Al abordar este interesante tema uno podría preguntarse: ¿quién es ese joven que nació un día en nuestra familia como dulce retoño, en nuestro entorno, en cualquier parte de esta sociedad, de este hogar en el que habitamos llamado Tierra? Como espíritas sabemos que en su nueva experiencia en la carne, le acompañan trazos físicos familiares, provenientes de una herencia genética. A lo largo de su corto camino aparecieron rasgos en el carácter que lo identifican, y un recorrido no exento de dificultades. Podemos asegurar que trajo consigo valiosas aptitudes, sin dudarlo, llegó con un proyecto de vida.

Nos cabe recordar que este adolescente es un Espíritu reencarnado, que ya pasó por la etapa de la infancia y que se enfrenta a cambios importantes y al reencuentro con su identidad como Espíritu inmortal. 

El Espiritismo nos desvela un alma humana, inmortal, preexistente y sobreviviente a la vida física, y que conserva, antes y después de la muerte, su individualidad. Por tanto, son Espíritus que retornan junto a nosotros trayendo consigo un equipaje colmado de experiencias y aprendizajes acumulados tras siglos y siglos de progreso y evolución. Todo ello va a ser parte fundamental en la formación de su carácter, va a posibilitar su desarrollo moral, intelectual, y sin duda va a influenciar en gran medida la relación con su entorno más próximo, sus relaciones personales, familiares y sociales.

En El Evangelio según el Espiritismo, cap. XIV. Item 9, San Agustín nos recuerda, a nosotros espíritas, la gran responsabilidad que debemos asumir ante los hijos, sabiendo que estos Espíritus vienen del espacio para progresar y es preciso poner todo nuestro amor para aproximar estas almas a Dios. 

Para poder ser cooperantes responsables, los adultos debemos de conocer los procesos naturales del desarrollo del ser, y atender a las posibles circunstancias que se vayan presentando a lo largo de las etapas del crecimiento. Una de estas circunstancias es la que acontece en relación con uno de los principios fundamentales del Espiritismo: la Comunicabilidad con los Espíritus.

Tal como nos muestra Allan Kardec, preg. 459 de El Libro de los Espíritus, éstos influyen mucho en nuestros actos y pensamientos. Por ello es necesario acercarnos al conocimiento que nos proporciona el estudio del Espiritismo, sobre la situación de un Espíritu que se inicia en una nueva existencia física y que está, amoldándose a su vehículo, a su materia, para entender cómo se relacionan con el Mundo Espiritual. Se irán produciendo cambios que propiciarán el acondicionamiento y la preparación para el cumplimiento de las necesidades de progreso del Espíritu, también tendrán lugar cambios a nivel del periespíritu y psíquicos para incorporar las nuevas facetas de la personalidad. El niño/joven tiene un potencial en capacidades y facultades, entre ellas puede estar en diferentes grados la mediumnidad, pero el tenerlas no significa que sepa manejarse con estas.  Algunas cuestiones ya están integradas en nuestro ser y se van desarrollando conforme crecemos, pero otras muchas necesitan de dirección y educación. 

Así ocurre con la mediumnidad, conocer los padres, los mecanismos que la rigen, las características de los procesos por los cuales se comunican ambos mundos, y poder entender, comprender y trasmitir a los hijos de manera adecuada, permitirá que se desarrollen en un ambiente óptimo para integrar, en el caso de la mediumnidad, esta facultad y el buen uso de ella. Aquí la pedagogía, en particular la espírita, adquiere un valor fundamental, no en vano el Codificador fue formado en tan noble ciencia.

La relación entre educación para la vida y mediumnidad en los adolescentes, queda claramente definida cuando pensamos en la necesidad del conocimiento para contribuir en su buen desarrollo como seres humanos. 

Manuel Philomeno de Miranda en Vivencia mediúmnica expresa: 

 Existe una relación muy estrecha entre la educación para la vida y la educación para la mediumnidad. Si la vida exige del ser disciplina y responsabilidad en el fluir de los gozos materiales, equilibrio y suavidad en el batallar de lo cercano además de fortaleza en las pruebas, la mediumnidad se enriquece de modo idéntico con esos logros.

¿Dónde encontrar la mejor vía educativa para ambos aspectos? Nos explica Herculano Pires en su libro, Mediumnidad, Vida y Comunicación que la mediumnidad se desarrolla como la inteligencia y las demás facultades humanas, en un proceso cíclico que obedece a “etapas sucesivas”. Juana de Ángelis nos esclarece aún más en Adolescencia y vida:

El amor, en su total amplitud, será siempre el gran educador, el que posee los mejores métodos para atender la búsqueda del joven, ofreciéndole los mecanismos seguros que facilitan el éxito en las empresas iniciadas, así como en las venideras.

¿Cómo reconocer la mediumnidad en el adolescente? La respuesta es compleja, Allan Kardec refleja en el item 62 de El Libro de los Médiumns. “No hay ningún indicio de la facultad medianímica; la experiencia sólo puede hacerla conocer.” Necesitamos observar, implicarnos y no escatimar en estudio.

Es muy común que los niños hasta los siete años más o menos registren presencias espirituales. Debido a la naturaleza material, el niño puede verificar lo que le rodea en el plano físico, pero también percibe de manera natural lo que se produce en el entorno invisible. Todo tiene su camino natural, ya advirtió Kardec que era peligroso sobreexcitar o provocar la mediumnidad en los niños, diferente es si la facultad se manifiesta espontáneamente, en cuyo caso, más adelante con el conocimiento del Espiritismo, todo ello podrá ser identificado y entendido. Si el adolescente llegó a esta etapa dando muestras de la facultad necesitamos centrarnos en prepararnos para ofrecer la ayuda necesaria. Es en la adolescencia cuando se inicia un segundo ciclo y la mediumnidad se manifiesta de modo más intenso. El joven puede referir percepciones que le alteran, confunden, que puede no saber identificar ni conducir correctamente. Desde pequeños, en la pubertad y ya en la adolescencia los chicos y chicas se ven actualmente afectados por una sobreinformación propia de la sociedad en que vivimos, esto, que ya es mucho, unido a que parte de estas criaturas presentan intensa sensibilidad y, por tanto, reciben más información aún, por sus visiones, percepciones, inspiraciones, hace que lleguen a vivir momentos en que se encuentran totalmente perdidas por no saber gestionar lo que les llega incontroladamente. De repente sienten tristeza, vacío, rabia, enfado, frustración. Estos jóvenes necesitan saber y familiarizarse con la vida espiritual que nos rodea y las influencias que pueden atraer con un comportamiento u otro. Padres y adultos de su entorno precisan saber lo que puede ser causa de estas influencias para volcar la ayuda en ellos, cooperando y favoreciendo las buenas relaciones del joven con el prójimo, tanto físicas como a nivel espiritual. Aprendiendo a diferenciar lo que procede de su íntimo y lo que proviene de otros Espíritus en circunstancias diversas.

Es conveniente que en la adolescencia se comience a estudiar para entender mejor, pero sin intentar desarrollar la práctica mediúmnica. En este periodo la mediumnidad necesita de una adecuada educación y correcta directriz para ser controlada y productiva. La correcta directriz está sin ninguna duda en la Codificación Espírita. Estas percepciones, experiencias, bien conducidas, llegarán a ser de gran provecho para el Espíritu.

La adolescencia es una etapa de capacitación intelectual donde se produce un intercambio psíquico con los desencarnados de manera más viable y fecunda, merece cuidados especiales que orienten al sensitivo hacia el ministerio del amor y de la iluminación de él mismo, así como de su prójimo y de la sociedad como un todo. Entre los dieciocho y los veinticinco años es muy importante que el joven estudie la Doctrina Espírita y la Mediumnidad más profundamente. En esta etapa, el médium ya puede dedicarse a la educación y a la práctica mediúmnica según su madurez y preparación, siempre dentro de un estudio serio y guiado por el Centro Espírita, buscando desarrollarse a la luz del Evangelio, en su aspecto moral, actuando así en su reforma íntima, porque, en esencia, de esto se trata. 

Es necesario transmitirles que al educar y desarrollar la mediumnidad nos colocamos en relación de influencia magnética, mental y moral, con entidades de los más variados tipos evolutivos. Desde pequeños debemos enseñar a nuestros hijos para que aprendan a diferenciar entre el bien y el mal. Que aprendan a confiar en Dios, que busquen la orientación en el conocimiento espírita, y el consuelo en la oración diaria.

Para acompañar el mejor desarrollo del adolescente en relación con la mediumnidad es importante que el adulto pase por el periodo de observación con tranquilidad, informándose bien y estando atentos sin juicios, ni dramatismos. Se debe considerar el fenómeno natural y buscar una directriz adecuada apoyándose en los consejos recibidos desde la Casa Espírita. Encaminándose, padres, tutores o responsables de su educación, hacia los estudios doctrinarios y facilitandole la incorporación a los estudios de la educación espírita infanto-juvenil. Recurrir a los pases en el Centro cuando hubiera necesidad. Instaurar o mantener la práctica del Evangelio en el hogar. Es fundamental que los padres se muestren abiertos para efectuar cambios en la conducta diaria, tanto en el hogar como fuera de él, estos jóvenes presentan una gran percepción a la que no es fácil ocultar los comportamientos, busquemos coherencia. Favorecer la lectura de buenos libros, películas y programas educativos, de lo contrario, si lo que ven no es adecuado puede desequilibrarles notablemente con serias repercusiones en su estado psíquico y emocional. Aconsejar sobre los peligros de ciertas prácticas, tratar los padres de informarse de aquellas que son más populares entre ellos y pueden ser perniciosas. Dar ejemplo a los hijos con un comportamiento mental pautado en las enseñanzas del Evangelio, mostrar siempre respeto y cariño mutuo entre y con los miembros de la familia. Crear un ambiente fraternal y vibratoriamente favorable que beneficiará a todos los espíritus, encarnados y desencarnados, que conviven en el núcleo. Recordar que estamos ante jóvenes con una gran sensibilidad. Acompañar siempre desde la dulzura que propone el Evangelio mas no descartando la vigilancia para velar por el buen desenvolvimiento de sus potenciales. Nos pueden parecer cosas obvias, pero no es tan fácil en el trascurrir de los días, se requiere perseverancia, comprensión y mucho amor.

Ante la mediumnidad en los jóvenes, ¡eduquemos! Recordemos siempre que tal como dijo León Denis: la Educación, fundada en una concepción exacta de la vida, cambiará la faz del mundo.

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