Consideramos que el ser humano está formado por el cuerpo físico, el alma o espíritu y una envoltura semiespiritual, el periespíritu.

En su vertiente física nos remitimos a la definición de la RAE y consideramos que la adolescencia es el “período de la vida humana que sigue a la niñez y precede a la juventud”. Por su parte la OMS va un poco más allá y que es el periodo de la vida de un ser humano comprendido entre los 10 y los 19 años. Algunos expertos alargan este período hasta los 21-25 años hablando de una adolescencia tardía. 

La madurez física, sexual, psicológica y social dependen de factores individuales, como el sexo (una mujer se desarrolla antes que un hombre) y también de factores sociales como pueda ser la complejidad de una sociedad. Así nuestros abuelos tenían una adolescencia mucho más corta y su incorporación a la sociedad, casi como adultos, se daba en etapas muy tempranas de la vida, 8-10 años o los 14 en que estaba establecida la edad legal de trabajar.

El crecimiento y la maduración del ser humano son procesos que requieren tiempo, es decir, no se producen de forma brusca, sino que hay ciertas etapas y edades donde estos cambios ocurren con mayor velocidad, sobre todo los físicos. Según el estudio Desarrollo del adolescente. Aspectos físicos, psicológicos y sociales1, llevado a cabo por J.J Casas Rivero y M.J Ceñal González Fierro, de la Unidad de Medicina del Adolescente del Servicio de Pediatría del Hospital de Móstoles, en Madrid, las etapas de la adolescencia son tres. 

En una primera etapa, adolescencia temprana, entre los 11-13 años, se producen unos cambios físicos muy veloces y aparecen los caracteres sexuales. Estos cambios físicos llevan aparejados unos cambios psicológicos y sociales que los acercan a identificarse con el grupo de amigos. No tienen desarrollado su pensamiento abstracto, sino que siguen teniendo un pensamiento concreto y no son capaces de ver las implicaciones futuras de su comportamiento.

La segunda etapa, adolescencia media, va de los 14 a los 17 años aproximadamente. En ella el desarrollo sexual está prácticamente definido y se ralentizan los cambios físicos. Por el contrario adquieren una importancia vital los cambios psicológicos y los sociales. Se inicia el desarrollo del pensamiento abstracto y la capacidad de percibir las implicaciones futuras de su comportamiento. Desarrolla y potencia una imagen de sí mismo un poco narcisista junto con una sensación de invulnerabilidad y fortaleza que le lleva a adoptar conductas de riesgo frente al alcohol, el sexo o las drogas. Siente una necesidad de independencia con respecto al núcleo familiar.

La tercera etapa es la de la adolescencia tardía, de los 17 a 21-25 años. El desarrollo físico y sexual ha terminado así como su pensamiento abstracto, percibe claramente las implicaciones futuras de su comportamiento. A partir de este momento, el adolescente comienza a enfrentarse a las exigencias del mundo adulto, las necesidades de atención y de pertenencia a un grupo pierden importancia en pro del fomento de las relaciones individuales.

A lo largo de la adolescencia se reducen enormemente las conexiones cerebrales pero sin embargo al final de la adolescencia se resuelven mejor las situaciones. Se producen pues unos enormes cambios en la creatividad y en el pensamiento abstracto, se siente una enorme necesidad de aprender por medio de la experiencia directa sobre el riesgo y sienten la necesidad de romper con los padres pues es necesario que se forjen una identidad propia. 

El mayor cambio se produce con la remodelación del cerebro con el objetivo de conseguir un cerebro organizado y flexible, plástico para adaptarse con rapidez a los cambios del entorno. Se produce un miedo a la no aceptación y al posible engranaje social. NO SE PUEDE SER UN SER HUMANO COMPLETO SIN HABER SIDO ADOLESCENTE.


Bibliografía:

1- Casas Riverao, J. J.; Ceñal González, M. J. "Desarrollo del adolescente. Aspectos físicos, psicológicos y sociales", http://www.sld.cu/galerias/pdf/sitios/puericultura/desarrollo_adolescente%282%29.pdf

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