El espíritu es el principio inteligente, individual e inmortal; creado simple e ignorante, contiene en germen todas las facultades superiores que está destinado a desarrollar por medio de su trabajo y esfuerzo.

Podemos leer en la pregunta 540 de “El Libro de los Espíritus”: "Todo se encadena en la naturaleza, des-de el átomo al arcángel, que a su vez también co-menzó en el átomo."

El espíritu ha dejado atrás innumerables experien-cias en los reinos menores, como tiempo de incuba-ción en el llamado principio espiritual. Como crisáli-da de la futura conciencia, atraviesa lentamente los círculos elementales de la Naturaleza auxiliado por la interferencia indirecta de las inteligencias superiores.

El principio espiritual es el germen del espíritu, la “protoconciencia”. Una vez nace, jamás se deshará ni morirá. Hijo de Dios, inicia entonces su lenta evo-lución en el espacio y el tiempo, rumbo al principado celeste.

Sufre, en el reino mineral, sucesivas materializa-ciones necesarias para su preparación. Se ejercita en este reino, desarrollando fuerzas de atracción y cohesión y experimentando características como la combinación química de los elementos básicos. Así, la organización mineral sería la consecuencia de un poder en la intimidad de sus unidades atómicas, para conducir ordenadamente el proceso de agregación. Según Emmanuel, el principio inteligente se encuentra en los cristales, completando su fase de individualización. Durante milenios residirá en ellos, en un proceso larguísimo de auto fijación, ensayan-do los primeros movimientos internos de organiza-ción y crecimiento volumétrico, hasta que surja, en el gran reloj de la existencia, el instante sublime en que será liberado para la gloria de la vida orgánica.

En el reino vegetal continua su desarrollo. La exis-tencia material es entonces más corta, sin embargo más progresiva. No hay sufrimiento. Así, el árbol del cual se retira una rama experimenta una especie de eco de esa sección, pero no sufrimiento. 

Es como una repercusión que va de un punto a otro, sucediendo lo mismo cuando la planta es violenta-mente arrancada del suelo antes de madurar. Muer-to el vegetal, el principio espiritual es transportado a otro punto, siempre en marcha progresiva.

En este reino desarrolla la sensibilidad celular. Los elementos del reino vegetal están dotados de vita-lidad, tienen instinto de conservación básico, vida orgánica, mas no piensan, no tienen voluntad ni con-ciencia de sí mismos. Su característica básica es la sensación.

Entre el reino vegetal y el reino animal, no existe delimitación claramente marcada, incluso parecen confundidos en las profundidades oceánicas. No existen formas definidas ni expresión individual en esas sociedades de infusorios, pero de esos conjun-tos singulares, se forman ensayos de vida que ya pre-sentan caracteres y rudimentos de los organismos superiores. En los confines de los dos reinos están los zoófitos o animales-plantas, cuyo nombre indica que ellos participan de uno y otro: les sirve, por así decirlo, de trazo de unión. Durante millares de años, realiza un largo viaje en la esponja, pasando a do-minar células autónomas, imponiéndoles el espíritu de obediencia y de colectividad en la organización primordial de los músculos.

El principio espiritual incorpora todas las simientes que han de brillar en el futuro, a través de las deno-minadas actividades reflejas. Desarrollamos así dis-tintos automatismos.

En el reino animal el instinto se desenvuelve, des-pierta, se desarrolla. Avanzando por las distintas especies, aparecen los primeros destellos de pen-samiento discontinuo, fragmentario y el desarrollo de una especie de inteligencia rudimentaria, orien-tada a la conservación, reproducción y destrucción. Poco a poco se ensaya: la mama tigre lamiando a los hijitos recién nacidos, aprende los rudimentos del amor; el simio, chillando, organiza la futura facultad de la palabra.

Detectamos en nosotros actos instintivos, tales como los movimientos espontáneos para evitar un riesgo, para huir de un peligro, el parpadeo, abrir la boca para respirar, etc.

Posteriormente, existen zonas donde los principios espirituales se preparan para la vida consciente, André Luiz da indicaciones en su libro Liberación, al describir una ciudad espiritual situada en el umbral:

“Millares de criaturas, utilizadas en los servicios más ru- dos de la naturaleza, se mueven en estos sitios en posicióninfra terrestre. La ignorancia, por ahora, no les confierela gloria de la responsabilidad. En el desarrollo de ten- dencias dignas, son candidatos a la humanidad que co- nocemos en la corteza. Se sitúan entre el raciocinio frag- mentario del mono y la idea simple del hombre primitivoen la floresta. Se apegan a personalidades encarnadas yobedecen, ciegamente, a los espíritus prepotentes que do-minan paisajes como este. Guardan, en fin, la ingenuidad del salvaje y la fidelidad del perro. El contacto con ciertosindividuos, les inclina al bien o al mal y somos responsa-bles en cuanto al tipo de influencia que ejercemos sobrela mente infantil de semejantes criaturas”. (cap. 4).

En el reino hominal somos ya criaturas con pensa-miento continuo, con libre albedrío, responsabilidad moral y conciencia, sujetas ya a las leyes divinas. El libro de los espíritus (Parte 1a, cap. IV) enseña que el instinto es una inteligencia rudimentaria que nunca se desvía y que es la razón que permite la opción y da al hombre el libre albedrío.

El hombre tiene todo lo que existe en las plantas y en los animales, domina todas las otras clases por su inteligencia especial, que a la vez le da concienciade su futuro.

Pero, todavía nos cuesta amar...aun impera mucho orgullo y egoísmo en nuestras almas. Mas evolucio-nados, el amor brotará de forma natural, sin necesi-dad de esfuerzo, a semejanza de los automatismos a los que antes nos referimos.

En cada existencia corporal el espíritu debe llevar a cabo una labor en proporción con su grado de desa-rrollo; cuanto más ruda y trabajosa sea, tanto mayor será el mérito en cumplirla. De esta manera, cada existencia es una prueba que lo acerca al objetivo. El número de existencias es indeterminado. Depende de la voluntad del espíritu abreviarlo esforzándose activamente por su perfeccionamiento moral.

Somos hijos de Dios y herederos de los siglos, con-quistando valores, de experiencia en experiencia, de milenio a milenio. La conquista progresiva del cono-cimiento nos permitirá comprender mejor la modes-tia de nuestra actual condición evolutiva y la exten-sión de cuanto todavía ignoramos, conduciéndonos a ser mas humildes ante la sabiduría y el poder de Dios, creciendo nuestra noción de auto respeto ante la excelsa nobleza de la vida.

León Denis, escribe con belleza en su obra “El problema del ser, del destino y del dolor”: "El espíritu duerme en el mineral, sueña en el vegetal, se agita en el animal, y despierta en el hombre."

¡Despertemos! Aprovechemos esta gran oportuni-dad. Estamos aquí de paso, en la situación y lugar necesarios a nuestro aprendizaje evolutivo. Acep-temos nuestros dolores con resignación, pues son aprendizajes y verdaderas bendiciones, contem-plándolos desde la perspectiva espiritual. Continue-mos esperanzados nuestro progreso ininterrum-pido, ascendiendo a los planos cada vez mas altos, hasta la perfección, a la que todos los seres estamos predestinados.

Mucho amor para todos.

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