Hoy, como ayer, las manifestaciones físicas espirituales siguen siendo iguales que las de antaño. Aunque, no se nos escapa que hubo un tiempo que fueron más necesarias, ya que detrás de ellas, había un mundo invisible que quería manifestarse y comunicarse con nosotros. El trabajo quedaba en nuestras manos, había que investigarlas y analizarlas para sacar conclusiones científicas, filosóficas  y morales.

Hoy en día, después de más de un siglo y medio de las publicaciones de los libros de los Espíritus y de los Médiums, por parte del pedagogo Allan Kardec, luego de haber ido estudiando y comprendiendo dichos libros, ya no necesitamos en los Centros espíritas de mesas giratorias, ni de objetos que levitan o de instrumentos musicales que cobraban vida propia. Atrás quedaron los grandes médiums de efectos físicos como Daniel Dunglas Home, el médium volador, llamado así por la capacidad que tenía de levitar; o la médium Srta. Florence Cook, que permitía que se manifestara el espíritu de Katie King y que fue objeto de numerosos estudios por parte del notable científico Sir William Crookes; también debemos señalar las materializaciones espirituales y aportes de diversas plantas que realizaba la médium madame D´Esperance, estudiando dicha fenomenología el ilustre científico Alexandre Arsakof.

Como en el Universo, todo evoluciona y por ello el Espiritismo lo hace también. Después del conocimiento que nos ha sido legado, el trabajo mediúmnico en las Casas espíritas, está más enfocado hoy en día al esclarecimiento, a la asistencia  y al consuelo de espíritus que lo necesitan. Bien es verdad que estos trabajos son de gran ayuda para nosotros, ya que somos también beneficiados de dichas experiencias, sobre todo en lo que concierne a la reforma moral propia.

En cuanto a las materializaciones de espíritus en las reuniones mediúmnicas hoy en día, encontramos una aclaración en el libro “Misioneros de la Luz” (André Luiz/ Francisco Cándido Xavier). En el capítulo 10, André describe la materialización de un espíritu llamado Alencar en una sesión mediúmnica y luego comenta la reflexión de su mentor Alexandre al respecto. Y dice así: “es preciso comprender que no ha llegado todavía el tiempo de generalizar las materializaciones. Usted sabe que este dominio exige purificación. En este campo de conquistas sublimes al que nos sentimos ligados, la ignorancia, la vanidad y la mala fe, permanecen anuladas por sí mismas, puesto que ellas trazan las fronteras de sus propias limitaciones.” Después de esto, André hace la siguiente reflexión: “Era forzoso confesar que en comparación con tan importantes demostraciones de servicio y tan sublimes bendiciones, la compresión de los encarnados era muy reducida. Se asemejaban a niños audaces, más interesados en el inédito espectáculo que deseosos de consagrarse al servicio divino.” Días vendrán, que debido a nuestras conquistas morales e intelectuales, las materializaciones espirituales formarán parte con total normalidad de nuestros trabajos mediúmnicos en el Hogar espírita.

¿Y fuera de nuestros Centros espíritas, cómo serán las manifestaciones físicas hoy? 

En este sentido, pensamos en que nada ha cambiado. Los hechos más frecuentes siguen siendo los producidos por golpes y ruidos dentro de las casas. Producidos por un lado, por Espíritus que no son conscientes de dichos efectos y que ni siquiera muchas veces saben que pertenecen al mundo invisible. Creyendo ocuparse de los asuntos cotidianos que realizaban cuando pertenecían al mundo material. 

Otros casos más comunes son, cuando los Espíritus solamente tienen la buena intención de comunicarse con los habitantes de la casa.

Y por otro lado, están los Espíritus frívolos, conscientes completamente en saber lo que hacen. Abriendo y cerrando puertas y armarios, apagando y encendiendo luces y aparatos electrónicos, escondiendo objetos o desplazándolos al suelo, etc... Y así, pasan el tiempo divirtiéndose a costa del miedo que puedan sentir los moradores, o incluso por provocar discusiones entre los habitantes de la casa, cuando éstos se preguntan el porqué de estos acontecimientos. Estos espíritus ociosos suelen ir en pandillas, siendo más frívolos que malvados. 

Otra cosa son los Espíritus que obran estos fenómenos siguiendo el móvil de la venganza sobre los encarnados, provocando efectos físicos más violentos si cabe, como alborotos y perturbaciones de consideración.

Lo primero que tenemos que tener en cuenta, es que la causa de estos fenómenos sea algo completamente normal, solamente admitir que el origen sea provocado por los Espíritus, cuando tengamos el pleno convencimiento de ello. 

Las recomendaciones que nos plantea Allan Kardec al respecto, son claras. Si se trata de Espíritus traviesos, adoptar una postura de seguirles el juego, o sea reírse de sus travesuras sin darles más importancia hasta que se cansen. En otros casos podremos recabar información evocando al Espíritu con la ayuda de un médium psicógrafo. Y siempre, recurrir a la oración que siempre da buenos resultados.

Hay veces que estos fenómenos físicos son atraídos por los encarnados. Para ejemplo, vamos a exponer un caso que nos fue llevado a nuestro Centro. 

Una amiga nuestra, con cierta preocupación, nos mostró unas fotos en la que aparecía junto con su hermana. Ella se mostraba con total normalidad, pero la hermana en todas ellas se veía la cara desfigurada, con un aspecto que incluso atemorizaba. A la par, en casa de la hermana, nos comentó que habían empezado a aparecer fenómenos como puertas que se abrían y cerraban y lanzamientos de objetos. Después nos habló que llevaba un tiempo leyendo libros sobre el Tarot y había comenzado a tirar las cartas en su círculo más próximo. Nuestra recomendación, siempre desde la buena voluntad, fue que dejara las cartas y que se deshiciera de ellas y de los libros, apuntándola que esos espíritus que se estaban manifestando, eran inferiores y nada de bueno podrían traer. Su respuesta fue, dentro de su fascinación, que esos Espíritus eran buenos ya que siempre acertaba cuando le echaba las cartas a alguien. Más tarde supimos que ya cobraba por la tirada de cartas, eso sí, la voluntad…

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