Expresa Leon Denis en su libro En lo Invisible: “Los hombres de genio son hombres inspirados en el sentido trascendental y fatídico de esta palabra; son los intermediarios y los mensajeros del pensamiento superior. Su misión es necesaria. Por medio de ellos conversa Dios con el mundo; por medio de ellos llama así y atrae a la Humanidad. Sus obras son como fanales que enciende para alumbrar el largo camino de los siglos.”

Podemos definir las obras de Allan Kardec como preciosas luces que se encendieron a mediados del siglo XIX para iluminar las mentes y los corazones de aquellos que buscaron, buscan y buscarán las respuestas a las preguntas trascendentales de la vida. Las pluma en la mano madura e instruida del maestro de Lyon, educado en la disciplina y la necesaria observación, dio lugar a la Codificación Espírita, tesoro legado a la Humanidad gracias a los Espíritus Superiores y a la humildad de un hombre que supo cumplir con su deber. De su mente lúcida, dedicada al trabajo y a la reforma en la educación del ser, brotaban contínuas iniciativas para facilitar el aprendizaje. Su preparación como pedagogo, su entrega y renuncia a sí mismo en favor de un bien mayor, desembocaban en la necesidad de responder a cada una de las innúmeras preguntas que le hacían los hombres y mujeres de la época, sedientos de conocimiento. Despúes de la publicación de El Libro de los Espíritus, en 1857, cientos de cartas llegaban a diario a su despacho. Informes, narraciones, experiencias, preguntas, noticias, llamaban a su puerta. Consideró entonces necesaria la publicación de una revista que trasladase, ordenase y preparase al mundo para lo que sería la magnífica tarea de la educación del alma. Desde el 1 de enero de 1858 hasta abril de 1869 se fue publicando mensualmente La Revista Espírita. Periódico de estudios psicológicos, resultando, ésta, un extraordinario complemento, en el estudio del Espiritismo, sirviendo como campo experimental y sometida por la tenacidad, el estudio y el tiempo, al control universal, a través del criterio de la concordancia y de la universalidad de las enseñanzas de los Espíritus. Desde su nacimiento en la calle de los Martires nº 8 de Paris, y en el transcurrir de estos años, la Revista será testigo de la publicación de los cuatro libros restantes de la Codificación, así como de las demás excelentes obras de Allan Kardec.

Nombraremos algunas de ellas como, Instrucción práctica de la manifestaciones espíritas, que vio la luz en 1858, año en el que no sólo se creó la Revista Espírita sino que se fundó la Sociedad Parisiense de Estudios Espíritas. Referente a este segundo libro, el codificador explicó que lo sustituiría por un nuevo trabajo más completo y planificado, publicando en 1861 El Libro de los Médiums.

¿Qué es el Espiritismo? fue anunciado en el número de agosto de 1859 como una obra introducción al conocimiento del mundo invisible, resaltando en ella los principios fundamentales de la Doctrina y la respuesta a las pricipales objeciones. Aún hoy, es una lectura ideal para los que conocen el Espiritismo superficialmente, encontrando en el libro una excelente exposición dialéctica.

Viaje Espírita en 1862, obra en la que se recopilan las observaciones que el pedagogo lionés realizó en numerosas localidades francesas, sobre la situación en la que se encontraba el Espiritismo. En ella muestra también las orientaciones que pudo ofrecer a los centros que se habian multiplicado notablemente gracias a la difusión de las ideas espíritas. Podemos leer un artículo sobre este viaje en la Revista de noviembre de 1862.

Se nos hace dificil imaginar el nivel de trabajo que Allan Kardec podía atender, pues se requiere una disciplina y entrega al alcance de pocos. La voluntad férrea que precede a tan encomiable labor, necesita ser forjada durante tiempo, en ese recorrido entre el cielo y la tierra que la mente clara no desaprovecha y que permite al Espíritu dispuesto a servir, regar con su trabajo la siembra de las eternas verdades.

El estudio de la Codificación es primordial, mas debemos de ver toda la obra de Kardec con la propiedad que solicita tamaña enseñanza; no dejando nada emanado de su desvelo para el olvido, pues cada momento que dedicó a escribir estaba auspiciado por los Espíritus Superiores. Su tiempo en la carne, produjo incalculable legado para la Humanidad, y aun hoy, sabemos que su trabajo en las claras esferas del Universo sigue estando ocupado en el consuelo que prometió nuestro Maestro Jesús y que con tanto amor él supo prodigar. 

Leemos en la Revista Espírita, enero de 1858, un artículo contenido en el Courrier de Paris, con fecha 11 de julio de 1857, cuya publicación se refiere al Libro de los Espíritus, publicado meses antes, concretamente, el 18 de abril de ese mismo año.

El Libro de los Espíritus, del Sr. Allan Kardec, es una página nueva del propio gran libro del infinito, y estamos persuadidos de que se ha de colocar un señalador en esta página. Sentiríamos mucho si se creyera que hemos venido a hacer aquí una publicidad bibliográfica; si pudiésemos suponer que así fuera, quebraríamos nuestra pluma inmediatamente. No conocemos de manera alguna al autor, pero confesamos abiertamente que nos sentiríamos felices en conocerlo. Quien escribió la Introducción que encabeza El Libro de los Espíritus debe tener el alma abierta a todos los nobles sentimientos.”

En enero de 1861 Kardec anuncia en la Revista la inmediata publicación de El Libro de los Mediums, indicando dónde se podría adquirir y el precio de venta. Acompaña la información con un comentario sobre la obra: “Hemos buscado en este trabajo, fruto de una amplia experiencia y de laboriosos estudios, esclarecer todas las cuestiones que se relacionan con la práctica de las manifestaciones. […] El Espiritismo experimental está rodeado de muchas más dificultades de lo que generalmente se cree, y los escollos que aquí se encuentran son numerosos: es lo que causa tantas decepciones entre los que se ocupan de él sin tener la experiencia y los conocimientos necesarios. Nuestro objetivo ha sido el de prevenir esos escollos, que no siempre están exentos de incovenientes para con aquellos que se aventuran imprudentemente sobre ese nuevo terreno. Nosotros no podíamos descuidar un punto tan capital, y lo hemos tratado con el cuidado que se merece por su importancia.”

En la Revista Espírita podemos leer secciones que ofrecen estudios; comentarios; refutaciones; boletines de la Sociedad Parisiense en los cuales se puede comprobar la seriedad de la labor desarrollada en tan noble institución; disertaciones y comunicaciones excelentes ofrecidas por Espíritus de la talla de san Luis, san Vicente de Paúl o Juana de Arco ; así como articulos de incalculable valor doctrinario.

Tan sólo por extraer una pequeña muestra resaltaremos los interesantes diálogos ofrecidos con Espíritus que dejaron huella en la Historia o mantenidos con otros tantos cuyos nombres no fueron célebres en la Tierra, mas sus mensajes permanecerán siempre con nosotros.

El 18 de marzo de 1859 dos médiums de la Sociedad, sirven de intérpretes a los Espíritus de Voltaire y Federico (Federico II el Grande, rey de Prusia), en agosto de 1859, se publica dentro del apartado, Conversaciones familiares del más allá: Voltaire y Federico, interesante diálogo entre el famoso escritor francés y el tercer rey de Prusia; le sigue una nueva evocación a Arouet, del día 25 de marzo, donde nos transmite una breve disertación sobre el Cristo, en la cual se retracta de todo aquello que escribió sobre el Maestro: “Ataqué muchas cosas puras y santas que mi mano profana debería haber respetado. De esta manera, ataqué al propio Cristo, ese modelo de virtudes sobrehumanas, si así me puedo expresar…”

Más tarde leemos en: Confesiones de Voltaire, una comunicación que según Kardec, presenta un lado eminentemente instructivo desde el punto de vista espírita: “Si en mí, la parte espiritual se hubiese desarrollado tan bien como la parte material, habría podido razonar con más discernimiento; pero al confundirlas, perdí de vista esta inmortalidad del alma que yo tanto buscaba y deseaba encontrar. Así tan exaltado estaba en mi lucha con el mundo, que llegué, casi sin quererlo, a negar la existencia de un futuro.”

Nos resultaría imposible resumir aquí la riqueza de la Revista Espírita, mas sí podemos afirmar que su lectura es obligatoria para todo aquel que vea en sí la necesidad de instruirse en las lecciones de amor que llegaron desde lo Alto para el consuelo de todas las almas que buscan la Verdad en la comprensión del sublime objetivo del Espiritismo.  

Rescatamos para terminar un extracto de la comunicación ofrecida espontáneamente por el Espíritu Alfred de Musset en diciembre de 1860 referente al arte espírita, reveladoras palabras sobre el bello carácter que las ideas y las creencias espíritas darán a las producciones del genio.

“El Espiritismo nos muestra el futuro con una luz que está más a nuestro alcance; la felicidad se encuentra más cerca de nosotros, está a nuestro lado, en los propios seres que nos rodean y con los cuales podemos entrar en comunicación; la morada de los elegidos no es más aislada; hay una incesante solidaridad entre el Cielo y la Tierra. […] ¡Qué fecundas fuentes de inspiración para el arte! ¡Cuántas obras maestras, esas ideas nuevas pueden crear a través de la reproducción de escenas tan variadas y, al mismo tiempo, tan suaves y tan punzantes de la vida espírita!

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