Cuando vemos tantos avances científicos y tecnológicos que nos sorprenden todos los días, pensamos: es la Ley del Progreso que se materializa ante nuestros ojos. Pero estos cambios intensos, en las áreas más diferentes del conocimiento humano y de las relaciones sociales, también resultan enormes desafíos para quienes los viven.

Siempre le ha tocado a la generación de adultos guiar a las nuevas generaciones, tomando, por tanto, las referencias de su propia educación. En estos tiempos modernos, los padres ya no encuentran referencias seguras para orientar bien a sus hijos. Tanto el acceso a la información, como a modelos de vida notoriamente distintos, de aquellos que ellos mismos tuvieron, aumentan la incertidumbre en la orientación que debe darles.

El Espiritismo enseña que corresponde a los padres la misión de contribuir al desarrollo intelectual y moral del niño para hacerlo progresar, para acercarse a Dios. Pero, las complejas circunstancias en que vivimos hoy en día hacen que sea muy difícil su cumplimiento. Esta es una situación problemática porque la adolescencia es en sí misma una fase de la vida que tiene características propias muy desafiantes.

Una mirada al adolescente

El período de la adolescencia está marcado por profundos cambios en el cerebro, en las relaciones sociales y, como señala Allan Kardec, en el espíritu. La pregunta 385 de El Libro de los Espíritus, registra que, entre los 15 y 20 años, el espíritu cambia porque recupera su naturaleza y se muestra como era. “Su carácter real e individual reaparece en toda su desnudez. Sigue siendo bueno si fundamentalmente lo fue. Pero adquiere siempre matices que habían permanecido ocultos en su primera infancia ".

Es interesante notar que la neurociencia, también ha estado apuntando, que entre la infancia tardía y la edad adulta el cerebro experimenta profundas transformaciones que se traducen en cambios en el comportamiento.  La presencia de aburrimiento y desinterés en las rutinas diarias, así como la búsqueda del placer son ejemplos de esas alteraciones. Esto se debe a que, durante ese período, en mayor o menor medida, el cerebro del adolescente pierde de un tercio a la mitad de los receptores de dopamina (el neurotransmisor de placer). Esta pérdida puede desencadenar comportamientos dirigidos a buscar novedades o emociones fuertes.     

Internet, con sus redes sociales y los sistemas de mensajería instantánea se ha convertido para los jóvenes, en un espacio privilegiado para satisfacer esas necesidades. En este sentido, es importante enfatizar que estudios recientes, indican la percepción de puntos positivos y negativos en su uso por parte de adolescentes españoles. Los chicos valoran las redes sociales porque permiten a todos ver, ser vistos y, especialmente, ser aprobados en sus discursos, fotos y argumentos. Por otra parte, se ofrecen formas atractivas de participar en el tiempo libre (música, videos, chats, etc.). También son espacios que les permiten salir del ámbito doméstico y construir su propia identidad, junto a sus iguales. 

Sin embargo, las redes también pueden causar graves daños a la autoestima de las personas y, en particular, a los más jóvenes, sobre todo cuando los demás ignoran el contenido por ellos expuestos o envían mensajes de rechazo, desprecio, insultos y ofensas. La autoestima frágil en un momento en que el adolescente está buscando aprobación y sentimientos de pertenencia puede causar perjuicios a su bienestar psicológico, por lo que en última instancia puede conducir a la depresión.

También es en esta zona, donde vamos a encontrar algunas otras dificultades entre los jóvenes, como la presión para definir una identidad cuando ellos no la tienen todavía formada, lo que conduce a menudo a mentir sobre sí mismos, en un intento por parecer exitosos. La ostentación y el culto a la propia imagen que aparece en las redes están, a veces, muy lejos de la realidad en la que viven. Queda claro en esos casos la valoración del poseer más que del ser.

No está de más recordar que Internet, a pesar de los innumerables beneficios que ha traído a la vida moderna, también ha favorecido la tiranía de la velocidad y de la inmediatez, así como la dificultad de concentración y de reflexión. Uno consigue mucha información, pero, en general, de una manera muy superficial. En los adolescentes, estas dificultades tienen un impacto directo en sus estudios. Sobre todo, carecen de foco.

Sobre los juegos electrónicos, vídeos, series, preferidos por los adolescentes y otras atracciones ofrecidas en las pantallas, los padres deben prestar atención respecto al tipo de contenido y mensajes que transmiten, ya que, dependiendo de sus temas, pueden atraer sintonías espirituales negativas para las personas que viven allí.

En cuanto a la otra consecuencia de los cambios que se producen en el cerebro, o sea, la búsqueda de emociones fuertes que ofrezcan placer inmediato, es necesario mantenerse consciente de que puede incluir algún abuso con graves efectos, como los del alcohol o de las drogas más fuertes. Para muchos jóvenes el consumo de alcohol y drogas se ha convertido en una práctica común de fin de semana para facilitar relacionarse con otros jóvenes. 

Otro reto para los padres es la forma desinhibida en que los adolescentes ven el sexo. Muchos no lo ven como relaciones sino como un puro juego sin tener en cuenta enfermedades de transmisión sexual, desgarros, embarazos y otros problemas derivados.

Adolescente, un espíritu en formación

No podemos olvidar que el adolescente es un espíritu en formación y que necesita ayuda para superar los estímulos externos que dificultan su crecimiento. Es importante hacerle comprender el sentido de la vida y a darse cuenta de que, antes de volver a la Tierra, se había comprometido a cumplir con una planificación diseñada para su evolución espiritual.

En hogares con orientación espiritista, la tarea de ayudar a los adolescentes a pasar de forma segura de la infancia a la edad adulta puede resultar más fácil. La certeza de que los niños son espíritus recorriendo su camino hacia su mejoramiento moral, que traen consigo las tendencias, sentimientos, experiencias buenas y malas cosechadas en anteriores vidas, permite a los padres no solo a entender sus dificultades, sino también a abrir la puerta al diálogo, asegurando un clima de confianza y amor para que ellos expongan sus problemas.

Papel de los padres

Es papel de los padres impartir valores, normas morales y sociales a sus hijos. Para los que abrazaron el Espiritismo y desean ver a sus hijos caminando en la misma dirección, esa tarea es de particular importancia, puesto que hay muchas paradojas en la vida de los jóvenes espiritistas que exigen enfrentamiento. Podemos citar como ejemplo, la necesidad de contrarrestar todo lo que es desechable, con las verdades imperecederas del Evangelio y de la Filosofía Espírita. Frente al conocimiento superficial, esforzarse por profundizar en los estudios espíritas de manera reflexiva, en un intento de obtener una mejor comprensión de sí mismo, y de los medios que lo ayudarán a convertirse en una mejor persona. A menudo necesita contrarrestar el hedonismo por la renuncia a favor de los demás, mediante acciones caritativas. Además, privilegiar el “ser” por encima del “poseer”, apostando más en su superación como persona que en la adquisición de bienes materiales. 

El joven debe también ceder a la inmediatez, a las fórmulas preparadas, para comprender que la conquista de sí mismo sólo se hace de manera gradual, con dedicación y fuerza de voluntad.

Resulta que muchos padres no se dan cuenta de su papel de apoyo para que sus hijos maduren emocional e intelectualmente de modo equilibrado. A veces, incluso necesitan ayuda, porque no saben cómo actuar frente a nuevas circunstancias del mundo moderno, dejando de ejecutar sus funciones de transmisores de valores. En estos casos, el Atendimiento Fraterno ofrecido por los Centros Espiritas podría cumplir ese rol.

Sabemos que la misión no siempre es fácil, pero, recordando las palabras de San Agustín, en el Evangelio según el Espiritismo, les diremos a todos los padres que se ocupan de la mejora espiritual de sus hijos, que Dios los recompensarán en abundancia.


Bibliografía:

BALLESTEROS GUERRA, JUAN CARLOS; PICAZO SÁNCHEZ, LAURA.  Las TIC y su influencia en la socialización de adolescentes. Madrid: Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, 2018.

HERCULANO-HOUZEL, SUZANA. O cérebro em transformação.  Rio de Janeiro: Objetiva, 2007.

KARDEC, ALLAN. El Libro de los Espíritus. Traducción de Gustavo N. Martínez & Marta Haydee Gazaniga.  Brasília: CEI, 2010.

KARDEC, ALLAN. El Evangelio según el espiritismo. Traducción de Gustavo N. Martínez & Marta Haydee Gazaniga.  Brasilia: CEI, 2010. 

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