Uno de los mitos occidentales más conocidos es sin duda: “El mito de la caverna”. Platón, su autor según la tradición, es uno de los filósofos griegos más estudiados a lo largo de la historia. Miles de páginas se han impreso analizando este relato fantástico, abordando el texto desde diferentes perspectivas, buscando aplicaciones en diferentes áreas del conocimiento.

Platón, antes en la historia humana, y Jesús, algunos siglos después, coincidieron en la importancia que concedían a la adquisición del conocimiento de la verdad. En la figura del hombre que saliendo de la caverna vuelve a ella para compartir el conocimiento adquirido con los que allí seguían, el uno, y en la comisión dada a sus discípulos de compartir lo aprendido durante el tiempo que estuvieron con él, el otro, ambos nos señalan la responsabilidad que tiene cualquier hombre y mujer que se diga de bien, que se llame amante de la sabiduría: no aceptar nada como verdadero hasta que no quede explicación alternativa que la razón pueda formular y luego, compartirlo con otros.

Los espíritas decimos ser trabajadores de la última hora, al menos lo son los verdaderos espíritas. Cierto es que no hay tal última hora, después del fin de este período, vendrá otro nuevo, una nueva oportunidad de trabajar, de construir. Quizás sea para recordarnos que si lo hacemos bien, formaremos parte de aquellos que cosecharán los frutos, quizás, y es nuestra opinión, es otro llamado, urgente, a compartir con quienes nos rodean lo que sabemos.

Muchas veces escuchamos a espíritas decir que el resto, los que no lo son, no quieren escuchar lo que el espiritismo tiene que decirles. No es nuestra misión, si alguna tenemos, hacer que otros escuchen. La tarea que nos ha sido encomendada es la del progreso individual, que suficiente esfuerzo conlleva. Si nos transformamos, la felicidad que disfrutaremos será suficiente reclamo para que otros quieran saber el cómo. Pero en tanto, hay tantas voces llenando de cizañas el mundo en el que vivimos que, sin marcarle el rumbo a tomar a nadie en su camino de progreso, estamos llamados a compartir lo aprendido. Sembrar, sembrar y volver a sembrar cuando la sequía en los corazones malogre lo sembrado.

Después de la última hora de este día, vendrá la primera de un nuevo día, así también, después de la última hora de este período de transición, vendrá una nueva primera hora en un mundo de regeneración o en otro planeta si es que no nos contamos entre los dichosos. Tanto los unos como los otros, ocupen el lugar que ocupen y en el lugar en el que se encuentren tendrán que continuar, con menor o mayor esfuerzo y dolor, buscando la verdad y compartiéndola, inevitablemente, con quienes les rodean, diría que casi compulsivamente. La historia no guarda recuerdo de quienes callaron, quizás por ello podemos decir con certeza que quienes adquieren cualquier sabiduría que les acerca al bien y a la felicidad, no pueden evitar compartirla.

Se aproxima un nuevo Congreso Espírita Nacional de la Federación Española, una nueva oportunudad para aprender, para compartir públicamente nuestro conocimiento. Desde la Revista Espírita queremos invitaros a todos a asistir, a llenarnos de sabiduría y a, una vez concluído este evento, esparcir las semillas doquier nos encontremos.

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