituales y el Mensaje de Amor legado a la Humanidad.

Auscultando los latidos de la Codificación y sumergiéndonos en sus páginas, podemos observar brillantes diálogos y enseñanzas traídas del más allá hacia la serena y razonada escucha del maestro de Lyon. Mirando a través de la lupa del tiempo y recorriendo los cinco libros que la componen, es posible acercarse a algunos de estos Mensajeros de lo Alto, artífices del tesoro Espírita.

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