El Periespiritu tiene origen en el principio intermediario entre el espíritu y la materia. Es un cuerpo fluídico, vaporoso del espíritu y semimaterial, una materia eminentemente sutil, quintaesenciada. El periespiritu es tomado del fluido universal de cada mundo.

 En su naturaleza, es una condensación del fluido cósmico alrededor de un foco de inteligencia, el espíritu. En ítem 17 del capítulo 14 del libro Génesis, Allan Kardec dice: “El fluido periespiritual es, pues, el lazo de unión entre el periespíritu y la materia.”

Como instrumento, el cuerpo físico posee sus órganos y sistemas que permiten la vida, la locomoción, el habla, la visión, la respiración, asimilación de energías etc.

 En la esfera extrafísica de materia sutilizada, el cuerpo de relación lógicamente como instrumento de acción, también posee sus órganos y sistemas.

 El periespíritu es un cuerpo altamente complejo, como cuerpo de relación del alma en los diferentes niveles a que puede llegar en su escala evolutiva.

El principio inteligente es siempre el agente de acción y los cuerpos físico y espiritual, son meros instrumentos de su actividad.

 En el libro El Consolador, Emmanuel responde a la pregunta número 30, “¿Hay órganos en el cuerpo espiritual? El cuerpo físico, exceptuadas ciertas alteraciones impuestas por las pruebas o tareas a realizar, es una exteriorización aproximada del cuerpo espiritual”. En el libro Evolución en dos Mundos, capítulo 2, André Luiz enseña que los centros vitales son fulcros energéticos bajo la dirección automática del alma, imprimiendo a las células la especialización adecuada. En la esfera de la espiritualidad, el periespiritu no es igual al cuerpo físico, presenta algunas transformaciones fundamentales, después de la muerte del cuerpo físico principalmente en el centro gástrico, por la diferencia de los alimentos de los que se provee, y en el centro genésico, cuando hay sublimación del amor, en la comunión de las almas.

 “Cuanto más nos avecinamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscurecedora de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo a las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía, y con la Luz reinante en la Creación Divina”. (André Luiz, Entre la Tierra y el Cielo, cap. XX).

 Desde la creación del principio inteligente, Dios le dotó al espíritu con un cuerpo de relación simple donde estuviese grabada la Ley del Señor. Este cuerpo primitivo forma con el alma un ser único, simple e ignorante, que podemos designar “Mónada Celeste”, como afirman André Luiz y Emmanuel.

 En la escala de la evolución, esta mónada se va adaptando, en su trayectoria, a los diferentes mundos donde vive. En el libro Liberación, Emmanuel habla de una segunda muerte. En el capítulo 6, en un diálogo con su orientador, dice: “¿sabes  que   el   vaso   periesperítico   es   transformable   y  percibible,  aunque  estructurado  en  el  tipo   de   materia  más  rarefacta,  compañeros   que   se   desligan  de él, rumbo a esferas sublimes, se sometieron a operaciones reductivas y desintegradoras?”

 La misma idea de un cuerpo mental, antes del cuerpo espiritual, se plasma en el libro de Áureo, Universo y Vida, en el capítulo V: “cuando la rebeldía se cristaliza en el monoideismo, donde las ideas fijas funcionan como sumideros de energías, en excesivo gasto de fuerzas vitales, llegando el  espíritu  fácilmente a la pérdida del psicosama (cuerpo espiritual), ovoidizandose, caso en que se reviste solo de la túnica energética mental, a la manera de semilla en régimen  de hibernación”.

 Sobre estos ovoides habla André Luiz en el capítulo 7 de Liberación “los impiadosos adversarios prosiguen  en  la  obra  reprobable  después  de  perder  la organización periesperítica, se adhiere a la  víctima con los principios de la materia mental de que se revisten”.

 El alma se encuentra unida a un cuerpo espiritual que le caracteriza la individualidad y su forma de actuar en busca de su perfeccionamiento.

 Fue André Luiz quien afirmó en el capítulo 4 del libro El mundo Mayor que el Espírita más sabio no se animaría a localizar con afirmaciones dogmáticas el punto donde termina la materia    y comienza el espíritu.

 Al desencarnar, el periespíritu continúa canalizando hacia el ser espiritual los contenidos que proporcionan alegría o dolor, según el tenor vibratorio del que están formados.

“Cuanto  más   nos   avecinamos a la esfera animal, mayor es la condensación oscurecedora de nuestra organización, y cuanto más nos elevamos, al precio del esfuerzo propio, rumbo a las gloriosas construcciones del espíritu, mayor es la sutileza de nuestra envoltura, que pasa a combinarse fácilmente con la belleza, con la armonía, y con la Luz reinante en la Creación Divina”. (André Luiz, Entre la Tierra y el Cielo, cap. XX).

 Los vicios mentales, los hábitos orgánicos y sociales, las acciones desplegadas, son elementos que en ese período se suman a las impresiones vigorosas en los tejidos delicados del Espíritu, transformándose en sensaciones y emociones acordes a ellos. Algunas impresiones se corresponden a las de naturaleza física anteriormente vivenciadas, convirtiéndose en bendiciones, cuando son elevadas, o en un incomparable suplicio, si están formadas de energías deletéreas, transformándose en un martirio, cuya intensidad no disminuye, causando sufrimientos morales difíciles de describir.

 A esas sensaciones se adicionan las ansiedades, los resentimientos, las angustias y el despertar de la conciencia que evalúa las experiencias fracasadas, se agita el sufrimiento que enloquece a los recién desencarnados.

 Todos los sufrimientos abren heridas en las carnes del alma, pero los de naturaleza moral son los más severos porque dado que se hallan en la médula del ser, no dan tregua a quien los padece.

 Los dolores en el más allá son una realidad muy significativa, como sucede con la felicidad, la alegría, el bienestar y la paz para aquellos espíritus que se condujeron en la Tierra con rectitud, equilibrio, lucidez, abnegación.


Bibliografía

André Luiz, Evolución en dos  mundos, Nuestro hogar,  Liberación, En el mundo mayor

Allan Kardec, Libro de los Espíritus, Génesis, Libro de los Médiums Manoel Philomeno de Miranda, Mediumnidad…Desafíos y Bendiciones

 

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