El binomio adolescencia y sexo es una de las cuestiones que más dificultades ofrece a padres y educadores a la hora de abordarlos con naturalidad, aún en los tiempos actuales en los que parece que algunos tabúes relacionados con el sexo y las relaciones interpersonales han caído definitivamente. 

A decir de León Denis en su obra, “El Gran Enigma”, la juventud se presenta como un periodo de intenso transbordo de energía, reflejándose esto en la llamada pubertad; momento de en el que se inicia la transición temporal del cuerpo infantil para el del joven o adolescente. (1)

Es este el momento señalado en el Libro de los Espíritus, concretamente en la pregunta 385, en el que después del nacimiento, periodo en el que se afianzan sus lazos fluidicos con el nuevo cuerpo, el Espíritu emerge con fuerza recuperando, más o menos inconscientemente, sus tendencias de vidas y experiencias que se pierden en el pasado.(2)

Por lo mismo, es esta una etapa extremadamente delicada y que el adolescente vive con profunda inseguridad, no sólo desde el punto de vista de los cambios corporales que habrá de afrontar, sino sobre todo en lo relativo a los valores educacionales, que la mayor de las veces entran en fricción, por no decir en absoluta confrontación con las tendencias que emergen del pasado. Todo ello redunda en la natural rebeldía que observamos contra todo lo establecido: los padres, la familia, la sociedad, etc.

En lo relativo al sexo, tema que nos ocupa, las cosas no son diferentes.

Es, como hemos señalado, el gran momento de transformación física. Ven cambiar su cuerpo al mismo tiempo que sienten despertar en ellos multitud de sensaciones que, hasta entonces, no habían sentido; todo ello decurrente de un tsunami de hormonas que se activan en esta etapa acompañando al natural desarrollo biológico.

Es la etapa en la que se despierta el interés por el propio cuerpo y por el del otro, es el momento de los primeros acercamientos, de los primeros enamoramientos.

Naturalmente es la etapa en que incuestionablemente se agolpan en su mente todo tipo de preguntas y curiosidades relativas al sexo y su función, a las relaciones sexuales y sus pormenores, y un largo etc. Es también la fase en que comenzarán a experimentar con sus propios cuerpos y en la que se descubre (no olvidemos que todos hemos pasado por esta etapa sin excepción) lo que conocemos como la identidad de género, que no es otra cosa que la percepción que tienen sobre su propio cuerpo, y que podrá coincidir o no con sus características sexuales, es decir el sexo psicológico o psíquico, que por fin determinará su orientación sexual.

Sin duda, es este un momento que los padres viven con mucha ansiedad porque desaparece el niño de ayer y toma protagonismo, muchas de las veces, una personalidad hasta entonces desconocida, diferente e incluso muy alejada del dulce pequeñín que hasta hacía bien poco acogíamos en nuestro regazo.

Muchos padres nos refieren, cuando sus hijos inician esta etapa, encontrarse ante verdaderos desconocidos que poco o nada tienen que ver con el hijo que hasta ese momento habían conocido.

Lo cierto es que padres y educadores debemos permanecer muy atentos en esta etapa del desarrollo de nuestros hijos.

En lo tocante a la sexualidad es imperioso que reciban de nosotros, y repito, de nosotros en primera persona, toda la información que demanden. Si bien es cierto que intentarán informarse por otros medios (casi siempre poco o nada recomendables) es nuestra responsabilidad enfrentar con determinación esta cuestión, tan transcendental para su bienestar físico, psíquico y espiritual, incluso acudiendo a profesionales que puedan darnos herramientas.

Si bien la educación sexual comienza desde el nacimiento, y por favor que nadie se asuste con esta apreciación, es prioritaria en la pubertad; el niño muestra curiosidad por su cuerpo en fases muy tempranas de su desarrollo.

Ocurre para la mayoría de nosotros que no es fácil, porque estamos llenos de prejuicios, de preconceptos, de miedos y de vergüenza que se agolpan cuando tenemos que sentarnos a hablar de sexo con nuestros hijos, tengan estos la edad que tengan. Para nuestra tranquilidad, esta es una cuestión de siempre y que se repite generación tras generación.

Nos dice Miguel Vives en su obra “El Tesoro de los Espíritas” que: “La mayor dificultad para la cuestión sexual está en el hogar, en la vida familiar. Los padres espíritas no saben, generalmente, como preparar a los hijos para la llamada «Revelación del sexo». El régimen del silencio continúa a imperar en nuestros hogares, creando mayores dificultades para la solución del problema.

La simple prohibición del asunto crea un clima de misterio en torno de la cuestión sexual, aumentando los motivos de desequilibrio para los adolescentes.” (3)

En estas palabras, escritas hace más de un siglo veos reflejados los mismos problemas que hasta hoy arrastramos en materia de sexualidad. Pues bien, es hora de que, como educadores a quienes se nos ha dado la misión de acoger, formar, educar a estos espíritus, que son nuestros hijos, nos pongamos manos a la obra con ello.

Tenemos una tarea de gran responsabilidad por delante, ya que el mundo, la sociedad cambian rápida y constantemente gracias a la globalización, el imperio de las nuevas tecnologías, los cambios en la manera de relacionarse de los jóvenes de hoy, la aparición de nuevas modas, costumbres y hábitos, etc., que se nos escapan por completo. No sucede lo mismo con las consecuencias que pueden derivarse de una mala educación en materia de sexo, que son siempre lamentablemente las mismas. Los desequilibrios decurrentes del sexo, así como las E.T.S , están más presentes que nunca en nuestra sociedad y se han incrementado alarmantemente en los últimos años, incluso reapareciendo algunas que prácticamente estaban erradicadas en Europa. Esto es debido, entre otras cosas, a la banalización del sexo y su función hasta límites que podrían considerarse perversos.

No importa más el respeto al cuerpo (templo sagrado del Espíritu inmortal y vehículo necesario para la evolución del mismo) al que se ven sometidos nuestros niños desde bien pequeños debido a este fenómeno de hipersexualización que vemos reflejado en las músicas que escuchan, en los video juegos, en las series de televisión, incluso infantiles, en los comportamientos de quienes habrían de servirles como modelos poseedores de valores trascendentales, etc.

Sino lo que es aún más grave: el ataque constante y sistemático a sus derechos fundamentales y a su dignidad, bombardeando su psique, aún en formación y desarrollo, con conceptos muy alejados de lo que han de ser las conductas equilibradas para una vivencia sana de la sexualidad.

No estamos intentando aquí presentar una visión puritana del sexo, nada más lejos de la realidad, pues es una función sagrada para ejercerla con absoluta libertad, pero con equilibrio, con armonía, con máximo respeto por uno mismo y por el otro, y, sobre todo dignificándola.

Hay en los jóvenes una gran necesidad de buena orientación sexual.

El sexo, para terminar, ha de ser encarado como una manifestación del poder creador. Tratándolo con el debido respeto y naturalidad, por ser un aspecto, no sólo de nuestra biología, sino sobre todo de nuestra psiquis. Será, de esta manera, una magnífica herramienta al servicio de la evolución del espíritu inmortal como fuente de vida, fuerza y equilibrio.

Los Centros Espíritas, como escuelas del alma, han de acompañar a padres y educadores proporcionando los medios para una educación integral del niño y del joven en este y otros aspectos, tratando estas cuestiones tan transcendentales de manera abierta, sana, sin preconceptos ni juicios de valor, a la luz de la Doctrina Espírita y el Evangelio de Jesús.


Bibliografía:

1- Denis, León. El Gran Enigma

2- Kardec, Allan. El libro de los Espíritus

3- Vives, Miguel. El Tesoro de los Espíritas

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