En la Introducción del Evangelio según el Espiritismo, encontramos unas palabras del Maestro de Lyon que nos indican el objeto principal de esta magnífica obra, y que vienen a señalar la importancia de este código Divino y la necesidad, para comprender su verdadera dimensión, de iluminar algunos puntos que no quedaron del todo claros, que aún permanecen oscuros.

Tenemos en nuestras manos un libro de obligado estudio para todos los espíritas y no espíritas, pues se trata de aquel que en palabras de los propios espíritus que sirvieron de guías para su elaboración, abre al Espiritismo la larga vía de sus aplicaciones útiles al bien de la sociedad. Se trata por tanto de una obra que precisa ser leída, estudiada, convenientemente meditada, pero sobre todo ejemplificada, vivida, para que pueda cumplir su objetivo transformador de los individuos y, por ende, de las sociedades, constituyéndose en un verdadero código de conducta y hoja de ruta para nuestra transformación moral.

En las Obras Póstumas, encontramos un capítulo titulado Imitación del Evangelio en el que la espiritualidad, a través de la mediumnidad del Sr. A., ofrece una comunicación fechada en Segur, el 9 de agosto de 1863.

En la nota inicial, Allan Kardec, esclarece que no había comunicado a nadie, ni siquiera a su editor el Sr. Didier, el título del libro sobre el que estaba trabajando y por el que se había retirado a Sainte Adresse buscando la serenidad necesaria. Ese libro no era otro que aquél cuyo título inicial fue Imitación del Evangelio y al que después, siguiendo los consejos del Sr. Didier y de algunas otras personas, según el propio Kardec nos revela, titularía El Evangelio según el Espiritismo.